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La bebida alcohólica - ¿quién nos enganchó y engancha a nuestros hijos?


por Mauro Kwitko - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

El consumo de alcohol es un hábito antiguo que, un día, llegará a desaparecer de la faz de la Tierra. Y entonces la bebida alcohólica tendrá el mismo estatus que las drogas hoy consideradas ilícitas, será ilegal. Las bebidas alcohólicas, el vino, la cerveza, el güisqui, el vodka, el aguardiente, y todas las demás solo tienen un objetivo: emborrachar a las personas.
El alcohol es la puerta de entrada para el consumo de las drogas llamadas ilícitas, juntamente con el tabaco. Después de él y del tabaco, por lo regular viene la marihuana, después la cocaína, y así sucesivamente. Todos hemos sido y somos criados en una sociedad en que su consumo es, más que permitido, incentivado y estimulado. ¿Alguien recuerda alguna fiesta en su casa, desde que era pequeño, en que no hubiese bebidas alcohólicas? Y hoy día ¿no sigue siendo así? Se nos ha acostumbrado a creer que el consumo de la bebida alcohólica es algo normal y hacemos lo mismo con nuestros hijos y nietos; o sea, nos han vendido esa idea y nosotros seguimos pasándola adelante. Si a eso se añade la incitación masiva de los medios de comunicación hacia el consumo de bebidas, crecemos enviciados y vamos enviciando a las nuevas generaciones.

Las maniobras de divulgación y venta de que se sirve el marketing, cuidadosamente planificadas, están basadas en el conocimiento de que cuanto más precoz es el consumo entre los jóvenes, mayor es la posibilidad de engancharlos, por eso la publicidad va prioritariamente dirigida a los preadolescentes, a los adolescentes y a los adultos jóvenes, asociando el acto de beber al triunfo en los deportes, en las conquistas amorosas y en el progreso financiero, cuando lo que ocurre es lo contrario, o sea, quien bebe va mal en los deportes, mal en la vida amorosa, mal en los estudios y mal en la vida profesional.

Cómo logran los fabricantes de bebidas alcohólicas y las agencias de publicidad convencer a un gran sector de jóvenes y adultos de que beber sienta bien y hace triunfar, es algo difícil de comprender. Pese a que la mayoría de la gente lo desconoce, el alcohol es una droga psicotrópica, pues actúa sobre el sistema nervioso central, provocando un cambio en el comportamiento de quienes lo consumen, aparte de su gran potencial para desarrollar dependencia. El alcohol es la única droga psicotrópica cuyo consumo es admitido y alentado por la sociedad. Ese es uno de los motivos por el cual se le contempla de forma distinta al compararlo con las demás drogas. Pese a su amplia aceptación social, que considera el "beber moderadamente" como algo normal, el consumo frecuente de bebidas alcohólicas es un grave problema.

Ser alcohólico no es únicamente andar siempre borracho, sino beber a diario, aunque no sea más que una cervecita, una taza de vino, una dosis de güisqui, una caipirinha, etc. El acto de beber todos los días caracteriza la adicción al alcohol. En el Brasil, el consumo regular de bebidas alcohólicas se inicia comúnmente a los 14 años, debido al ejemplo de los propios padres y familiares, bebedores diarios o frecuentes en casa y en todas las fiestas. Nuestros niños son expuestos desde su más tierna edad a ese ejemplo, y además, son alentados al consumo a través de las emisoras de radio y de televisión.

La publicidad de la cerveza en el Brasil es extremadamente agresiva, y va dirigida prioritariamente a los niños y a los adolescentes, teniendo por objetivo enviciarlos lo más pronto posible. Si con ello van mal en el colegio, si se ponen enfermos, si sufren accidentes, si destruyen sus familias, eso no importa, lo que importa es ganar dinero, festejar el aumento del consumo, abrir nuevas fábricas siempre con la presencia de la prensa celebrando aquel evento y de muchos políticos discursando y saliendo en los periódicos y en las televisiones sonrientes por ese gran avance del "progreso social". Al fin y al cabo, son más empleos, más impuestos, pero ¿a costa de qué? Enfermedad, accidentes, muertes. Pero eso no importa, lo que importa es ganar dinero.

Los adolescentes que beben con cierta frecuencia, por lo regular tienen un padre, una madre o familiares que también ingieren alcohol con alguna o bastante asiduidad. El consumo se inicia viéndolos beber en las fiestas, porque hemos sido criados en una sociedad que no es capaz de imaginar una fiesta sin bebidas, en casa, por la noche "para aguantar el tirón", los fines de semana "para relajar", para "celebrar" un logro profesional o financiero, para "celebrar la victoria de mi equipo" o para "olvidar la derrota", para "brindar" en los cumpleaños, en Navidad, por Año Nuevo, en fin, cualquier fiesta o acontecimiento va siempre asociado al acto de beber. Y cuando un joven se convierte en adicto a la bebida alcohólica, por el mal ejemplo de los adultos y por acción de la publicidad en las radios, en las televisiones, en los periódicos, simplemente está reproduciendo con la vehemencia de esa franja de edad, el mismo comportamiento de su familia y de casi todas las familias, lo que ha aprendido desde pequeño viéndolo en su casa y en las fiestas, lo que le han enseñado y siguen enseñándole, lo que le dicen sus ídolos del deporte, siempre sonrientes, siempre vencedores, con un vaso o una latita en la mano, lo que ve en las vallas publicitarias en los campos de fútbol, en los coches de carreras.

En fin, nosotros enviciamos a nuestros hijos o permitimos que los fabricantes de bebidas alcohólicas y algunas agencias de publicidad lo hagan, con el beneplácito de nuestros gobiernos; y después los llevamos a los psicoterapeutas para curar su adicción, creada, apoyada y permitida por nosotros mismos, por nuestra irresponsabilidad y omisión. El mensaje que les inculcamos, desde pequeños, y que algunos medios de comunicación se encargan de confirmar de manera extremadamente competente, basado en el interés de vender y ganar dinero, es el de que tenemos que relajarnos con algo, tenemos que activarnos con algo, tenemos que celebrar las victorias con algo y olvidar con algo las derrotas, preparando el terreno para que el joven curioso cambie el objeto del consumo y se pase, entonces, a las llamadas drogas: el cannabis, la cocaína, el crack y otras cosas.

Pero ¿quién ha enganchado o permitido que enganchasen a nuestros jóvenes? Nosotros hemos enganchado a nuestros hijos a las drogas lícitas y después convertimos nuestra vida en un infierno y a menudo acabamos con la suya cuando, simplemente añaden una "i" y pasan a consumir las drogas ilícitas. La única diferencia es una "i".


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