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La incerteza quántica

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 22/03/2018 10:12:05


por Gesiel Albuquerque - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

No obstante lo mucho que se ha teorizado respecto de la poca búsqueda de las llamadas "verdades universales", el hombre ha venido aumentando su estructura de conocimiento a lo largo de muchos años de pesquisas y deliberadas tentativas científicas, a fin de encontrar respuestas que expliquen la existencia de vida en el Planeta Tierra.

A pesar de todo, los estudios sobre lo mecánico de la existencia en sus diversas formas de manifestación, aún no han posibilitado al hombre llegar a un denominador común, y exclusivo, para determinar el resultado de esas divisiones matemáticas, ampliamente planteadas en miles de operaciones físico-químicas y biológicas que pueda proporcionar alguna plausibilidad a las justificativas tradicionales.

Quizá la gran cuestión de la razón científica, pautada en la búsqueda de las certezas de los parámetros, sea identificar las incertezas que rigen las leyes cuánticas de la Creación. Significa permitirse aceptarlo así cuando una cosa que parecía ser, no es; y cuando otra que no parecía ser, es.

El principio de la incerteza es una constatación de la física cuántica, a través de las pesquisas del físico alemán Werner Heisenberg (1901-1976). Según él, para prever la posición y velocidad futuras de una partícula es necesario medir su posición y velocidad actuales. Para poder observarla, es preciso incidir sobre ella un rayo de luz. Si la longitud de onda del rayo incidido es prolongada (menos intenso), influirá menos sobre el movimiento de esa partícula, haciendo posible observar, por ejemplo, su probable velocidad. Proporcionalmente, cuanto más prolongada sea la longitud del rayo de onda, mayor será la distancia y, también, la incerteza sobre la posición de la partícula. Ocurrirá lo contrario si la longitud de esa onda es más corta.

De forma aparentemente paradójica, el principio de la incerteza trae modificaciones significativas en el modo de analizar los fenómenos existenciales en lo que atañe a su previsibilidad. Según los parámetros tradicionales de la Física, es imposible prever acontecimientos con precisión, por no ser posible mensurar con exactitud el estado del universo.

Con el advenimiento de la mecánica cuántica, sin embargo, viene siendo posible prever varios resultados de una observación y su respectiva probabilidad, tomando conocimiento de sus acontecimientos en cada uno de los futuros estados posibles del universo. Tal verificación se concretiza aplicando la ecuación del fotón (E=h.v), en que la constante de Planck (h = 6, 63×10-34J.s.) es parte fundamental.

El concepto de la incerteza cuántica estremece las bases de la ciencia cartesiana, pues sus postulados se muestran compulsoriamente avanzados en relación a algunas formas de entender el concepto dinámico de los cuerpos en toda la Creación. Siendo así, podemos estar inseridos en este contexto porque formamos parte de ese todo energético, tanto desde el punto de vista físico (denso), como de la constitución anatómica de la materia (energía) y sus estados: sólido, líquido, gaseoso y plasma.

Somos energía. Es una constatación redundante, pero que hace falta recordar. Afirmo esto porque cuando se piensa en cuerpos del universo, es común imaginarlos físicamente; pero no hay que olvidar que la materia física (tal como la vemos) es simplemente energía condensada, y que la densidad es solo una de las características de la materia.

La naturaleza de la Creación es por sí incierta. Nada está en el lugar como parece, aunque todo esté cumpliendo su función regularmente, atendiendo a una programación mayor, a la cual muchos llaman dios; otros, mente cósmica o mente infinita.

No importa el término con que se designe esta fuerza desconocida, pues lo más importante es tener la noción del inmenso poder de transformación propagado por esta mente creadora en cada rincón del mundo. Sea en el plancton o en el éter cósmico, todo está grabado y programado para funcionar en continuo cambio. Intentar comprender esta manera de actuar del poder creacional es realmente la cuestión más compleja, y quizá imposible, debido a lo incipiente de nuestros modelos cuánticos de manifestación.

Si el universo y sus leyes se comportan así, los individuos, específicamente los humanos, no iban a proceder de manera diferente. En la existencia todo es probable, ya que estamos, igualmente, compuestos de materia (partículas) cuyo comportamiento es ampliamente incierto en todas las modificaciones y en cualquier estado. Pese a todo, es posible intuir determinados acontecimientos partiendo de catalizar otros comportamientos dentro del sistema mediante el espectro luminoso, amonestado de manera incierta. Esto casa, por ejemplo, con el concepto cartesiano del karma.

El principio esotérico del karma, por cierto, está basado en la teoría newtoniana de la acción y reacción, fortalecida por el heliocentrismo de Nicolás Copérnico (1473-1543). Según los estudiosos de las "leyes espirituales del sufrimiento", a toda acción corresponde una reacción proporcional. Esto es ipsis literis lo que decreta la tercera ley de Isaac Newton (1643-1727) que dice: "para toda fuerza aplicada, hay otra de mismo módulo, misma dirección y sentido opuesto". Sin embargo, cualquier físico en inicio de carrera puede detectar cuán enraizada está dicha ley en la certeza de la dinámica de los cuerpos y en las fuerzas aplicadas sobre ellos. Asimismo, cualquier esotérico más estudioso percibirá la fragilidad de la teoría kármica.

Pero es en la incerteza de la naturaleza de las cosas, sin embargo, donde se puede analizar el comportamiento de los cuerpos dentro de sistemas herméticos considerados caóticos. De ese presupuesto, se puede desprender que (sin querer confundir) la razón de la lógica puede ser, probablemente, la no-lógica de todo, o la no permanencia de todo. Así, todo cuanto se intente explicar por la exactitud. podrá estar todavía impreciso, porque el comportamiento de las partículas cuánticas es misterioso. Quizá sea eso: todo dependerá de lo que incida sobre las micro y macro partículas de la Creación (animales, conciencias, cuerpos celestes, humanos, seres microscópicos, moléculas, vegetales, etc.).

Somos conciencias cuánticas habitando receptáculos de materia condensada. Si no fuese de esa forma, no podríamos expresar nuestra presencia en esta dimensión densificada.
Pese a todo, nuestro potencial no está en la densidad, sino en la sutileza de la composición química, física y biológica de nuestros centros de fuerza, los cuales están conectados a toda energía universal. Así, debemos percibirnos como seres sutiles, pues nuestra permanencia en la Creación se verifica por infinitos haces de quanta grabados en las dimensiones e infra-dimensiones eternas.Por tanto, la incerteza de la naturaleza cuántico-existencial nos permite percibir cuán interconectados estamos los unos a los otros y que no formamos parte de un mundo únicamente, sino que estamos presentes en toda obra del Creador. Es decir, tenemos porciones de energía en varios universos (físicos o no), que poseen velocidad y posiciones propias en el eterno ahora, intrínsecamente dependientes de las fuerzas ejercidas sobre su trayectoria.

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