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La garra de la pobreza

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 28/09/2008 09:55:16


por Wilson Francisco - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Susi trabajaba como encuestadora, nada había conseguido... ¿Sabes aquellos días en que parece que todo está bloqueado? Llegó la tarde, sin éxito alguno. Estuvo indecisa. Si abandonase, volviendo a la empresa, perdería la diaria, a que tenía derecho si permaneciese de servicio hasta las 22 horas.
En aquel momento se le pasó por la cabeza un universo de comandos, de los padres, diciéndole que era mejor continuar, por lo menos tendría la diaria... “más vale pájaro en mano que ciento volando.”
Se veía mirando por la ventana, aún pequeñita, admirada con tantas cosas que podría estar haciendo en la calle, pero no se atrevía. La orden era no exponerse, era niña, tenía que quedarse en casa, cumplir las obligaciones. Por otra parte, una fuerza latente dentro de sí la empujaba a dar otro rumbo a su vida. Sí, podría salir a la calle, jugar y estar con sus amigos, nada malo le pasaría.

Y nuevamente estaba allí, ahora en la calle, con pensamientos, temores y dudas revoloteando en su cabeza. De pronto, lo decidió. Telefoneó a su madre, preguntando si ella iría al Centro Comercial, como de costumbre en las tardes soleadas. Al otro lado, la madre, ahora desoprimida de los conceptos antiguos, lo confirmó. Saldría a pasear. Ella, de pronto, fue hasta la empresa, devolvió la diaria y corriendo se dirigió al lugar donde estaba su madre.

La garra de la pobreza había sido vencida, finalmente. Ella había conseguido quitar de sus hombros y pensamientos, un amontonado de conceptos y obligaciones que albergaba en su interior desde niña.

No hago apología de la pereza o de la irresponsabilidad. Pero es importante que siempre tengamos plena conciencia de lo que hacemos por nosotros mismos. Obsérvate en el día-a-día y descubre cuántas actitudes realizas en favor de ti mismo. ¿O tú eres todavía de aquellas criaturas que piden permiso para vivir? Que no miden esfuerzos para atender las necesidades de las demás personas, aunque perjudiquen las suyas. Y a cada actitud que realizas para alguien, surge la fantasía de que estás abriendo una puerta en el cielo.

Craso error. En el cielo sólo entrarán aquellos que hagan lo mejor para sí, que sean felices con sus iniciativas, que atiendan a los anhelos de su alma, realizando lo mejor para su cuerpo y para su esencia.

Alguien, dominado por el miedo a vivir, me sopla aquí al oído un aviso: ¿pero será eso verdad, Wilson? Respondo: eso lo he aprendido con un hombre divino que vivió aquí en el Planeta Azul hace dos mil años. Su nombre: Jesús. Él enseña que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Y yo entiendo que eso es así, porque sin amarnos, sin atender a nuestras necesidades primarias, no podremos hacer algo por el prójimo. Es preciso que te encuentres feliz, haciendo el Bien para tu familia, atendiendo a lo que reclaman tus hijos, para que puedas hacer algo por tu vecino o en los orfanatos y hospitales.

Susi, aquel día, se respetó a si misma, y en vez de castigarse por no haber atendido al programa de trabajo de la empresa, se regaló un paseo, en el cual se dio un relax y almacenó energías para el resto de la semana. Dicho y hecho, en los días posteriores llevó a cabo su trabajo con pleno éxito. El trabajo con resultados no lo es todo en la vida. Todo en la vida lo eres tú. Las dificultades, todas, que envuelven tu vida son pasajeras, tú eres eterna. Las personas que están a tu lado no saben exactamente lo que hay en tu corazón y pensamiento, sólo tú lo sabes. Hay, sí, otro ser más que conoce detalles de tu intimidad, de tus sueños y temores: Dios. Entonces, si tienes que atender a comandos en la vida, repórtate a los divinos. Estos son esenciales y pueden conducirte a la paz y a la alegría.

Respecto de premios y puniciones, me ha gustado lo que escribió el autor de “Marley”, un libro que narra las experiencias de un perrito y sus dueños. John tiene una forma especial de lidiar con Marley. Cuando hace pis en el suelo del salón, el “padre” le riñe y pone gesto severo, sin embargo cada vez que el perro hace pis fuera, en el lugar apropiado, John arrima su mejilla a la cabeza de Marley y acaricia su pelaje.

Ciertamente, a través de esa actitud de su dueño, el animal entenderá perfectamente ese mecanismo de punición y premio que existe aquí en la Tierra. Pero ¿será que existe ese proceso entre los humanos? O todavía sólo tenemos ojos para los errores y coraje para las puniciones. Y atiende, que incluso para contigo misma, las actitudes que tienes pueden estar desprovistas de cariño, ¿o será que tú te premias tanto cuanto te condenas por alguna tontería que cometes?

“Amarse a sí mismo” es una lección que debe estar escrita en un papel perfumado y pegado en el frigorífico de casa o dentro del coche, bien a la vista, para que durante la vida no nos olvidemos de eso.

Una cliente se separó del marido, en el papel, pero por dificultades de ambos, permanecieron viviendo en la misma casa. La relación, llena de conflictos, continuó, naturalmente. Y ella se sometía, años y años, por motivos que inventaba, uno de ellos, la hija: qué será de ella...

Despachó para bien lejos ese argumento miedoso cuando un día la hija le dijo que al cumplir dieciocho años se iría de casa, porque ya no soportaba aquellas discusiones y entendía que era hora de que la madre diese nuevo rumbo a su vida. Que le brindaría su apoyo y estaría con ella. Pero el miedo o la acomodación continuaron dominando las actitudes de la madre. Un día, tomó la gran decisión de su vida, conversó con el ex marido e hizo efectiva la separación, ahora de hecho.

¿Todo resuelto? No, porque en las semanas siguientes ella fue “tomada” por un sentimiento extraño, no se le quitaba el hombre de la cabeza y se sorprendía preguntándose a sí misma, cómo se las estaría él arreglando con la comida, la ropa, etc. y tal. Pues bien, hizo falta mucha conversación e incentivo para que viese en aquella actitud suya un camino para su felicidad. Ella poseía en su interior comandos severos de sus padres y de la sociedad, que en aquel momento daban prioridad a los demás y no a ella misma.

Fui categórico en nuestra conversación. Hazte ese regalo, a ti y a tu hija. Una casa llena de armonía, una vida de trabajo y éxitos. Pasea, busca nuevamente las cosas que te hacen feliz. Él estará bien, y eso ni siquiera te importa tanto, porque no era una unión ungida por Dios, porque en una relación donde hay discordia, desatención y falta de respeto, nada es divino.
En nuestra vida, un camino debemos recorrer, y es el de respetarnos y armonizar actitudes para que hagamos lo mejor para nosotros mismos. Y si tú eres de esas que insisten en pensar en los demás y en la humanidad en general, queda en paz, porque cuando curas tu alma, ciertamente estarás curando a todos cuantos están a tu alrededor. Y en los momentos en que la pobreza de sentimientos de amor propio amenace los tesoros de tu corazón, deshazte de los temores mediante esta sencilla Oración Sufí: ”Vengo de una fuente perfecta y estoy comprometida con un objetivo perfecto. La luz del Ser Perfecto está encendida en mi alma. Vivo, me muevo y tengo mi ser en Dios. Y nada en el mundo, del pasado o del presente, tiene el poder de tocarme o dominarme. Si yo me elevo por encima de todo.”


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