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¿Hasta qué punto la dependencia es un estorbo?


Traducción de Teresa - [email protected]

La dependencia emocional es uno de los aspectos que fácilmente identificamos en los demás, pero raramente en nosotros mismos. Cuando alguien nos cuenta sobre su relación afectiva, inmediatamente percibimos la dependencia de uno de los miembros de la pareja, o incluso de ambos. Pero ¿será cierto que somos dependientes y no nos damos cuenta?

No siempre una persona dependiente necesita del otro para todo. Muchas veces es capaz de tener independencia económica, pero es en la parte emocional donde encuentra mayor dificultad para cuidar de sí misma.

Por lo regular, una persona dependiente tiene como características principales poca confianza en sí misma y baja autoestima, y su foco está puesto en ser cuidada y protegida, siempre dependiendo de la aprobación, reconocimiento y aceptación del otro, por no tener consciencia de su valor personal. Considera que necesita del otro más que de sí misma.

El deseo inconsciente de que alguien cuide de nosotros puede sujetarnos a varias formas de dependencia psíquica. Ser dependiente es como pedir, o muchas veces, implorar: cuida de mí, pues yo no soy capaz, en todos los sentidos. Difícilmente una relación verdadera y auténtica soporta esto durante mucho tiempo, pues cualquier relación ha de estar basada en intercambios equivalentes y supone personas enteras; y como la persona dependiente no consigue tener esa percepción de sí misma, acaba por originar muchos conflictos.

La dependencia emocional puede causar muchos problemas en las relaciones. Es un signo de mucha carencia y, sobre todo, de la necesidad de amor, principalmente el amor hacia sí mismo. La dependencia forma parte del ser humano. La dependencia emocional puede causar mucho sufrimiento y puede llevar a otras dependencias, como drogas, alcohol, tabaco, sexo u otras formas de compulsión, pues el dependiente emocional está siempre en busca de que algo o alguien llenen su vacío.

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, la dependencia está catalogada como Trastorno de la Personalidad Dependiente, una necesidad excesiva que lleva a un comportamiento sumiso y adicto, y al temor a la separación. Los comportamientos dependientes y sumisos tienen por objeto obtener atención y cuidados y surgen de una percepción de sí mismo como incapaz de actuar adecuadamente sin el auxilio de otras personas. Empleamos el término dependencia cuando una persona recurre continuamente a alguien para ser ayudada, guiada, sostenida en la satisfacción de las propias necesidades y no en el deseo saludable de querer que el otro esté a su lado.

Para que esté considerado como trastorno es preciso identificar al menos cinco de los siguientes criterios:

- dificultad en tomar decisiones del día a día sin pedir los consejos de otras personas,

- necesidad de que otros asuman la responsabilidad por las principales áreas de su vida;

- dificultad en discordar, por temor a perder apoyo o aprobación;

- dificultad en iniciar proyectos o en hacer algo por sí mismo, a causa de la falta de confianza en la propia capacidad y no por falta de energía o motivación;

- llega a extremos para obtener cariño y apoyo, hasta el punto de ofrecerse para hacer cosas desagradables;

- siente malestar o desamparo estando solo, por sentirse incapaz de cuidar de sí mismo;

- busca con urgencia una nueva relación como fuente de cariño y amparo, cuando rompe una relación íntima;

- miedo exagerado a ser abandonado.

La dependencia emocional muestra a una persona frágil, débil y carente, que puede ser fuente de muchos desequilibrios en cualquier tipo de relación. La dependencia emocional es más evidente en la relación afectiva de pareja, pero también podemos encontrarla entre padres e hijos, o entre amigos. Es tan seria la cuestión que una persona dependiente puede hacer sacrificios extraordinarios o tolerar abuso verbal, físico e incluso sexual, para evitar ser abandonada.

Los padres, abuelos, profesores, tienen un papel importante en la formación y educación de todos nosotros; niños que se han sentido abandonados, rechazados, no amados, tienden mucho más a depender del amor de otra persona, y lo viven como condición de sobrevivencia.

Padres súper-protectores pueden criar hijos que de adultos serán dependientes. Quienes nunca han necesitado hacer nada por sí mismos, encontrándolo todo hecho por unos padres que querían por encima de todo suplir todas sus necesidades, ciertamente encontrarán mucha dificultad en hacerse independientes. Padres que demuestran amor y confianza en aquello que el niño hace, ciertamente harán que sea de adulto mucho más seguro de su valor y mucho menos dependiente de la aprobación y amor de otros. Incluso los adultos deseamos ser protegidos por alguien, no en el sentido material, sino principalmente en el sentido de apoyo emocional. Muchos consideran que, a cualquier momento, en cualquier situación extrema, podrán contar con el socorro de alguien más sabio y más fuerte, el eterno salvador, capaz de impedir sus fracasos. Desear protección es muy diferente a una dependencia enfermiza, que hace a la persona mantenerse en una relación aunque ésta sea destructiva y le haga sufrir y llorar.

El primer paso para disminuir la dependencia es tener consciencia del propio comportamiento, conocerse. Para lograr llevar a cabo un proceso de auto-conocimiento y así tener la percepción del propio valor, muchas veces es preciso recurrir a la psicoterapia con un profesional de confianza. Para abandonar la dependencia es necesario identificar en qué áreas de tu vida se hace presente y de qué forma está comprometiendo y causando conflictos en tus relaciones. Lo importante es cuestionarse siempre, analizando cuando la dependencia se convierte en algo negativo, que ciega e impide crecer interiormente, convirtiendo la existencia en vicio de la presencia del otro. ¡Apruébate más, ámate mucho más y depende especialmente de ti!


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Rosemeire Zago é psicóloga clínica CRP 06/36.933-0, com abordagem junguiana e especialização em Psicossomática. Estudiosa de Alice Miller e Jung, aprofundou-se no ensaio: `A Psicologia do Arquétipo da Criança Interior´ - 1940.
A base de seu trabalho no atendimento individual de adultos é o resgate da autoestima e amor-próprio, com experiência no processo de reencontrar e cuidar da criança que foi vítima de abuso físico, psicológico e/ou sexual, e ainda hoje contamina a vida do adulto com suas dores.
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