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La fórmula del éxito


por Flávio Bastos - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Desde tiempos inmemoriales el término “éxito” viene acompañado de valores relacionados con el poder, o sea, el status social, el dinero, posesiones, felicidad, en fin, con los valores materiales que satisfacen al ego. Una persona de éxito es, reconocidamente, la que consigue triunfar en la vida…

Con todo, esos valores añadidos a la cultura materialista del poder y el éxito, con el paso de los siglos han venido originando el orgullo, la ambición, la vanidad, el egoísmo y la violencia en sus múltiples facetas.

Por tanto, hoy, gran parte del mal que se halla en la humanidad tiene su origen en la receta del éxito basada en valores que desde hace milenios generan la competitividad, las disputas desleales, la corrupción y la ambición desmedida.

Este sistema – o ciclo vicioso – viene realimentándose por sí, y la “fórmula del éxito” viene comiendo el coco a millones de personas por todo el planeta. Individuos que, en su obsesión de alcanzar el éxito, hacen cualquier cosa para perjudicar al rival. Y, envuelta en energía deletérea, la competitividad avanza, consumiendo cuerpos, mentes y almas…

El hombre necesita descubrir – porque para la mayoría permanece encubierta – la antítesis de la fórmula del éxito, como nuevo paradigma que ha de crearse a partir de uno mismo.

La nueva receta será interior. Los valores que habrán de construir la nueva estructura psico-espiritual transformarán el nuevo paradigma en la anti-violencia que apaciguará corazones y abrirá horizontes para la evolución del espíritu.

Vengo observando esa tendencia en algunas personas, que traen consigo el “gen” espiritual de la nueva era de importantes transformaciones para la humanidad. Ese “gen”, en verdad, acompaña al hombre desde tiempos remotos, pero la ceguera existencial, cimentada en valores materialistas, ha venido impidiendo que esa inherencia humana se convierta en realidad planetaria.

Por ejemplo, en estos últimos años, muchas experiencias regresivas que he acompañado como psicoterapeuta vienen revelando la parte buena de personas que en otras vidas se han implicado en actividades relacionadas con la caridad y la sanación. Esos individuos fueron médicos, enfermeros, científicos, bienhechores anónimos, profesores o sanadores que profundizaron en el conocimiento y manipulación de plantas nativas, de energías sutiles, en el don de la videncia y la premonición, entre otros, como forma de promover el bien y de realizarse como personas o profesionalmente.

Con todo, las regresiones han revelado los motivos de que esas personas se sientan frustradas en la profesión que actualmente ejercen, o sea, en la vida actual, en la cual, estimuladas por la fórmula del éxito materialista, han desplazado el eje de su esencia que permanecía sintonizado en el “gen espiritual” programado para continuar lo que habían empezado en vidas pasadas…

Lo que verdaderamente somos se halla – encubierto – en nuestra esencia. Pero si perseveramos en el bien, ese velo se descortina y se revela a la luz de la conciencia.

No debemos tener miedo de practicar y promover la bondad. Si traemos ese gen espiritual en nosotros se debe a que no podemos llevar la contraria a nuestra naturaleza, ser diferentes de lo que somos.

Algunas personas que traían en sí esa condición espiritual dedicada al bien, al hacer regresión y volver a vivir experiencias pasadas, reforzaron esa tendencia con modificaciones en sus actitudes e incluso con cambios profundos en su vida profesional. Otras canalizaron su potencial de cura hacia actividades religiosas. La mayoría se ha beneficiado con incremento de su valoración personal – y profesional – a través del nuevo descubrimiento de valores que tenían perdidos en los rincones del tiempo o ahogados por valores adquiridos en la vida actual.

La fórmula del éxito, por tanto, es única e intransferible. Depende de cada individuo el reencontrarse consigo mismo, y ese “reencuentro” independe de recetas condicionadas por valores que no se compaginan con el significado de felicidad. Si nos encontramos profesionalmente frustrados, esto indica que debemos seguir la pista de ese sentimiento en busca de la felicidad posible.

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