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La autoestima como propulsora de las realizaciones


por Bruno J. Gimenes - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Pensar, hablar, actuar, creer, todo cuanto movemos a nuestro alrededor o interiormente, crea un patrón, una intensidad, una fuerza y una energía. Las palabras dichas, los sentimientos y los pensamientos creados durante un día, son siempre generadores de algún tipo de energía, sintonizando al individuo con varios tipos de vibraciones energéticas, inevitablemente, a todo instante.

Y por eso es posible intentar explicar una oración o una plegaria, o sea, una conexión del pensamiento humano con su propia conciencia espiritual, haciendo referencias a seres de luz, a Dios, a enseñanzas puras, entre otros. Esa conexión hace que la persona reciba una energía en la misma frecuencia en que está sintonizada, de buena calidad, o positiva.

La mayor parte del tiempo nuestra mente está conectada a algún pensamiento o estímulo, el cual puede ser interno o externo, positivo o negativo. Cuando se conecta a algo negativo se originan estímulos o reacciones igualmente negativas lo cual hace que la persona atraiga sensaciones en función de sus pensamientos, de ahí que la frase “somos lo que pensamos” esté fundamentada en la más pura realidad.

Nuestros pensamientos negativos y antagonistas son los mayores parásitos energéticos que puede haber; consumen energía personal y de terceros y además hacen que la persona se vuelva pesimista, lo cual caracteriza una malísima compañía para cualquiera.

Una constatación ha de comentarse: el mayor de todos los obsesores son nuestros propios pensamientos mezquinos y pesimistas, pues consumen y aniquilan cualquier creación positiva que pueda haber en nuestra conciencia. Destruyen y anulan cualquier optimismo interior que pueda tener el ser humano y, lo que es todavía peor, contaminan de forma nociva todo lo que está en su entorno: ambientes, personas, objetos, plantas, animales, etc.

Pensar y proceder de forma negativa es abrir una puerta de acceso hacia el nivel más impuro de un ser humano, donde residen los peores sentimientos: el “Yo Sombrío” de cada uno de nosotros, la morada de la polaridad negativa, origen de todo aquello que no es bueno.

Sin embargo esa ley funciona para las dos polaridades, la positiva y la negativa, lo cual posibilita el beneficiarse de ello en favor de una vida mejor, por medio de actitudes muy sencillas. La autoestima es un ejemplo. Se habla mucho de autoestima, y la mayor parte de las veces, la referencia está limitada a la apariencia física de un ser humano, o sea, a la satisfacción de alguien respecto de su propia apariencia física.

Se vive en una época en que las operaciones de cirugía plástica se practican con fines estéticos, en número que bate récords cada año, indicando fuertemente que la búsqueda de la autoestima pone su énfasis en el cuerpo físico como causa principal, o sea, contemplando la causa externa de la propia baja estima. La búsqueda del conocimiento interior es lenta, morosa, la esencia de cada ser está adormecida. Si no accedemos a esa esencia, tampoco podemos conocer el origen de nuestros pensamientos y sentimientos, donde normalmente también residen las causas de sentimientos como la baja estima.

La búsqueda de autoestima no empieza con actos despampanantes y complejos, sino con pequeñas actitudes durante el día, con la vigilancia de los pensamientos, evitando cultivar el enojo, reduciendo las reclamaciones, cambiando las palabras negativas por las positivas, rezando, etc.
Si lo que pensamos se condensa en nuestro mundo de emociones y sentimientos, a partir del instante en que se piensen cosas buenas, se reciben como consecuencia ondas de energía positiva, y esto va abasteciendo poco a poco el campo energético; estas sencillas actitudes positivas irán desencadenando otras y otras, asimismo positivas, pudiendo en poco tiempo transformar para mucho mejor la vida de una persona.

Cuando alguien tiene su autoestima elevada, sus pensamientos están sintonizados con niveles superiores de energía, de altísima frecuencia, capaces de convertir cualquier sueño en realidad. Creer y tener confianza en uno mismo, tener coraje para enfrentarse a las situaciones, es algo que nace en pequeños actos y va cobrando fuerza y potencia a medida en que se practica más y más, cada día, a cada instante.

La autoestima también florece cuando contemplamos la belleza presente en las cosas más sencillas de la vida, como las plantas, la naturaleza, el sol, la lluvia, el viento, etc. Admirar la presencia divina en las cosas buenas de la vida, incluso las que son tan simples y obvias, trae un sentimiento de unidad con el todo, fundamental para poder fundirnos con nuestra propia esencia y luz interior.

La práctica de oraciones, mantras, meditaciones, afirmaciones positivas, programa nuestra mente para acopiar energía positiva y desprogramar lo negativo. El ser humano tiene el poder de programarse para sus realizaciones; solo que tenemos el libre albedrío de hacerlo para lo positivo o para lo negativo. La calidad de esa “simiente” es una opción individual, y lo que llegue a germinar será la consecuencia de lo que se haya plantado, inevitablemente.


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