La Auto-Obsesión

La Auto-Obsesión

Autor Osvaldo Shimoda

Assunto STUM WORLD
Atualizado em 07/05/2007 13:36:01


Traducción de Teresa - [email protected]

“El hombre no raramente es obsesor de sí mismo. Algunos estados enfermizos y ciertas aberraciones que se cargan en cuenta a una causa oculta, se derivan del Espíritu del propio individuo. Son enfermos del alma.”
- Allan Kardec

Según Allan Kardec, en el libro “El Génesis”, apartado 45, “Se llama obsesión la acción persistente que un espíritu malo ejerce sobre un individuo. Presenta caracteres muy diferentes, que van desde la simple influencia moral sin perceptibles signos exteriores hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales.”

El lector asiduo de mis artículos en el Somos Todos Um habrá notado que he venido abordando con frecuencia el asunto obsesión espiritual. Pero ¿por qué?
He aclarado en los artículos anteriores que existen tres factores generadores de los problemas de mis pacientes:
1) Interno: Psicológico – creado por el propio paciente, resultado de experiencias traumáticas oriundas de la vida actual (infancia, nacimiento, útero materno) o de vidas pasadas.
2) Externo: Influencia espiritual, o sea, espíritus desencarnados obsesores – desafectos de esta o de vidas pasadas que provocan innumerables problemas en la vida del paciente con intención de perjudicarlo – movidos por el odio y la venganza.
3) Mixto: Interno + Externo: provocado por el propio paciente y agravado por una influencia espiritual obsesora.
Además he aclarado que, en mi estadística, el 95% de esos pacientes son acosados por espíritus obsesores – enemigos ocultos de su pasado – y que apenas un 5% no presentan ninguna influencia espiritual externa como causa de sus problemas. Por tanto, en este caso, la causa es puramente de orden psicológico.

El índice de 95% de los pacientes acometidos por una influencia espiritual obsesora explica el motivo de que yo aborde este tema con más frecuencia, pues requiere una mayor profundización para que pueda ser mejor comprendido.
Así, la obsesión espiritual es algo muy serio y merece atención, pues ese mal aflige a muchas personas, generando innumerables problemas psíquicos, psicosomáticos, orgánicos – son aquellas enfermedades cuya causa no está diagnosticada por la medicina oficial – y de relaciones interpersonales (los espíritus obsesores tumultúan la vida del obsedido, generando conflictos con sus familiares, cónyuge, amigos, compañeros de trabajo, etc.).
Pero lo peor de todo es que muchos de los pacientes obsedidos no perciben que están siendo perjudicados por esas influencias espirituales, ya que ellos se aprovechan de su invisibilidad en cuanto que son espíritus desencarnados.

No obstante, es fundamental esclarecer en el estudio de las obsesiones, que el fenómeno no se reduce tan sólo a la perturbación de desencarnados sobre encarnados, como muchos creen. Va mucho más allá. Existen también las acciones de desencarnados sobre desencarnados; de encarnados sobre desencarnados; de encarnados sobre encarnados, y además la auto-obsesión.
Es común en las sesiones de regresión que recuerde el paciente que, en una vida pasada, tras su muerte física, ha tenido que huir de su obsesor, incluso en la condición de espíritu desencarnado.
Otra paciente ha venido a recordar en la regresión que, al dormir, en sueño, por la noche, en espíritu, iba en pos de su desafecto del pasado – un espíritu desencarnado que estaba en las tinieblas – para perjudicarlo (quería ajustar cuentas, vengarse del daño que éste le había causado en una vida pasada).
Pero la obsesión de encarnado para encarnado es mucho más frecuente de lo que muchos imaginan.
Disputas constantes entre cónyuges, padres e hijos, entre hermanos, socios, compañeros de trabajo y jefes, entre otros, pueden caracterizar una obsesión recíproca, o sea, ambos implicados son obsesores uno de otro.

En cierta ocasión, al pasar por algunas sesiones de regresión, una paciente descubrió el por qué de su odio hacia su suegra. Ambas, en varias encarnaciones, alternaban los papeles de obsesor y obsedido y ahora, en la vida actual, las dos han venido como encarnadas.
He sugerido a la paciente que hiciese la oración del perdón a su suegra a fin de reconciliarse con ella. Se echó a llorar. Tras recomponerse, le pregunté el por qué del llanto.
Ella me contestó diciendo que su odio hacia la suegra le impedía hacer esa oración. Me dijo también que notaba en su mirada el mismo odio que ella propia abrigaba contra la otra.
Por tanto, la obsesión es siempre causada por las imperfecciones humanas, y la mayor de las causas es la falta del perdón, que puede generar hasta siglos de sufrimiento, como es el caso de la paciente mencionada.
Sin embargo, tan grave cuanto la obsesión provocada por influencias espirituales externas, es la auto-obsesión.

La gran mayoría de los pacientes que sufren auto-obsesión – obsesores de sí mismos, por tanto, enfermos del alma –, prefieren echar toda la culpa de sus problemas y aflicciones a los Espíritus, no asumiendo la responsabilidad de que son ellos mismos la causa de sus problemas.
La auto-obsesión es un disturbio psíquico desencadenado por la mente enfermiza del propio enfermo que genera un estado permanente de desequilibrio emocional, tal como: constante impaciencia, irritación frecuente, resentimiento prolongado, envidia, celos patológicos, egocentrismo acentuado, miedos excesivos, aberraciones sexuales, comportamientos obsesivo-compulsivos, y otras conductas desajustadas.
Sin embargo, es importante poner de relieve que la auto-obsesión puede abrir una brecha para que los espíritus obsesores enemigos se aprovechen de esas imperfecciones del paciente para entonces obsederlo generando, por ejemplo, el síndrome del pánico y otros trastornos psíquicos, como la depresión, dolencias orgánicas y diversos comportamientos patológicos.
Tales pacientes recorren los consultorios médicos en busca de un diagnóstico no siempre identificado correctamente por los médicos, debido a que la auto-obsesión es una enfermedad del alma, y por ello más difícil de ser detectada.

En las dolencias del alma, las terapias medicamentosas no son eficaces, pues son resultados de la propia inmadurez psicológica y espiritual del enfermo, que cultiva con frecuencia envidia, celos, inferioridad, egoísmo, orgullo, ira, miedos, inseguridad, desconfianza, etc.
Son pacientes muy centrados en sí mismos, preocupados excesivamente con enfermedades (hipocondríacos), que sufren por anticipación (preocupados excesivamente), dramatizan los acontecimientos de lo cotidiano, cultivando el pobre de mí (sentimientos de auto-piedad); son víctimas de sí propios, atormentados por ellos mismos.

En su calidad de enfermos del alma, fácilmente se descontrolan, con explosiones de ira en el trabajo, en casa o en el tráfico. En la auto-obsesión, somos prisioneros de nuestros pensamientos de negatividad y pesimismo, que nos sofocan y nos aprisionan.Caso Clínico:
Crisis constantes de tos
Hombre de 40 años, casado.

Acudió a mi consultorio deseando saber por qué no consigue curarse de las crisis de tos constantes y recurrentes (era acometido por esas crisis al menos tres veces durante el año).
Son toses secas, desencadenadas siempre tras un resfriado; las crisis de tos le habían llegado a durar hasta tres meses. Llevó a cabo todos los exámenes médicos necesarios para saber su causa, pero no se le encontraba nada. Quería también entender por qué su vida profesional no fluía, no tenía éxito, aunque tuviese todo para salir bien.

Al hacer regresión me relató:
“Veo una mujer bonita, cabellos atados de una época antigua. Debe tener unos 35 años, lleva un vestido azulado (pausa).
Ahora viene la imagen de un hombre cabalgando. El caballo lleva una máscara con abertura en los ojos. El hombre porta una bandera (flámula) azul con inscripciones en latín.
Esa mujer está escapando de ese hombre”.

-¿Quién es ese hombre? – Pregunto al paciente.
“Soy yo. La mujer se ha caído y ahora estoy encima de ella, y ella se debate en el suelo… Yo le pego, la apaleo y a continuación, la estupro. La golpeo mucho para que se esté quieta. Termino y me marcho riéndome. Me veo con los cabellos largos, soy soldado de un ejército medieval. ¡Mis dientes son horribles, podridos, mi rostro es despreciable!
Estoy feliz, satisfecho por el estupro.
Le doy la espalda, la dejo allí tirada, me subo al caballo y me marcho. Sigo por el campo.
Veo ahora una casa, un hombre está sentado en una butaca, escribiendo sobre una mesa. Lo veo por detrás de la butaca donde se encuentra sentado. Lo ahorco y, a continuación, le parto el pescuezo.”

-¿Por qué has hecho eso? – Pregunto al paciente.
“Me han mandado matarlo. Él a mi no me ha hecho nada, ha sido alguien importante del gobierno que tenía poder de mandar matar y comandaba a varios soldados.
Yo obedecía a sus órdenes. Lo maté con gran frialdad. Le tomé el cuello por detrás y se lo partí, haciéndole dar la vuelta (pausa).
Ahora estoy oyendo a alguien decirme que yo no he debido hacer eso.
Veo aquí en el consultorio, en espíritu, a ese hombre al que he partido el pescuezo y a aquella mujer a quien he estuprado. Me parece que aquel hombre que he matado era el esposo de esa mujer. En pensamiento (lo intuyo) ellos me dicen que yo no he debido hacer aquello, pero es necesario que me perdone por lo que he hecho en aquella vida pasada. Tengo la impresión de que ellos eran demasiado evolucionados espiritualmente como para obsederme, no han guardado rencor, sino que me han perdonado. En verdad, ellos han venido para ayudarme.

-Pregúntales de dónde provienen esas crisis constantes de tos – Pido al paciente.
“Ellos dicen que esas toses son como una llaga que ni el tiempo quita.
La llaga sofoca, es el peso de mi angustia. Mi alma sabe que me he equivocado. Uno puede olvidar la historia del pasado, pero la marca de lo que ha hecho el alma queda registrada en nuestro periespíritu (cuerpo espiritual). Por más que olvide la historia del pasado gracias al “velo del olvido”, lo que he hecho queda registrado en mi alma y no basta reencarnar para borrar esa marca. Sufro como si yo mismo me obsediese. Ellos dicen que no existe un obsesor externo, sino que soy yo quien me auto-obsedo (pausa).
Ahora estoy viendo junto a ellos a otra mujer. Tiene el rostro blanco y los labios rojos. Siento que tiene un respeto y un amor muy grandes hacia mí… Es como si ella supiese todo lo que va a ocurrir en mi vida. Siento que es mi mentora espiritual (entidad desencarnada responsable por nuestra evolución espiritual).
Me sonríe y explica que soy alérgico y por lo tanto, susceptible a las crisis de tos.
Mi alma, debido a aquellos errores cometidos en esa vida pasada se auto-castiga aprovechándose de las crisis alérgicas de tos, agravando ese malestar físico (toses constantes). Es un “látigo” para auto-punirme.
Es como si ese auto-castigo bajase mi inmunidad y me dejase más susceptible a algo que ya tengo facilidad para adquirir.
Ser alérgico es la puerta que mi cuerpo ha abierto en función de lo que he hecho en aquella vida pasada.
Mi mentora me dice que tengo que fortalecerme espiritual y emocionalmente, orando y perdonándome.
Que la curación de mi alma fortalecerá mi sistema inmunológico. Pone de relieve la necesidad de comunicarme más con el mundo espiritual.
Dice, por tanto, que mi búsqueda debe ser menos racional (ego) y más con el corazón (alma). Pero que ella estará siempre a mi lado y que aquí en este tratamiento – la T.R.E. (Terapia Regresiva Evolutiva) – abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado a través de mí por los espíritus evolucionados del astral superior – he dado un buen paso, habiéndose cerrado un ciclo, y que voy a ser victorioso en la búsqueda de mi curación. Mi mentora le agradece a Vd. (refiriéndose a mí como terapeuta) por haber abierto el canal de comunicación entre nosotros y dice que necesito primero organizar mi alma, mi espíritu, para que yo no estorbe la eficiencia de la cura médica, que mi auto-perdón es necesario y debe ser practicado diariamente.
Dice además que me saboteo a causa de esa culpa que arrastro, y que el éxito no puede llegar a quien no se perdona, pues me siento indigno del reconocimiento profesional, debido a los errores cometidos.

Dice que soy amado y amparado, y pide que no me olvide de que estoy asesorado por ella en ese proceso de curación. Dice además que si pienso en que voy a borrar yo solo esa llaga, me voy a desesperar. Reafirma, finalizando, que seré ayudado a borrar esa llaga de mi pasado y a perdonarme.

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Shimoda
é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual.
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