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LA DURA MISIÓN


Autor Vera Marfeza
veramarfeza@gmail.com

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

Oigo a menudo a personas diciendo que han logrado sus objetivos o se han curado de sus dolores, pero no veo a nadie decir quién las ayudó, en esa ardua búsqueda y travesía. No veo a nadie decir que está satisfecho con la forma en que fue atendido por aquella o aquel terapeuta. Ya vi a personalidades artísticas agradecer, en la TV, por el servicio que le ha prestado la psiquiatra A o B, como si llenar de medicamentos banda negra fuese lo máximo. O incluso de la exitosa plástica u operación. ¡Citan a sus médicos como dioses en la Tierra y alardean de lo muy competentes que son!

Ya he atendido a mucha gente famosa o no, importante o no, pero siempre percibo lo mismo. Parece que hay un temor a que si alguien se entera de que la vida les ha mejorado por manos de un terapeuta holístico, caerá por tierra el mérito de su conquista. De hecho, ya lo oí de una chica que me pidió que jamás revelase que había pasado por mí ni que su vida había despegado de manera singular después.

Pero eso no es siquiera lo que más me incomoda. Lo que más me causa extrañeza es que muchos de nosotros, buscadores de la verdad, nos enfrentamos a una avalancha de obstrucciones, sabotajes, provocaciones, tan sólo por ayudar. Yo, particularmente, nunca he visto a nadie, en todos estos años, registrar públicamente la osadía, el valor, la petulancia de aquellos que tienen como misión revelar la verdad sobre lo que sucede en el mundo. Yo veo discursos públicos de agradecimiento para todo, menos para los que tienen esa responsabilidad de ayudar a los que desean parecerse, lo más aproximadamente posible, a su mejor versión.

No hablo de gratitud, hablo de reconocimiento y valoración. Hace algunos años, obtuve una respuesta un tanto interesante cuando pregunté a una psicóloga que había sido entrevistada en una TV cerrada, si ella abriría esa puerta para que yo divulgase mi trabajo. Pese a ser yo la terapeuta a quien ella acudía con regularidad, me contestó que mi trabajo no sería comprendido por el público corriente.

Ha llegado la hora de acabar con eso. Ha de hacerse justicia sobre el esfuerzo constante de los desafíos porque somos profesionales que nos enfrentamos a todo para preservar la verdad, aun pagando tan alto precio. Precio de estar fuera de la “cajita” y de no acobardarnos ante esas verdades fabricadas sobre quiénes somos y cómo tenemos que comportarnos. Precio de mostrar que somos libres y que no tenemos que someternos a ningún patrón, quienquiera que sea. Precio de abrir mano del sosiego y de la vida personal para atender un caso difícil. Sí, es un precio muy alto y sin casi ninguna recompensa.

Muchos profesionales, posiblemente, se identificarán con este texto, pero todavía es posible un cambio en esa mentalidad.

Bueno, en cuanto a mí, a estas alturas del campeonato, ¡ya no tengo el menor interés en ello!


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