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Ester, la víctima



Autor Wilson Francisco
wilson153@gmail.com

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

"Ester cursaba el Bachillerato en Letras en un excelente Colegio, donde se preparaba para la Facultad de Filosofía.
A las 21:30h su padre el señor Coronel Santamaría avisó de que su hija ya venía a la sala inmensa, preparada para el desfile personal de la joven, mientras un grupo de violinistas, colocados en escenario improvisado, daba inicio a la recepción.
Vestida con delicado traje largo, de tul y muselina franceses, vaporosos, como si fuese un hada mitológica salida de algún rincón paradisíaco, apareció la debutante.

Los padres exultaban con esa felicidad que todos perseguimos, mientras estamos en la Tierra.
A continuación, el padre tomó a la hija del brazo y bailó el primer vals.
Él evocaba mentalmente la juventud, los sueños, las ambiciones de militar honrado y dedicado, el primer amor, el matrimonio, la guerra en que había tomado parte – sí, la guerra le vino a la memoria, recuerdo que procuró expulsar – la realidad, la vida…
Ella, en la primavera de los días, sentía la vida vibrar y soñaba con que aquel instante se perpetuase por todo el siempre.
Otras parejas se les unieron y la fiesta tomó cuerpo entre júbilo y ríos de coñac, licores finos, bebidas y aperitivos variados.
En ese instante, el señor Coronel invitó a la hija a tocar un solo al piano, como homenaje a los invitados.
-¡Bravo! - exclamaron todos.

La joven Ester se sentó y, tomada por la tranquilidad de la seguridad personal, empezó a puntear suave melodía de Brahms, delicada música de cámara, envolvente y estremecedora.
El teclado sumiso hacía que el poema de los sonidos cantase festivo, dominando las atenciones.
La pareja de anfitriones no cabía en sí de felicidad, de indecible júbilo. El semblante abierto, en sonrisa tranquila, parecía ofrecer exceso de placer.
A aquella hora, suave brisa del mar venía a reducir el calor, hasta entonces desagradable.
De pronto, todo cambió.
Fue un impacto, como golpe inusitado, aplicado a la mejilla de todos.

Ester se perturbó momentáneamente, el cuerpo delicado pareció doblarse bajo inesperado choque eléctrico.
Ella se volvió, de pronto, y fijó los ojos muy abiertos, casi fuera de las órbitas, en su padre. Estaba desfigurada: palidez marmórea le cubría el semblante. En la frente maquillada y por todo el rostro, el sudor empezó a brotar abundante.
Se levantó, tambaleándose, se hizo rígida. ¡Su apariencia era de loca!
Las personas, tomadas por la sorpresa, se sintieron abrumadas, inermes. La adolescente avanzó en dirección al padre perplejo, se acercó a él, haciendo crujir en su rostro una ruidosa bofetada.
Él se irguió, congestionado, al tiempo que la hija lo agredía por segunda vez.
Se armó tremendo escándalo. Algunas damas más sensibles se pusieron a chillar, y el señor Coronel devolvió el golpe automáticamente, sorprendiéndose a sí mismo ante gesto tan desafortunado.
La niña, alucinada, se puso a gritar, y fue conducida a la fuerza a la habitación.
Un médico presente se dispuso a atenderla. Se tomaron las primeras providencias, y se le aplicó un sedante inyectable de casi nulo efecto inmediato.
Agitada, Ester blasfemaba, atacando moralmente al padre, con expresiones lamentables. Los epítetos infamantes se escurrían de sus labios, insultantes, inconexos.

La presencia del padre más la exaltaba, como si estuviese acometida de locura total, en la cual se ponía de manifiesto un rencor acentuado, de curso prolongado, retenido con esfuerzo durante mucho tiempo y que estallaba voluptuoso, aterrador.
La extraña agresión sorprendió, convirtiendo en tragedia los festivos júbilos de la noche sibarita.”
En el libro Grilhões Partidos, el autor Manoel Philomeno Miranda describe con detalles ese episodio. Un proceso obsesivo inusitado e impactante. ¡Una venganza realizada con éxito! Son las sorpresas de la Vida, que nos convocan a todos a meditaciones e inevitables búsquedas espirituales.
Ester, la hija ¿es víctima e inocente? Y el padre ¿contabilizó ese débito en la guerra, recordada?
Philomeno informa que en el proceso obsesivo común hay una acción persistente del obsesor, que anestesia los centros de discernimiento del obsedido.
Obsérvese que esa acción va poco a poco quitando a la persona la capacidad de elegir y decidir. Hay una mezcla entre la “personalidad intrusa”, el obsesor y la personalidad del obsedido.
Por otra parte, la historia narrada muestra un ataque maligno, como si el verdugo estuviese buscando a la víctima para vengarse. Y aprovecha un momento de emociones y alegrías para atacar.
En los casos más sencillos, yo indico siempre que busques con autoridad y amor “llamar” el Alma del obsedido. Algo así: ¡YO QUIERO HABLAR CONTIGO, HIJO MÍO, A QUIEN AMO!

Esa actitud puede romper los grilletes de la obsesión y traer al Ser Espiritual, tu hijo, a su dominio, permitiéndole tener el control sobre su propia personalidad, restaurándole el discernimiento propio.
Esa interferencia ¿cierra el proceso obsesivo? Es posible. Yo sigo a Jesús, que dice: ¡EL AMOR CUBRE MULTITUD DE PECADOS!
Si el éxito no fuese completo, habrás deshecho el control durante un tiempo, suavizando el acoso o sus efectos.
Kardec dice que el efecto de una acción fluídica puede ser pleno e instantáneo o bien exigir varias repeticiones del proceso.
Ester, por el contrario, es dominada y acaba imantándose al agresor a través de una sintonía psíquica profunda.
La “víctima”, siempre conserva en su íntimo las matrices de culpa. Esas matrices constituyen verdaderos enchufes que posibilitan acoplamiento perfecto.
Respecto de estas matrices, es interesante señalar, según nos orienta el autor del libro, lo siguiente:

“Cuando el Espíritu es encaminado a la reencarnación, trae, en forma de matrices vigorosas en su periespíritu, lo que necesita para la evolución.
La persona renace con posibilidades de decidir qué rumbo va a elegir. Dios te otorga amnistía con el olvido del pasado.
Si encaminas tus pasos al Bien, desarticulas los condicionamientos y restableces la armonía en los centros psicosomáticos.
Estos chakras entonces pasan a generar nuevas vibraciones, que se fijan en el cuerpo físico”.
En este caso, la persona está realizando un alineamiento, una limpieza interior y saliendo del proceso de expiación. Deshace matrices predisponentes al Mal…
Hay que destacar siempre que “El esfuerzo de renovación interior recompone los paisajes celulares”. Y este recurso es inherente, pertenece a todo Espíritu, pues:

Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y podemos hacer todo lo que Jesús realizó y mucho más, según dijo el Maestro galileo.
Hay casos en que la persona no consigue esta conquista y permanece con ideas fijas de remordimiento, de culpa o de miedo.
O “Los recursos energéticos traídos para la reencarnación no fueron renovados o fueron gastados con exageración.
Estallan las reservas, predisponiendo a la persona a dolencias, crisis y desequilibrios”.
Aparte de no transformarse, la persona además ofrece, a sus adversarios o a seres dedicados al Mal, la posibilidad de actuar en su Universo psíquico, dominando su voluntad y haciéndole sufrir.
Hay casos graves en que la acción es tan intensa y prolongada que produce dilaceraciones en los tejidos sutiles del periespíritu. Eso requerirá del grupo de apoyo acciones más amplias.
Es interesante observar en el libro que “la nobleza y el coraje de una enfermera que auxiliaba en el tratamiento del obsedido fue esencial para que los malos fluidos que obliteraban el discernimiento del director de la clínica pudiesen ser desenmarañados, ayudándole a librarse de un dominio que provocaría en él una determinada decisión que perjudicaría al enfermo”.
Bezerra de Menezes fue visto al coordinar una acción espiritual en favor de un obsedido:
“Su tórax se conviertía en un Sol y se liberaban energías que producían 'choques' en los Espíritus livianos, 'despertándolos' y 'expulsándolos' del recinto y modificando el paisaje fluídico”.
Un médium ¿puede tener esa condición especial? ¡Sí! Tú que estás ante un paciente puedes:

1- Mentalizar a su lado un Espíritu de Luz;
2- Puedes activar tu propio chakra cardíaco transformándolo en un Sol e irradiar tu luz propia, como hizo el Médico de los Pobres.
3- ¿Recursos? Valor, Compasión, Voluntad.
La recomendación del Evangelio según el Espiritismo para que la persona se libre de un proceso obsesivo es:
“Con tu buen proceder, quitas al agresor todo pretexto de represalia”.
Al grupo de apoyo compete seguir en la tarea, pues deberá continuar actuando:
- junto al Espíritu agente del proceso;
- y junto a la persona afectada.
Dice Allan Kardec en el Libro de los Médiums:

La asistencia a un obsedido “es una conversión a emprender”. Y el éxito se dará a partir de un trabajo de paciencia, compasión y energía, señalando caminos y sugiriendo decisiones a esa persona.
Porque a partir de esos procedimientos, ambos, el paciente y el obsesor, estarán listos para redimirse. Y seguir una nueva jornada.
¿Qué recomendar al paciente tras el proceso?
Jesús diría: ¡ORAD Y VIGILAD PARA NO CAER EN TENTACIÓN!



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