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La diferencia entre sentir pena y sentir compasión

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 25/01/2012 12:58:01


por Andre Lima - [email protected]

Traducción de Silvana Partucci - [email protected]

Frecuentemente las personas me preguntan sobre esos dos sentimientos y cual seria la diferencia entre ellos. Ya escribí anteriormente sobre este tema, pero no cuesta esclarecer nuevamente.

Primero, voy a explicar la pena. Vemos a alguien pasando algún tipo de situación difícil y eso acaba despertándonos una sensación de sufrimiento. Nos ponemos en el lugar del otro y generamos dentro de nosotros un sentimiento, mezcla de tristeza y ganas de ayudar, sumado muchas veces al sentimiento de impotencia cuando no podemos hacer nada.

El sentimiento de pena puede acabar llevándonos a tomar decisiones equivocadas que entorpecen el crecimiento del ser humano.
Atendí a un señor que precisaba realizar algunas demisiones para que la firma pudiese sobrevivir y crecer. Venía procrastinando esa decisión. Durante la sesión, la razón por la cual era algo tan difícil poner en practica lo que debería hacer salió a la luz rápidamente. Solo de pensar en realizar los despidos surgía un intenso sentimiento de pena acompañado de pensamientos como “lo que va a ser de esas personas… como van a arreglárselas después… está fulano que es muy humilde”… Al mismo tiempo, racionalmente sabia que no había otra decisión a ser tomada, pues el mantenimiento de aquellas personas comprometería la empresa en un todo.

Al realizar la aplicación de *EFT (técnica para la auto limpieza emocional, fíjate como recibir el manual gratuito al final del articulo), enseguida surgieron causas más profundas que estaban alimentando aquel sufrimiento. Recordó un evento del pasado donde su padre trabajó con afinco en una empresa que quebró, haciendo que toda la familia pasase una época de tristeza. Después surgió un recuerdo más, donde el padre abrió una firma con un socio y la misma también quebró.
Limpiamos profundamente con la EFT todos los sentimientos que brotaron de esos eventos: pena del padre, sentimiento de impotencia por no poder ayudar, tristeza, etc..

Después de esa limpieza, pedí que él pensase nuevamente en la situación de la demisión de sus empleados. Los sentimientos de pena y tristeza en tener que hacer eso habían disminuido considerablemente. Eso ocurrió porque no había más carga emocional inconsciente del pasado. Trabajamos más hasta que él sintió que estaba listo para hacer lo que debería ser hecho sin precisar postergarlo más.

El sentimiento de pena frecuentemente esconde también una culpa. En este caso que atendí, él se sentía culpado en causar en los empleados y sus familias el mismo sufrimiento que su padre y su familia habían vivido en el pasado.

Ver a alguien en sufrimiento puede despertar un sentimiento de culpa por estar bien, mientras que el otro no lo está. Siendo así, nos ponemos inmediatamente en sufrimiento a través del sentimiento de pena.

Otro aspecto que también queda escondido detrás de la pena, es el sentimiento de que los otros no son capaces lo suficiente para encontrar una manera de resolver sus problemas y superar las adversidades y que por eso precisan de nuestra ayuda. Eso nos trae una sensación de que somos mucho más importantes. Acabamos, entonces, por alimentar una situación de dependencia donde ayudamos al otro, no para verlo crecer y que sea independiente y, si, para que nosotros nos sintamos importantes. Inconscientemente, quedan las dos partes saboteando el crecimiento uno del otro en esa relación dependiente.

Voy a ejemplificar mejor. En el caso que relaté, la pena que el empresario sentía era una señal de que él no confiaba que cada empleado despedido tendría la capacidad de erguirse nuevamente. En el fondo eso le traía la sensación de ser muy importante. Como si el ego dijese “esas personas precisan de mi y no consiguen arreglárselas solas”. Lógicamente eso es falso. Por más difícil que sea esa situación, todos tienen la capacidad de salir adelante. Todos ellos podrían perfectamente encontrar un trabajo aún mejor. Si tenemos plena confianza de que las personas son capaces o que tienen su potencial, vamos a hacer lo que debe ser hecho, como por ejemplo: echar un empleado, acabar una relación, no prestar dinero a alguien, parar de hacer todo por los hijos… Dejamos que cada uno siga su camino. Aún sabiendo que las personas van a pasar un determinado sufrimiento, entendemos que eso es parte de su crecimiento.

Al no hacer lo que debe hacerse, atrasamos el aprendizaje del otro. Lo que parece ser un acto de bondad y generosidad acaba siendo en realidad un acto egoísta, pues la supuesta ayuda apenas alimenta nuestro ego y acaba impidiendo al otro crecer.

Cierta vez, un alumno me dijo que escuchó de un amigo que la peor cosa para el protegido es el protector. Decía eso admitiendo que su exceso de protección y ayuda con su esposa alimentaba la dependencia de ella y le impedía de crecer. Ella, por una serie de cuestiones emocionales negativas, buscaba a alguien que supliese el papel de padre protector. Ya no era más una niña y precisaba, en realidad, crecer enfrentando la vida. Él cumplía el papel de protector excesivamente, para sentirse importante, y con eso impedía que ella creciese.
Ya el sentimiento de compasión es completamente desprovisto de cualquier tipo de culpa, tristeza por el otro, impotencia, dependencia. También no existe el sentimiento de que el otro no es capaz de superar las dificultades. La compasión es, entonces, desprovista de negatividad. Esta brota desde el fondo de nuestra esencia y viene acompañada por una paz interior. En ese estado, iremos a reconocer el sufrimiento de otra persona pero sin arrastrarnos para sufrir junto con ella. Entenderemos que aquello es parte de su aprendizaje y que ella tiene la capacidad para superarlo.

En algunos casos será posible ofrecer alguna ayuda. Cuando la ayuda es basada en la compasión, esta será verdadera y traerá el real crecimiento del otro, pues nuestra acción no estará más contaminada con la necesidad de ser importante que acaba nos haciendo actuar de un modo que causa dependencia. En otros casos no tendremos como ayudar al otro. Aún así, estaremos en paz, no habrá la sensación de impotencia. Apenas observaremos el sufrimiento del otro, aceptando y comprendiendo que es parte de su aprendizaje.

Siempre que alguien está sintiendo pena o culpa por la situación de otra persona, sea quien sea, busco aplicar EFT hasta disolver completamente esos sentimientos. Brota, entonces, la compasión. Así la persona consigue actuar de la mejor forma posible tomando las actitudes quede deben ser tomadas: poner limites a los hijos, dejar que las personas se las arreglen solas, demitir a alguien de la empresa, ayudar en la medida adecuada y etc… Y caso no haya nada que pueda hacerse, ella consiga estar en paz.André Lima - EFT Practitioner. *EFT - Emotional Freedom Techniques –
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