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La Fuerza del Ho´oponopono


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Cuando entré en contacto con el Ho'oponopono por primera vez, fue a través de un correo que contaba la historia de un terapeuta hawaiano que había curado a todo un pabellón de enfermos mentales criminales, sin siquiera entrar en contacto con ninguno de ellos... claro que aquello me pareció un milagro y en principio algo imposible de suceder, pero... como creo en milagros y como lo escrito tenía sentido para una parte de mí... Gracias a Dios me decidí a probar... digo gracias a Dios porque aquel correo fue uno de los mejores regalos que haya recibido nunca en mi vida.

A partir de aquello he ido compartiendo aquí mis experiencias con el Ho'oponopono y buscando más informaciones que siempre venían en buena hora, arrojando un poco más de luz sobre el proceso.
Sin embargo, lo que yo más hacía era practicarlo, por entender que la práctica era mucho más importante que la comprensión, y los resultados que alcanzaba no me dejaban duda de que estaba funcionando... Pero como soy curiosa también buscaba toda la información posible sobre el Ho'oponopono...

Con el tiempo he ido recibiendo retornos de muchas personas que también se beneficiaban con esa práctica y cada vez más el Ho'oponopono iba siendo parte fundamental de mi vida y revelándome su fuerza.
Las memorias equivocadas no dejaban de funcionar intentando colocarme en dudas y dificultades, pero siempre eran vencidas por las palabras mágicas ¡Lo siento mucho, Perdóname, Te Amo, Gracias!

Uno de los puntos en que notaba mayor dificultad, como mucha gente, era el asumir el 100% de la responsabilidad por todo lo que está en mi realidad... Pero el propio Ho'oponopono nos va revelando la sabiduría que hay ahí... y a medida en que vas limpiando las memorias equivocadas que crean tu realidad día tras día... más Inspiración Divina te lleva a percibir de forma simple y clara la verdad del Ho'oponopono.

Como nos dice Mabel Katz en su libro El Camino Más Fácil, asumir el 100% de la responsabilidad es el camino más corto. Cuando nos damos cuenta de que es solamente nuestra programación mental lo que nos impide ver las cosas con clareza, dejamos de echar la culpa a factores externos y decidimos asumir la responsabilidad. Entonces las puertas del paraíso se abren para nosotros y alcanzamos un estado de infinitas posibilidades.
Claro que cuando tenemos certeza de la verdad en aquello que estamos practicando esto es un incentivo más para persistir en su práctica, pero con independencia de que lo comprendamos o no, de que creamos en ello o no... el Ho'oponopono funciona. Ya lo he podido comprobar innumerables veces por la experiencia de personas que al principio no creían y otras que lo practicaban de forma simple sin tratar de comprenderlo... En el proceso del Ho'oponopono la mente racional no tiene forma de comprender, porque la sanación es mucho más abarcadora que lo que la mente puede alcanzar...

Un fragmento de la entrevista que el Dr. Len concedió a Cat Saundes:
El Ho'oponopono es muy sencillo.
Para los antiguos hawaianos, todos los problemas empiezan con el pensamiento. Pero el problema no está en el simple pensar. El problema ocurre cuando nuestros pensamientos están impregnados de memorias dolorosas respecto de personas, lugares o cosas.
El trabajo intelectual por sí solo no es capaz de resolver estos problemas, porque la función del intelecto es solo administrar. Y no es administrando las cosas como se resuelven los problemas. ¡Lo que quieres es librarte de ellos!
Cuando haces el Ho'oponopono, lo que sucede es que la Divinidad recoge los pensamientos dolorosos y los neutraliza o purifica. No se trata de neutralizar o purificar a la persona, el lugar o la cosa. Lo que queda neutralizada es la energía que está asociada a esa persona, lugar o cosa. Por tanto, la primera fase del Ho'oponopono es la purificación de la energía.
Entonces, he aquí que ocurre algo maravilloso. La energía no es solamente neutralizada; también es liberada, y todo queda limpio. Los budistas lo llaman Vacío. El último paso es permitir que la Divinidad entre y colme el vacío con luz.
Para hacer el Ho'oponopono, no hace falta que sepas cuál es propiamente el problema o el error. Solo tienes que darte cuenta de que estás teniendo un problema, sea físico, mental, emocional o cualquier otro. Tan pronto lo percibas, es tu responsabilidad empezar inmediatamente la limpieza, diciendo: Lo siento mucho. Perdóname, por favor.
La fuerza del Ho oponopono es tan grande que es capaz de cambiar la vida de una persona, pero para ello hay que practicarlo... Muchas veces, solo lo hacemos en los momentos de grandes sufrimientos como última tentativa de librarnos del dolor, y después lo dejamos de lado... El Ho'oponopono puede hacerse para todo lo que nos incomoda, para lo que quiera que se presente fuera como un problema, debemos preguntar qué es lo que en nosotros está causando aquel problema, e iniciar la limpieza de las memorias equivocadas...
Esa limpieza diaria nos va haciendo más fuertes y cada vez nos da una mayor seguridad en que siempre podemos hacer algo, en cualquier cosa que se nos presente como problema, siempre podemos limpiar la causa, una vez asumimos el 100% de la responsabilidad. y como las memorias son compartidas, al limpiar en nosotros limpiamos en el todo.
La forma en cómo pasamos por las cosas pasa a marcar toda la diferencia. si lo que antes parecía sin solución y tenernos con las manos atadas, ahora pasa a ser visto como el efecto de memorias que pueden ser liberadas. Lo que parecía sin solución ya no se mira así.

Lo mismo que yo, otras muchas personas también empezaron con el Ho'oponopono a partir de aquel correo que cuenta la historia de un terapeuta hawaiano. que comparto con vosotros:

EL HO'OPONOPONO - por Joe VitaleHace dos años oí hablar de un terapeuta en Hawái que curó a un pabellón entero de pacientes criminales dementes sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del preso y, a continuación, miraba hacia dentro de sí mismo a fin de ver cómo había creado la enfermedad de aquella persona. En la medida en que él mejoraba, el paciente también mejoraba.

La primera vez que oí esto pensé que se trataba de alguna leyenda urbana. ¿Cómo podía alguien curar a otro, solo a través de curarse a sí mismo? ¿Cómo podía, aunque fuese el maestro con el mayor poder de auto-curación, curar a alguien criminalmente insano?
No tenía ningún sentido, no era lógico, de modo que descarté esa historia. Pero volví a oírla al cabo de un año. Supe que el terapeuta había empleado un proceso de cura hawaiano llamado "Ho'oponopono". Nunca había oído hablar de él, sin embargo no era capaz de quitarlo de la mente. Si la historia era realmente verdadera, yo tenía que saber más. Siempre supe que total responsabilidad significa que yo soy responsable por lo que pienso y hago. Lo que esté más allá, está fuera de mis manos.
Considero que la mayor parte de la gente piensa lo mismo sobre la responsabilidad. Somos responsables por lo que hacemos y no por lo que hacen otros. Pero eso es erróneo.

El terapeuta hawaiano que curó a esas personas mentalmente enfermas habría de enseñarme una nueva perspectiva avanzada sobre lo que es la total responsabilidad. Su nombre es Dr. Lhaleakala Hew Len.
Pasamos, probablemente, una hora hablando en nuestra primera conversación telefónica. Le pedí que me contase toda la historia de su trabajo como terapeuta. Él me explicó que había trabajado en el Hospital Estatal de Hawái durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los locos criminales era peligroso.
Por regla general, los psicólogos dimitían tras un mes de trabajo allí. La mayor parte del personal del hospital se ponía enfermo o dimitía. Las personas que pasaban por aquel pabellón simplemente caminaban con la espalda pegada a la pared, por miedo a ser atacadas por los pacientes. No era un lugar bueno para vivir, ni para trabajar, ni para visitar.

El Dr. Len me dijo que nunca vio a los pacientes. Firmó un acuerdo para tener una sala en el hospital y revisar sus historiales médicos. Mientras leía esos historiales, él trabajaba sobre sí mismo. Mientras él trabajaba sobre sí mismo, los pacientes empezaron a curarse. "A los pocos meses, los pacientes que estaban encadenados recibieron permiso para caminar libremente", me dijo. "Otros, que tenían que estar fuertemente medicados, empezaron a tener su medicación reducida. Y aquellos que no tenían jamás cualquier posibilidad de ser liberados, recibieron el alta". Yo estaba asombrado. "No ha sido solo eso", continuó, "hasta el personal empezó a ir a trabajar más gustosamente". El absentismo y los cambios de personal han desaparecido. Terminamos con más personal del que necesitábamos, porque los pacientes eran liberados y todo el personal venía a trabajar. Hoy, aquel pabellón del hospital está cerrado".
Fue en este momento cuando tuve que hacer la pregunta del millón de dólares: "¿Qué fue lo que usted se hizo a sí mismo para ocasionar tal cambio en aquellas personas?"
"Yo simplemente estaba curando aquella parte de mí que los había creado", dijo él.
No comprendí. El Dr. Len entonces me explicó que entendía que la total responsabilidad por nuestra vida implica todo lo que está en nuestra vida, por el simple hecho de estar en nuestra vida y ser, por ello, de nuestra responsabilidad. En un sentido literal, el mundo entero es creación nuestra.
¡Guau! Pero esto de difícil de tragar. Ser responsable por lo que digo y hago es una cosa, pero ser responsable por lo que dice y hace otra persona que está en mi vida es muy diferente.

A pesar de todo, la verdad es esa: si tú asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que miras, escuchas, saboreas, tocas o experimentas de cualquier forma, es de tu responsabilidad, simplemente porque está en tu vida. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, está allí para que tú la cures. Todo esto no existe, en realidad, a no ser como proyecciones que salen de tu interior. El problema no está "en ellos", sino en ti, y para cambiar esto, eres tú el que tiene que cambiar.
Sé que eso puede parecer difícil de entender, más aún de aceptar o de realmente vivenciar. Echar la culpa a otra persona es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad, pero mientras charlaba con el Dr. Len, empecé a comprender esa forma de curación suya y que el Ho'oponopono significaba amarse a sí mismo. Si deseas mejorar tu vida, debes curar tu vida. Si deseas curar a alguien, aunque sea un criminal mentalmente enfermo, lo harás curándote a ti mismo.
Pregunté al Dr. Len cómo hacía para curarse a sí mismo. Qué era exactamente lo que él hacía cuando miraba los historiales de aquellos pacientes.
"Yo, simplemente, permanecía diciendo 'Lo siento mucho' y 'Te amo', una y otra vez", explicó.
"¿Solo eso?"
"¡Solo eso! Ocurre que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo y a medida en que te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo".
Permíteme, ahora, poner un rápido ejemplo de cómo funciona esto.
Un día alguien me envió un correo que me desequilibró.

En el pasado yo hubiese reaccionado trabajando mis aspectos emocionales tórridos o intentado argumentar con la persona que me había enviado aquel mensaje detestable.
Sin embargo, esta vez decidí probar el método del Dr. Len.
Empecé a pronunciar, en silencio: "Lo siento mucho" y "Te amo". No lo decía para alguien, en particular. Permanecía, simplemente, invocando el "espíritu del amor", para que él curase dentro de mí lo que estaba creando aquella circunstancia externa. Al cabo de una hora, recibí un correo de aquella misma persona, disculpándose por el mensaje que me había enviado. Yo no había llevado a cabo ninguna acción externa para recibir tal disculpa. Ni siquiera había contestado aquel mensaje. Y sin embargo, tan solo con repetir "lo siento mucho" y "te amo", de alguna manera curé dentro de mí aquello que había creado en aquella persona.
Posteriormente participé en un taller sobre el Ho'oponopono, impartido por el Dr. Len.

Él tiene ahora 70 años de edad, está considerado "chamán abuelo" y es un poco solitario. Elogió mi libro "El Factor Atractivo". Me dijo que, a medida en que yo me vaya mejorando a mí mismo, la vibración de mi libro aumentará y todos sentirán lo mismo cuando lo lean. En resumen, a medida en que yo mejore, mis lectores también mejorarán.
Y ¿qué pasará con mis libros que ya he vendido y ya han salido de mí?" pregunté.
"Ellos no han salido", explicó él, tocando mi mente, una vez más, con su sabiduría mística. "Ellos están aún dentro de ti. Porque nada está por el lado de afuera".
Sería necesario un libro entero para explicar esa técnica avanzada con la profundidad que se merece. Sin embargo, he aprendido que basta únicamente el "querer" en nuestra vida para curar y que no hay más que un lugar donde ir a buscar la curación: dentro de uno mismo. "Para curar, basta amor".

Este es uno de aquellos mensajes que, literalmente, cambian nuestra vida.
Ya hemos oído muchas veces que creamos nuestra realidad, que el mundo es un reflejo de lo que somos, que somos todos uno, que todo empieza y termina en nosotros, etc., etc. Pero una cosa es oír eso, otra es verificar si, de hecho, comprendemos la esencia de esas afirmaciones. No obstante, en mi humilde opinión, pese a la sencillez de ese mensaje, éste "suele hacer caer la ficha". ¡Y eso es muy sencillo!

Para todos - y cada uno: " ¡LO SIENTO MUCHO!" "¡TE AMO!"


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Rubia A. Dantés é Designer, cria mandalas e ilustrações em conexão...
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