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LA CONFORTACIÓN QUE EL ESPIRITISMO NOS TRAE


por Christina Nunes - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Hace pocos días, visité, a título de curiosidad, un Website perdido en el vasto océano de Internet, dedicado según me pareció, no a divulgar, en beneficio del esclarecimiento del prójimo, los aspectos favorables de la religión que decía defender; sino exclusivamente, a difamar y combatir el Espiritismo Kardecista, con argumentos pueriles y frágiles en su propia base, a la vez que se servía de fragmentos de la Codificación Espírita, al buen tuntún, hábilmente destacados fuera de un contexto completo que les ofreciese base, para servir a interpretaciones fuera de lugar y distorsionadas de alguien claramente interesado no en ejemplificar la religión verdadera, que defiende el respeto y la unión entre los diferentes credos, para la armonización de todos en Dios; sino en difundir escándalo y agresividad gratuita, provocadores de disensiones, que nada reflejan sino el egoísmo de los que quieren imponer al mundo sus propias ideas, y la mayor desarmonía entre los seres, en último análisis; lo cual en todo caso denuncia, ya de entrada, flagrante contradicción con los principios mansos del Cristianismo, que el mencionado Website supuestamente presentaba como su fundamento religioso.

Dicho esto, no es mi interés aquí detenerme más de lo necesario en ese episodio sino para tejer, a propósito, consideraciones acerca de valores intrínsecos en los diversos posicionamientos humanos. Hace muchos años, recuerdo haber estado en el entierro de mi fallecido abuelo materno, y del comentario del empleado que se hallaba en las cercanías de la capilla donde lo velábamos. El hombre se mostró admirado de toda la calma que reinaba en la familia del finado (toda ella kardecista), diciendo:- “Hace poco salió un entierro, y pocas veces he podido presenciar semejante desesperación y gritería; ¡qué bueno sería que todos encarasen a la muerte con la tranquilidad con que lo hacéis vosotros!” Una tía le explicó que éramos Espíritas; que detentábamos la pacífica certidumbre de que nuestro pariente querido, hombre de bien que siempre había sido, ciertamente estaría siendo acogido por la espiritualidad amiga que lo recibiría, y encaminaría hacia las nuevas experiencias en la continuidad de la vida, en las esferas invisibles. Y que, siendo así, no obstante la nostalgia natural que él dejaba, de modo alguno nuestro egoísmo debería prevalecer en el momento en que Dios consideraba apropiado el final de las experiencias en la materia y de las luchas de nuestro ser querido, acogiéndolo en la dimensión de vida más rica que a todos nosotros aguarda, si no hoy, en un mañana más o menos lejano. Discurrió un poco sobre las nuevas oportunidades de crecimiento y mejora que a todos están destinadas en las vidas sucesivas, de modo a hacer justicia a los que antes habían sufrido injusticia; y el hombre, después de oírla, volvió a sus quehaceres profundamente pensativo, y claramente bien impresionado con cuanto había escuchado.

Bien; es justo preguntar, a resultas de capítulos como este en nuestras vidas, por qué tanto incomoda a algunos una doctrina basada, ante todo, en la experiencia de los hechos, ofrecida por la propia espiritualidad, a manos llenas, para cuantos a ella dediquen su atención y el estudio sincero y desprovisto de prejuicios; doctrina que tanta confortación ofrece, revelando explicaciones, las más lógicas que haya podido ofrecer cualquier corriente de pensamiento humano, en lo que atañe a los misterios de la cuestión de la muerte, que siempre y tanto han inquietado a las poblaciones de todos los continentes; que incluso no propone nada insólito o absolutamente desconocido en la arena religiosa del mundo, toda vez que culturas mucho más antiguas y portadoras de gran sabiduría ya trataban estos temas con naturalidad, como ejemplifican hasta hoy el budismo y el hinduismo, ambos de base reencarnacionista. Es de cuestionar el incomprensible masoquismo de determinadas corrientes resistentes al uso pleno del raciocinio – dádiva divina preciosa concedida al hombre – a la hora de preferir el pesimismo, la nada post-mórtem, atribuyendo una falta de objetivos absoluta a la Creación, que en nada se coaduna con la inconmensurable sabiduría con que Dios trajo a la luz un universo tan equilibrado.

Tal actitud, esta sí, es la que ocasiona el desconsuelo en las criaturas, que acaban trasfiriendo a sí mismas esta aparente incoherencia, que las clasifica como el fruto de una casualidad absurda, cuya finalidad en la vida jamás sobrepasa la corta jornada atravesada en este pequeño planeta, sin derecho a nada más allá de lo que se puede adquirir por aquí, en términos de comprensión y de conocimiento: en suma, sin ninguna perspectiva de futuro, de mejora, de crecimiento en dirección a las luces mayores de la existencia, en fin.

Se reza que Dios está en toda Su Obra, y la razón más simple nos susurra que, siendo así, Él no podría haber sido tan mezquino en sus objetivos. Nada en Su Creación es imperfecto o descartable, o destituido de finalidad. Y ciertamente, Él ama suficientemente a todas Sus Criaturas como para destinarlas a futuro más glorioso y más justo que las frías paredes de un túmulo, tras sesenta u ochenta años. La vida prosigue y se transforma siempre, lo queramos o no, podamos o no aceptarlo o creerlo.

Y del mismo modo como presenciamos el reflorecer de los campos siempre, y la transformación de la crisálida en la linda mariposa, sin polémicas y sin alardes de la naturaleza, atestiguaremos, aún muchas veces en el transcurso de la eternidad, nuestro renacimiento y transformación en parajes de vida mejores, para confirmar la unidad y continuidad de nuestra vida en Dios, a pesar de todas las aparentes diferencias.

Con amor,

Lucilla y Cayo Fabio Quinto
“Elysium”
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Lucilla es autora de los romances psicografiados “O PRETORIANO” y “SOB O PODER DA ÁGUIA”, lanzados respectivamente por las editoras MUNDO MAIOR (www.mundomaior.com.br) y LÚMEN (https://www.lumeneditorial.com.br). Lectura fácil y apasionante, de la autoría espiritual de Cayo Fabio Quinto, se trata de romances espíritas discurriendo sobre las vidas pasadas vividas por la médium y por su mentor, en la Roma Antigua, de cuyos ejércitos Cayo fue uno de los generales, narrando lances de convivencia en lo cotidiano de los personajes, ricos de enseñanzas ilustrativas de la Codificación Espírita de Kardec, de las leyes de causa y efecto, y del aprendizaje espiritual que a todos nos concierne en el transcurso de nuestro trayecto evolutivo durante las reencarnaciones terrenas.

Los derechos de autor de O PRETORIANO están revertidos para las obras asistenciales de la FUNDACIÓN ANDRÉ LUIZ, de amparo a los deficientes.


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