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Insensibilidad

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 30/03/2013 17:58:23


por Teresa Cristina Pascotto - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Cuanto más trabajamos los contenidos profundos de nuestro inconsciente y de nuestros sentimientos y emociones, haciéndonos conscientes de la realidad oculta en nosotros, más liberamos las cargas energéticas de esos contenidos. Toda esa carga nos hacía sentir emociones fuertes y desequilibradas y eso nos daba la falsa sensación de estar “vivos”. En realidad, todo es controlado por el ego, que utiliza nuestras emociones y nos permite sentir sólo aquello que a él le es conveniente, cuando necesita desequilibrarnos y ponernos en interdicción para mantenerse en el poder. Sin embargo, al trabajarnos a esa profundidad y responsabilidad, vamos librándonos de las fuerzas pasionales, de las emociones más viscerales y de los impulsos más primitivos; y esto nos hace más fuertes y equilibrados frente a los acontecimientos dolorosos y complicados de la vida.

Antes teníamos hipersensibilidad a cualquier dolor, sufríamos por nosotros y por los demás, nos implicábamos demasiado en nuestras cuestiones emocionales más dolorosas. Ahora, con la capacidad de comprender la vida y de aceptar mejor las condiciones que ella nos impone, no nos sensibilizamos tanto con los acontecimientos dolorosos, sentimos algo totalmente diferente de todo aquello que sentíamos antes, una sensación de indiferencia, y eso es bueno; pero al ego esto le parece demasiado extraño, y piensa que nos está pasando algo “equivocado”, que estamos muy fríos, pues considera que hemos de sentir dolor, desesperación y sufrimiento.

Si nos distanciamos de la mente y elevamos nuestra conciencia, percibiremos nítidamente que esa insensibilidad se verifica únicamente en el plano de la mente y esto es extremadamente necesario y saludable, pues nunca sentimos nada de verdad, porque lo que creíamos sentir antes no eran más que impulsos instintivos y fuerzas emocionales desequilibradas, todo controlado por el ego.

Cuando dejamos de ser tan pasionales, emotivos e impulsivos, ya no nos reconocemos en esa nueva condición y todo está muy extraño dentro de nosotros.

Afirmo que todo está perfectamente, que esto es lo mejor que nos ha podido pasar. Este vaciamiento de impulsos más primitivos es todo cuanto nos hace falta para empezar un proceso de desintoxicación y descontaminación de las energías negativas de las fuerzas emocionales desequilibradas. Este proceso nos lleva un verdadero vaciamiento y experimentamos la sensación de insensibilidad profunda. Nos ponemos incluso un poco apáticos y desanimados, ciertamente vacíos.

Mientras en nosotros haya toxinas de las energías emocionales más viscerales, aún estaremos muy susceptibles al retorno a las viejas pautas, por eso es necesario que aceptemos la apatía, empleándola como un recurso para no caer en las “trampas emocionales” que el ego habrá de prepararnos para capturarnos de vuelta al estado anterior, en el cual él tiene más poder sobre nosotros; cuanto más pasionales e impulsivos somos, más nos domina el ego. La apatía nos deja sin “deseos” y esto es bueno, pues si continuamos teniendo las viejas apetencias, que eran únicamente los deseos del ego, continuaremos sufriendo para tratar de realizar esas apetencias, que nunca llegan a cumplirse de verdad. Cuando abandonamos los antojos del ego, quedamos vacíos, pasamos casi literalmente a no ambicionar nada más de la vida aquí, se instalan las ganas de dejarlo todo.

Si todos nuestros movimientos en la vida estaban impulsados por las apetencias del ego y si nuestra vida se ha vuelto insatisfactoria y frustrante, el paso fundamental para tener una vida más satisfactoria es abandonar los deseos del ego. Pero como esto nos lleva al vacío y a la apatía, nos inquietamos, resistiéndonos al fluir natural de ese proceso.

Perder las viejas apetencias del ego, con aceptación, nos lleva al SENTIR verdadero. Esto no tiene nada que ver con el sentir del ego, este es el sentir del alma. Como todo esto es nuevo, cuando empezamos a tener sentimientos más “saludables”, eso nos parece demasiado vago, pues no tiene la intensidad del ego. Este nuevo sentir nos llevará a experimentar los deseos del alma, los sentimientos del alma, el amor incondicional que tanto buscamos.

Entonces, si queremos sentir verdaderamente, si queremos vivir de forma más sana, será preciso que pasemos por esa fase extraña de vaciamiento, apatía, desánimo, indiferencia e insensibilidad. Debemos dejar que se vaya todo aquello que ya no tiene función en nuestra vida; el apego al “sentir del ego”, como forma de sentirnos (falsamente) vivos, sólo nos lleva al tormento.

El sentir del “nuevo ser humano” será fuerte y poderoso, aunque sutil y suave. Ya no sentiremos esas fuerzas emocionales desequilibradas. Pero antes de que esto suceda, habremos de pasar por varias etapas de vaciamiento de impulsos emocionales; a cada fase de liberación más profunda de sentimientos y emociones aprisionados seguirá una fase de postración, desesperanza, desánimo y apatía, provenientes del proceso natural de desintoxicación de las energías atrailladas a los contenidos liberados. Sólo que cada vez que vencemos una etapa y alcanzamos un nuevo nivel de conciencia, nos volvemos más fuertes y equilibrados, lo cual nos hace ser mucho más sabios y dispuestos para las próximas etapas de liberación de cargas emocionales.

La vida es un proceso, de nada sirve tratar de encontrar una fórmula mágica para librarnos de todas las cuestiones, dolores y condiciones de nuestra vida. Dentro del proceso de vida, en la búsqueda de la auto-transformación, pasaremos por varias etapas, que serán muy parecidas a las anteriores, lo cual nos da la sensación de estar estancados, trabajando siempre las “mismas cosas”. Cuando hay un verdadero empeño en el proceso de despertar la conciencia, llega un momento en que finalmente comprendemos y aceptamos ese proceso y esto nos lleva a vivir cada etapa con la conciencia de que es una NUEVA etapa, aunque con condiciones y cuestiones aparentemente muy similares a las anteriores. En cada etapa trabajamos un nuevo nivel de conciencia, nunca estamos “girando en círculos”, sino “en espiral” en el proceso de ascensión.


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