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Estamos compuestos de Polaridades


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

La conciencia es un punto de vista, un foco y la posibilidad de una perspectiva relativista, que ensancha el horizonte del pensamiento y enseña a aquellos que están abiertos a los significados y símbolos presentes en todo lugar.
Esta vista (imagen) ofrece una buena comparación relativista acerca del tamaño de nuestra Tierra frente al gigante solar. ¿Qué sería de nosotros frente al “buen sol” si no estuviésemos alejados de él 150 millones de kilómetros? Un poco más cerca nos quemaríamos, más lejos nos congelaríamos…

Piensa bien… El sol no es solo BUENO ni solo MALO: el sol es impersonal como lo es el universo entero.
Somos los “hijos” resultantes del equilibrio (¡y de la armonía!) entre polaridades y tenemos que reconocer la buena suerte con que fuimos favorecidos.
¿Qué sería de nosotros si la Tierra no girase sobre sí misma? No tendríamos, por ejemplo, las estaciones del año con alternancias entre lo caliente y lo frío, entre lo húmedo y lo seco. Sin embargo, hay gente que se queja cuando llueve y se queja cuando no llueve, hay gente que se queja siempre de todo y de todos… Falta perspectiva al ego humano.
Hay tanto que decir y escribir e incluso meditar acerca de las polaridades y sus efectos en nosotros mismos. Mucho se hace en favor de Identificaciones Parciales del Ego con esta o aquella polaridad, como si ésta fuese nuestra tarea primordial, y una vez alcanzado tal objetivo estuviésemos cerca de una realización tangible y completa. Desgraciadamente en el universo las cosas no funcionan así en modo alguno, y somos los resultados o consecuencias de las fuerzas que actúan en el universo como un todo; por tanto, a nosotros incumbe entenderlo y comprenderlo, más que intentar alguna imposición o preferencia personal sobre él.

Ante todo, somos tipos psicológicos, somos modelos de funcionamiento, y el número y las cualidades implicadas en cada tipo son finitas y mensurables; de algún modo son cuantificables…
Pongamos algo como las cualidades CALIENTE Y FRÍO, por ejemplo. ¿Alguien duda de que existan en la naturaleza? Pues bien, eso puesto: dependiendo de nuestro año terrestre y en función de la inclinación del eje de la Tierra respecto del eje de la eclíptica, el sol parece serpentear en el cielo, al norte y al sur, a lo largo del año.
Cuando él se dirige al norte, nosotros en el hemisferio sur lo echamos de menos, pues días más cortos y noches más largas implican en menos calor solar y, por tanto en más frío aquí para nosotros. Viceversa, los habitantes del hemisferio norte encuentran en esas mismas épocas del año un incremento en los días y una mengua en las noches, cuyo resultado es algo como el verano, o sea, caliente y seco.
Bien, ¿qué tendrá eso que ver con nosotros?
Sufrimos nosotros (la especie humana) estos efectos todos los años y, ya antes del desarrollo de nuestra especie el ser vivo sufría estos efectos, incluso cuando todo no era más que una sopa de células vivas buscando sobrevivir y organizarse en sistemas de poca complejidad; incluso entonces estos factores universales (de nuestro universo local) nos acompañaban en todos los sentidos. No hay especie que no tenga prevista una adaptación al calor y al frío. Ni siquiera la nuestra. Entonces, si empezamos nuestra reflexión sobre estas cualidades simples como el CALIENTE y el FRÍO, podemos perfectamente contar que ellas estén manifestándose entre nosotros, aún hoy. Y no solo fuera de nosotros, en el clima y en el mundo, sino dentro de nosotros, en nuestra composición intrínseca y en nuestro funcionamiento consciente/inconsciente.

¿Podemos pensar en términos de personas Calientes y personas Frías? Claro…
Pero ¿cuáles serían sus expresiones características en la vida práctica – identificables y notables – que servirían para destaque de las idiosincrasias y costumbres típicas de un grupo y de su oponente natural?
Sí, existe entre estas cualidades una natural oposición, con todos los grados de intensidad posibles e imaginables entre ellas. Es casi teórico imaginar un tipo únicamente Caliente, así como su oponente natural, un Frío típico, irreprensiblemente Frío.
¿Qué prácticas y áreas de nuestra vida toman la connotación de lo Caliente y de lo Frío? Bien, todas, sin excepción alguna. Ellas tienen que existir para que cada cual pueda tener algún punto de vista al respecto y crear, entonces, una identificación con alguna de ellas.

Somos tendenciosos y acabamos tomando partido por uno de los lados en detrimento del otro.
Entonces, estar cerca de la chimenea en invierno, reunidos en torno al fuego (alimentación) es el propio símbolo de la familia reunida y segura. Tener calefacción en casa, o al menos, protección contra el frío que viene de fuera crea una frontera delimitadora de lo que es seguro y confortable y de lo que es hostil y nocivo, y claro, cualquiera puede percibir esto.
Nadie en su sano juicio, pensando así, va a preferir el frío al calor.
Somos seres calientes y luchamos toda nuestra vida por mantener nuestra temperatura estable, y esto es tan esencial al cuerpo que una variación pequeña en estos parámetros nos coloca en franca aproximación al frío total, que es, desde este punto de vista, la propia muerte. Pero ¿quién, hoy día, teme a la muerte en un día frío? Bueno, yo vivo en una zona tropical, 23º Sur, por tanto no conozco estos extremos ni tengo práctica en ellos, pero cualquier persona, grupo o tribu que viva en latitudes altas, norte o sur, sabe muy bien que la muerte está siempre cerca. Y ahora, en especial, Europa está enterrada en nieve por todas partes.
Naturalmente, los instintos propios para este hecho tan simple están activándose todo el tiempo.
Esto está alojado en nuestro plano instintivo básico.
Del mismo modo, la constante exposición de una población al clima caliente o frío se traduce en características como la de nuestro pueblo, que es jaranero y extrovertido (caliente) y la de los pueblos nórdicos de clima frío, que muestran tendencia a ser introvertidos e introspectivos.

¿Cómo sería una descripción del tipo Caliente y del tipo Frío? Sintetizando, se pueden describir así:

Caliente = Frío
Movimiento = inactividad
Expansivo, extrovertido, centrífugo = introvertido, centrípeto
Activo = pasivo
Valiente = retraído
Optimista = temeroso
Aventurero = seguridad ante todo
Independientemente de las cualidades aquí implicadas, se puede considerar que hay una frontera delimitadora entre una y otra polaridad y que podemos, cada cual, identificarnos con una o con otra de las cualidades propuestas; no obstante, la otra nunca está ausente, únicamente no predomina o no es dominante.
Algunos incluso se aproximarán al caliente típico, aquel que siempre toma la iniciativa, siempre piensa y obra “adelante y arriba”, que es heroico y sigue el modelo intrépido de la propuesta moderna para el Mito del Héroe.
Viceversa, hoy tan pasado de moda, tenemos el tímido, el analítico que no actúa sin antes garantizar su seguridad y evaluar previamente cada paso, pudiendo fácilmente ser llamado temeroso.
Es incluso posible recordar, en este momento, el ejemplo del “caliente y arriano ejército alemán” (los hijos del fuego), lleno de ímpetu y fuerza avanzando sobre una Rusia retraída e inhibida, cuyo ejército reculaba sin dejar tras de sí ni siquiera una maderita a los alemanes que poder quemar y, al final, todos sabemos que el resultado fue positivo y vencedor para aquel general que supo retraerse, retirándose, conservando sus pocas fuerzas hasta la llegada de su aliado mayor: el invierno (el frío). Ese ejemplo ilustra bien lo ocurrido con el frente oriental del ejército nazi: perdió la guerra…
Pues bien, con nosotros ocurre algo idéntico, pues cualquier desequilibrio nuestro, especialmente en un momento o época equivocada puede significar derrota y sufrimiento; por tanto, tenemos todos que ser capaces de migrar de una polaridad a otra, dependiendo del caso, pues la identificación parcial y radical con UNA de las polaridades puede amenazar al todo, siempre. En el ejemplo mencionado, el “invencible, el que siempre tenía razón, el activo, intrépido, ofensivo y vencedor comando alemán pagó por sus, digamos, errores básicos y por su falta de respeto a las más simples leyes de la naturaleza…
Continuemos nuestra reflexión en ámbito menos colectivo y grandioso:
Si lo Caliente está asociado a lo diurno, podemos imaginar a alguien que solo exista para el día, para la actividad, la acción y la producción y que, así dividido en su naturaleza instintiva mal construida, acaba teniendo serios trastornos del sueño (reposo, inactividad, manutención), sufriendo mucho el fin de semana, en el cual no tiene un papel activo que ejercer, y casi estallando de estrés cuando le toca estar en medio de un atasco, sin poder hacer nada…
No en vano hoy día la mayor parte de los esparcimientos de fin de semana presuponen carreras, retos y competición, esto, claro, para una parcela considerable de las personas económicamente activas…
La otra parte de la población descansa, pinta, canta, cocina, mira películas y ve la televisión, va al teatro o a espectáculos, y está pasiva o inerte la mayor parte del tiempo, llamando a esto “merecido descanso”. Nada es por casualidad, nunca…
Todos conocemos a los que se sienten a disgusto cuando son obligados a un “paro total” mientras que hay otros que se sienten incómodos cuando están expuestos a una actividad incesante. Hay amantes de la actividad (calientes) y amantes de la inactividad (fríos).
Y… los opuestos ¿se atraen? Claro que sí, incluso se complementan el uno al otro y se vuelven inseparables. No por casualidad encontramos personas especializadas en uno de los opuestos rodeadas de personas identificadas con su contrario:
Muchas parejas y relaciones de todo tipo están construidas con base en tales confrontaciones de opuestos.
El controlador y el caótico, el ordenado y el desordenado, el analista frío y el rebelde/revolucionario.
Tenemos el que asegura y el que, entre comillas: destruye, deshace o diluye. Tenemos el conformado y el insurrecto…
Existen los agentes del mantenimiento y de la seguridad y existen los agentes de la revolución y de la transformación. Existe el hábito y existe el cambio.
Existe lo conocido y familiar y existe lo desconocido y “extraño (amenazador)”.

Para el Universo, todos tienen la misma importancia, el mismo valor, todos contribuyen para el equilibrio de todo y de todos; en cambio, para nosotros los humanos, existen los buenos y los malos, los que están en lo cierto y los que se equivocan, lo que está de moda y lo que no está de moda, existe lo hermoso y lo feo, lo aceptable y lo inaceptable. Podemos identificarnos con cada una de estas características, y ejercer con esto una elección adecuada a nuestra naturaleza, pero sin obligatoriamente perder la posibilidad y la oportunidad del cambio y de la alternancia, pues si la perdemos, perdemos la “fluencia” y entonces nos queda la rigidez y la estabilidad de una sola y única condición para nuestro funcionamiento. La Neurociencia del cerebro, modernamente, está contribuyendo con descubrimientos importantes al respecto.
Naturalmente, en todas aquellas situaciones en las cuales actuar por la polaridad opuesta a aquella con que estamos identificados sería la cosa más inteligente que se podría hacer, acabamos sufriendo derrotas y experimentamos una sufrida desadaptación al mundo. Por lo regular, afectando negativamente a nuestra autoestima.
Lo mismo se puede decir en cuanto a otras “cualidades básicas” como lo Seco y lo Húmedo, únicamente como ejemplo de cualidades típicas de todos nosotros. Este otro esencial y básico par de opuestos será objeto de otra reflexión mía a publicar aquí muy pronto, formando un cuarteto estructural.
Y adrede me atengo solo a las más sencillas…


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luis
Luís Vasconcellos é Psicólogo e atende
em seu consultório em São Paulo.




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