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Hechos extraños de la Obsesión


por Wilson Francisco – wilson153@gmail.com
Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Amélia Maria Francisco dejó el cuerpo el día 25 de octubre, en la ciudad de Paranaiba, MS. Soy su hijo más joven y poco he visto de los acontecimientos que voy a relatar; he sabido de ellos por mi padre y parientes. Mis padres eran católicos de fe, mi madre rezaba rosarios y bendecía un poco; hemos nacido en un pequeño lugar de nombre un tanto pintoresco: Córrego do Sovaco, en la ciudad de Pirangi, interior de Sao Paulo.

Un día, mi madre tuvo una crisis obsesiva, al decir de algunos, demoníaca. Se rasgaba toda y se ponía violenta. Mi padre la llevó al médico, mi abuelo fue al obispo de la región y éste, sin poder resolverlo, dijo que en la Iglesia no había solución. Que buscasen otros medios, sin mencionar cuáles serían éstos. El tiempo pasó y las crisis empeoraron. Los ataques que sufría mi madre se reproducían también en los cerdos. Era frecuente que mi padre encontrase a un cerdo corriendo como un loco por el huerto, en crisis infernal. Tras el ataque, caía muerto. Él lo enterraba y más tarde el animal aparecía en torno a la casa, con los lomos llenos de tierra, en busca de la cochiquera, donde iba a alimentarse. En el gallinero, las crisis acometían a un pollo joven, y éste, bajo la acción de ese poder extraño, cantaba como un gallo y tenía comportamientos insólitos...

El proceso obsesivo era tan intenso que se volvía cómico. Un día, mi madre, poseída, se metió en un rollo de alambre de espino y bajó por el frente de la casa, yendo a parar junto a la carretera, sin sufrir un solo arañazo. Un pariente, contemplando la escena por la ventana, soltó una carcajada. De la “nada”, pues nadie estaba a su lado, llevó un violento sopapo en la cara que le dejó en ella durante horas las marcas de algunos dedos y un dolor intenso.

Durante años mi padre no tuvo sosiego; dormía encerrado con mi madre, receloso de que ella matase a los hijos o cometiese algún desatino. Los muebles de la casa habían sido cambiados muchas veces, porque durante los ataques ella todo lo rasgaba y rompía.

Mi padre lo intentó todo, hasta que encontró una pareja que decía hacer “trabajos” con pólvora. Sobre eso nada conocía y tenía recelos, pero como no encontraba otra salida, decidió aceptar la ayuda de aquellas personas. Concertaron una cita y el hombre colocó un vaso con agua, en el cual mostró a mi padre la persona que había mandado hacer el “encantamiento”. Él nunca reveló su nombre a nadie, hasta dejar el cuerpo. Durante la sesión, el hombre fue hasta la habitación y con un cuchillo cortó el colchón; mientras lo rasgaba, se oían gritos extraños, gruñidos, como si alguien tuviese su cuerpo cortado al medio. Terminado el “trabajo”, recomendó que mi padre llevase a mi madre a un Centro Espírita, y que allí desarrollase su mediumnidad.

Y así ocurrió, ella se puso bien, se hizo médium vidente y trabajó prácticamente toda su vida, siempre asistida por un Espíritu muy bueno, el Padre Víctor, que en la vida física había vivido en la ciudad de Três Pontas en Minas Gerais. En esa ciudad incluso habían puesto la escultura de un busto suyo, “in memoriam”, por sus acciones de caridad en pro del pueblo de aquella región.

Otro acontecimiento en que se vio envuelta mi madre ocurrió cuando a mi hermano, que tenía unos siete años, le apareció una mancha en el abdomen; la piel era transparente, dejando entrever las vísceras. El médico no sabía decir la causa de aquello. En aquel entonces, mi hermana Alzira, de cinco años, estaba sana. Un día, mi madre soñó que San Benito, que se decía padrino de mi hermano, llegaba a un acuerdo con Nuestra Señora de Aparecida, que se decía madrina de Alzira. Y de ese trato entre los dos, mi madre oyó que Nuestra Señora se llevaría a Alzira y dejaría curado a mi hermano. Mi madre se despertó deshecha en llantos; mi padre se quedó intrigado, pero creyó que se trataría apenas de un sueño de una madre preocupada por la salud de su hijo.

Sin embargo, cinco días después de tal sueño, una tarde, mi madre escuchó algunos ruidos extraños en la habitación; fue hasta allí y vio a mi hermana rompiendo las muñecas y los juguetes. Se quedó parada, sin saber qué hacer. Alzira se acostó en la cama y se quedó quieta. Mi madre tocó su cuerpo; estaba muerta.

Bueno, narro estos acontecimientos, en primer lugar como un homenaje a mis padres por todo cuanto hicieron en esta vida, siempre pautada con mucha fe.
En cuanto a los acontecimientos, los traigo para una reflexión. Sobre la obsesión, que hoy en día no es tan evidente y dramática como era antiguamente. Me parece que ahora ella surge de forma diferente. En mi madre la posesión era evidente, afectando incluso a los animales y agrediendo a personas, sin afectar, no obstante, a la médium, en el caso mi madre. Era de veras como si esa “fuerza extraña” estuviese dejando un mensaje, aunque con truculencia, pero era un camino que indicaba, porque tan pronto se le apoyó y el camino fue recorrido (que ella trabajase como médium), la paz se instaló en nuestra casa.

Se puede preguntar: y el tal “encantamiento” ¿qué pasa con eso? ¿Puede una persona desear mal a otra? Sí, puede. Es de la ley divina la libertad de acción; cada cual hace lo que le parece en la Tierra, pero también es responsable por cualquier actitud o pensamiento que irradie, y puede sufrir las consecuencias de cualquier desatino.
En este caso, alguien había deseado el mal y éste sucedió. Mi madre tenía ese compromiso asumido antes de renacer. Era católica practicante, pero los Espíritus que tenían la incumbencia de realizar la tarea a su lado, necesitaban que ella desarrollase otras habilidades para desempeñar su real papel en esa vida. En cierto punto de la vida, mi madre debe haber tenido alguna actitud que la dejó desprotegida y la envidia o incluso la maldad, de un pariente (el que se pudo ver en el vaso) se inmiscuyó en su vida y con eso se desarrolló el proceso. Ella se convirtió en una casa de puertas abiertas, un vehículo desgobernado, que acabó siendo dominado por fuerzas extrañas. Ahí está en pocas palabras lo que yo entiendo de esos acontecimientos, dando crédito al proverbio popular que dice: hay males que vienen para el Bien.Queda en abierto aún la cuestión de que el Espíritu actuase violentamente contra un pariente, en el caso del sopapo, y el hecho de que todos esos sucesos no hubiesen afectado a mi madre físicamente. Eso se puede entender como una protección desarrollada por ellos mismos. Es corriente ver en trabajos de ‘terreiro’ que el médium toma aguardiente o fuma un puro y eso no le causa ningún malestar. La acción la realiza el Espíritu, y no la persona que está bajo su dominio; y ella misma, o sus Mentores o Guías organizan una malla electromagnética que protege al médium. Esta misma malla es la que los Espíritus socorristas utilizan para evitar que las personas, durante los accidentes, sufran los dolores de las quemaduras, como ha sido el caso del avión que hizo explosión en Sao Paulo, llegando la temperatura a los 1000 grados. Los Espíritus que dejaron el cuerpo en aquel accidente nada sintieron en su cuerpo, habiendo sido retirados con anterioridad, y protegidos por tal malla.

La mediumnidad tiene misterios y está en fase evolutiva. Hoy, la persona se implica en ese proceso sin tantos incidentes, y tampoco el cobro de compromisos se hace de manera tan violenta. Pero todavía es necesario que procuremos reflexionar e investigar lo que se da en nuestra vida, con objeto de comprender si lo que está ocurriendo se debe a actitudes equivocadas o bien algo o alguien procura llamarnos la atención hacia compromisos olvidados. Un buen camino es escuchar nuestro corazón y conversar con el Universo. Si esto no fuese lo suficiente, hay que buscar el auxilio de terceros; un cura, un pastor, un médium o un terapeuta pueden darte informaciones. Pero evita dejarlo para mañana, podría ser tarde. Piensa en ello.


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