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La Cura Física y la Cura Espiritual


Traducido por Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Mucho se discute hoy día sobre las diversas maneras de tratar a los enfermos en sus problemas físicos, emocionales y mentales. Debido al carácter competitivo del ser humano, generado en parte por su todavía bajo nivel evolutivo de conciencia e incentivado por la estructura tradicional social, los médicos, los psicoterapeutas y los terapeutas en general están más empeñados en demostrar la supremacía de sus técnicas y métodos que en conocerse. Existe un desconocimiento de parte a parte de los criterios ajenos. Muchos médicos y psicoterapeutas tradicionales condenan o ridiculizan los denominados métodos alternativos sin empeñarse en conocerlos siquiera superficialmente. Desde el otro lado, los denominados terapeutas alternativos condenan a la Medicina alopática y a los psicoterapeutas más ortodoxos, como si éstos fuesen causa de perjuicios y daños a los pacientes.

No estoy conforme con esa actitud, como tampoco estoy de acuerdo con forma alguna de competición. A mi modo de ver, se trata apenas de diferentes niveles de expectativas, de enfoques y de intenciones. Cada médico o terapeuta trata a sus pacientes conforme a su manera propia de encarar la vida y los aspectos de la vida; o sea, la cuestión de la cura, para cada profesional, guarda relación con su propio modo de ser.

Una visión mecanicista, organicista, implica una manera de observar y tratar los problemas de los enfermos a partir tan sólo de su cuerpo físico, ya que es el único visible, y todo enfoque terapéutico se encamina a órganos, sistemas y reacciones químicas pertinentes al funcionamiento de ese cuerpo. Para la Medicina tradicional, el ideal de cura es hacer desaparecer los signos y síntomas observables y, por tanto, curar el ser humano consiste en curar su cuerpo físico. Como se atribuyen las enfermedades a causas externas, generalmente a bacterias y a virus, la caza a esos agentes patógenos ocupa gran parte de la visión alopática. El ser humano es considerado casi como una víctima de esos villanos microscópicos y la auto-responsabilidad por sus males comienza ahora tímidamente a ser considerada, a través de los mecanismos psicosomáticos. El hombre es su cuerpo físico.

Existe sinceridad en la manera como los médicos alópatas actúan; ellos creen realmente en lo que practican y buscan hacer lo mejor para sus pacientes. No creo que en los tiempos en que yo actuaba como pediatra alópata, perjudicase a mis pacientes o que mi actuación no les ayudase. Al contrario, en innumerables situaciones he salvado vidas y en muchas ocasiones realmente he ayudado a los enfermos. Aunque deba reconocer que, si en aquella época yo conociese la Homeopatía, la Terapia con los Florales y la realidad espiritual, hubiera sido mucho mejor médico, sin duda alguna. En aquella época en que era pediatra alópata, yo también consideraba que el asma no tiene cura, que la amigdalitis crónica se debe operar, que en la otitis crónica hay que drenar, que el estreñimiento tiene que tratarse con laxantes, que la enuresis nocturna se trata con Tofranil, etc. Hoy sé que todo eso se puede curar con las terapias energéticas, la Homeopatía y la Terapia Floral, por ejemplo. Y que las pesadillas en niños merecen una evaluación en Centro Espirita.

A partir de la visión personal de cada uno de nosotros, se establece un grado compatible de exigencia y expectativa; por tanto lo que se denomina cura o mejoría, para cada uno, tiene como referencia ese enfoque. Apartar los síntomas desagradables de una amigdalitis aguda con el uso de antibióticos se denomina cura y también se llama cura el remover las amígdalas por recurrencia de infecciones debido a que el tratamiento se ha encaminado apenas a las bacterias. La utilización de medicamentos que disminuyan la acidez gástrica se denomina tratamiento para la gastritis, como también el uso de tranquilizantes para calmar al paciente que sufre de ese mal. El uso de ante-inflamatorios y corticoesteroides en reumatismos y otras manifestaciones auto-inmunes, tiene como objetivo hacer desaparecer los signos y síntomas en las articulaciones y órganos afectados, mientras que las causas se consideran desconocidas o atribuidas a microorganismos. Los dolores son tratados con medicamentos para el dolor, los cólicos con medicamentos para los espasmos, la fiebre con medicamentos para la fiebre, el estreñimiento con laxantes o reguladores intestinales, las diarreas con astringentes, etc. La vida y los aspectos existenciales del enfermo son apartados de cualquier razonamiento diagnóstico, lo único que importa es hacer con que el síntoma y el signo desaparezcan lo más rápidamente posible. ¿Ese procedimiento alopático no sirve de ayuda a las personas? Sirve y mucho. Lo que yo cuestiono es en cuanto a la profundidad de esa acción, en cuanto a la falta de compromiso de la persona con su enfermedad y su responsabilidad en la perpetuación de sus males.

La visión psicológica tradicional, a su vez, considera que el ser humano cuando nace es como un libro en blanco, que comienza a ser escrito a partir de su fase de gestación, dentro del útero materno. Considera esta vida apenas, esta única encarnación, no lidia con el bagaje que se ha traído de otras existencias, no se ocupa del camino evolutivo reencarnatorio de los pacientes y de sus relaciones ancestrales con los que hoy denomina padre, madre, hermanos y demás relaciones, lo cual limita las interpretaciones de esas cuestiones generadoras de conflicto. Todo y cualquier aspecto de la personalidad de los pacientes, bien sea una tendencia agresiva o autoritaria o auto-destructiva, una timidez, una baja auto-estima, o sentimientos como amargura, resentimiento, ira, etc., tienen que originarse en el comienzo de la vida. Nada existe antes de eso... Actualmente ya se permite pensar en tendencias ligadas a la genética y se buscan los genes responsables por ciertas características (alcoholismo, suicidio, etc.)

Dada la tendencia medicamentosa de la psiquiatría, todo debe ser medicado, todo debe desaparecer bajo la acción química de los medicamentos modernos. Las alteraciones de las reacciones químicas son las que generan los cuadros psiquiátricos, y si se ven afectadas benéficamente por sustancias químicas, todo puede resolverse así. Existe también sinceridad en ese raciocinio y, como he afirmado antes, se puede ayudar a muchos enfermos con esos métodos. La mejoría de un cuadro psíquico, aunque sea por el uso de sustancias químicas que actúan a un nivel superficial del problema real, o sea, en las reacciones químicas o en la carencia de ciertas sustancias, es capaz de posibilitar al enfermo un alivio que le permita observar las cosas de otro modo, vislumbrar una pequeña luz allá en el final del túnel, y hasta decidir más firmemente salir de aquella situación aparentemente inmovilizante.La cuestión es que esas reacciones químicas o la carencia de ciertas sustancias de acción a nivel cerebral, a las que se atribuye la causa de las manifestaciones patológicas psíquicas, en verdad son apenas consecuencias de acciones profundas de los propios pensamientos y sentimientos del paciente a nivel de su psiquismo profundo. Todo se inicia en los cuerpos mental y emocional, o sea, en lo que se piensa y se siente, lo que pasa es que más tarde esto se reflejará en el funcionamiento del cuerpo físico y en las reacciones químicas, incluso a nivel cerebral. Con lo que no estoy de acuerdo es con la visión estigmatizada y superficial que hace resumir todo a un enfoque de actuación química. Por mi propia experiencia y la de muchos terapeutas alternativos, la utilización de medicamentos energéticos (estímulos vibracionales) encaminados a pensamientos y sentimientos (que son también estructuras energéticas) y la acción de técnicas bioenergéticas que asimismo actúan a ese nivel, propicia que la mayoría de los pacientes mejore bastante, e innumerables alcanzan la curación. La diferencia es que la actuación se dirige a las causas y no a las consecuencias, o sea, se parte desde el principio y no desde el final.
¿Qué piensa la novísima Psicoterapia Reencarnacionista? A partir de su enfoque reencarnacionista y evolucionista esas cuestiones relativas a la salud y a la enfermedad, al bienestar y al malestar, trascienden el grado de exigencia y expectativa de las maneras tradicionales de tratar y hasta, ¿por qué no? de muchas de las Terapias Energéticas. Al extender la concepción del Hombre a sus encarnaciones pasadas, todo aumenta de significado, se puede investigar realmente el Inconsciente, y el enfermo está en el inicio, en el medio y en el final de todo lo que le sucede. Los villanos externos dejan de tener tanta importancia en la génesis de los males, ya sean microorganismos o mismo personas, y las ayudas externas comienzan a perder su prestigio, en nombre de la necesidad de mayor conciencia y mudanza interna. Nada más es injusto, nada más es casual, todo tiene un objetivo y una finalidad. Lo que trae el paciente desde sus encarnaciones pasadas, sus relaciones kármicas, sus pensamientos, sus sentimientos, su manera de contemplar la vida, sus objetivos existenciales, su carácter, su índole, sus actos, sus planes, sus metas, en fin, todo en el paciente, lo visible, y principalmente lo invisible, es de extrema importancia. El paciente es examinado a partir de sus aspectos más profundos y espirituales, y la reconexión con su Esencia se torna el motivo principal del tratamiento. Rectificar su camino evolutivo es la meta.
Las relaciones afectivas y familiares deben ser tratadas y bien elaboradas para que no estorben a nuestros objetivos espirituales de evolución, y siempre con la clara conciencia de que son relaciones entre Espíritus encarnados y nunca bajo el peso terrible de los rótulos paralizantes.

La Psicoterapia Reencarnacionista no es radical ni "alternativa", es decir, no niega cualquier tipo de procedimiento que tenga por objeto mejorar la calidad de vida de las personas, con cualquier técnica o medicamento que fuese. Todo lo que nos alivie los sufrimientos, que nos traiga más alegría, que nos posibilite circular mejor por esta vida, debe ser utilizado. Esta nueva Escuela pretende ayudar a ampliar el nivel de conciencia más allá de lo que es visible, más allá de lo que se ha considerado como límite de la ciencia humana, más allá del Ego; queremos ir realmente Inconsciente adentro, como señaló el Dr. Freud.

Lo más importante no es hacer desaparecer signos y síntomas desagradables, sino entender por qué éstos han surgido, de dónde y con qué finalidad. La enfermedad es contemplada como un mensaje de nuestro Yo Superior para mostrarnos que algo está equivocado en nuestra manera de vivir, que estamos equivocados en nuestros pensamientos y en nuestros sentimientos. El lugar del cuerpo, la época en que surgen, el aspecto, los síntomas y las sensaciones locales nos dicen de una forma a veces bien clara qué es lo que aquello realmente significa, cual es el mensaje profundo que trasluce aquella enfermedad o manifestación. El terapeuta es un investigador y debe profundizar juntamente con el enfermo, en dirección a la médula de la cuestión. Encontrar la causa es la meta, entender los procesos que han generado las manifestaciones desagradables es el objetivo y rectificar el camino, de vuelta al verdadero propósito de vida, es la finalidad. Todo lo que se hiciere por ese enfermo a nivel superficial, que le alivie, que lo ampare cuando necesario, puede ser utilizado de forma caritativa, pero que esto nunca impida o enmascare la búsqueda profunda del origen de sus males, o lo exima de la responsabilidad por su vida, entregándola a otras personas.
Nosotros somos los responsables por nuestra salud o nuestra enfermedad, por nuestra alegría o nuestra tristeza, por nuestra evolución espiritual o no, y de esto la Psicoterapia Reencarnacionista no abre mano. Hacer que los enfermos asuman su propia cura es el principal objetivo. Encontrar los fallos, los equívocos, y rectificarlos, es la meta. La curación viene a través de la auto-responsabilidad con su enfermedad y tiene lugar solamente mediante la rectificación de nuestro Camino, el alineamiento de la persona con la Esencia.


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clubestum Mauro Kwitko é médico auto-licenciado do Conselho de Medicina para poder dedicar-se livremente ao seu trabalho como psicoterapeuta reencarnacionista. Em 1996, começou a elaborar e divulgar a Psicoterapia Reencarnacionista. É fundador e presidente da ABPR. Ministra Cursos de Formação em Psicoterapia Reencarnacionista e Regressão Terapêutica há muitos anos, tendo formado centenas de psicoterapeutas reencarnacionistas.


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