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Jesús – Cuando la luz habla de la luz en lo alto de la montaña


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Cierta tarde, Jesús pasaba con sus discípulos por delante de una gran montaña. Él planeaba ver la puesta de sol desde la cima, cosa que le encantaba. Sin embargo, antes de comenzar la subida por el camino del monte, un hombre se aproximó rápidamente y le preguntó: “Sé que venís de parte de Dios, pues sólo alguien con poder divino es capaz de hacer los milagros de que tanto hablan vuestros compañeros. Entonces ¿es verdad que lo divino está en vuestro corazón y que habéis venido a dar testimonio de eso entre los hombres?”

El Rabí miró a aquel hombre y vio, en su corazón, que había en él una lucha titánica entre sublimes aspiraciones espirituales y pensamientos pesados y cargados de miedo y dolor. Con cariño, respondió al hombre, diciéndole: “Sí, es verdad que llevo lo divino en mi corazón. Pero también es verdad que Él está en tu corazón y en todos los corazones. Hijo, ¡Él está en todo!
No obstante, el hombre no comprendió y le preguntó todavía: “Pero, Señor, ¿cómo es eso posible? Dios está allá arriba, en el cielo. ¿Cómo podría Él estar dentro del hombre, que es impuro y lleno de egoísmo?”
Con paciencia, Jesús le dijo: “Esa es la verdad del espíritu, que no se ve con los ojos de la carne, ni con los dogmas religiosos creados por los hombres, sino con el discernimiento espiritual y la luz de la comprensión. ¡Sólo el espíritu comprende al espíritu! ¡El amor busca el amor! Lo divino sólo es percibido con el ojo del corazón. Por eso tan pocos hombres han tenido la visión real, pues quieren capturar el espíritu tan sólo con los sentidos de la carne.
Ven conmigo. ¡Vamos a lo alto del monte a meditar en lo Supremo que está en todo!”
Entonces, el dulce Rabí abrazó al hombre y subió al monte con él y con los discípulos.
Le gustaba el momento mágico del crepúsculo. Muchas veces, mientras miraba la línea del horizonte, entre el caer de la tarde y el inicio de la noche, entraba en éxtasis espiritual, y su rostro resplandecía como un sol.

Y así ocurrió nuevamente en aquel final de tarde. Y Él dijo a aquel hombre: “El contraste entre la luz del día y las tinieblas de la noche en la naturaleza es semejante al propio hombre, que lleva la luz del espíritu entre los pliegues de la carne del cuerpo. Entre el espíritu eterno y la carne transitoria, el equilibrio se encuentra en el corazón del hombre. Pero, para llegar a él, es preciso, antes, remover las franjas oscuras del egoísmo y revelar la luz de lo divino en sí mismo. Es necesaria la fuerza del espíritu para revelar aquello que es del espíritu. Hijo mío, sólo se percibe lo divino en espíritu y en verdad. ¡Sólo el espíritu comprende al espíritu! ¡Sólo el amor encuentra el amor!”
Y, nuevamente, fijó la vista en el mágico momento del crepúsculo y concluyó: “El Padre Celestial está allá en la línea del horizonte y también dentro de cada cosa en el universo infinito. Está en nuestros corazones y en el brillo de nuestros ojos. ¡Él está en todo!”
Y, tomado de gran alegría, el Rabí elevó una plegaria en favor de todos los hombres. Y su rostro nuevamente se transformó en sol. Allí, en lo alto de la montaña, con el brillo de la conciencia cósmica irradiando de su rostro, Jesús más parecía un niño de luz. Sin embargo, para él los niños eran los hombres. Y Él los tomó para sí mismo, dentro de su corazón.

P.D.: Aquí y ahora, en las luces transitorias del mundo del siglo 21, en una de las más grandes ciudades del planeta, doy las gracias a Jesús, ese tipo tan estupendo y sencillo, verdadero amigo espiritual de los pequeñuelos y olvidados.
Ese Rabí tan querido, que no veo en ninguna cruz y ni siquiera sé si es barbudo o blanco, pues lo que veo, con los ojos del corazón, es un rostro de luz que más parece un sol. El mismo sol que ha iluminado mi día, una vez más. Ese sol del espíritu que sólo puede ser visto en espíritu y verdad.

Paz y Luz.
Wagner Borges, sujeto con cualidades y defectos, que no sigue ninguna doctrina creada por los hombres de la Tierra; eterno neófito del TODO, al cual agradece, por todo.


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Wagner Borges é pesquisador, conferencista e instrutor de cursos de Projeciologia e autor dos livros Viagem Espiritual 1, 2 e 3 entre outros.
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