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La inutilidad de la pena y en qué difiere ésta de la compasión


por Andre Lima - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

El sentimiento de pena a menudo parece inevitable. Al presenciar el sufrimiento de personas cercanas y a veces incluso de personas que no conocemos, se abate sobre nosotros un malestar emocional al que llamamos “pena” o “lástima” del otro. Sabemos que sentir pena del otro no ayuda a nadie a salir de la situación en que se encuentra. Peor todavía, nos hace sufrir innecesariamente. Aparte de eso, las actitudes que adoptamos con base en el sentimiento de pena para ayudar a otras personas, tienden a perjudicar nuestra vida y, la mayor parte de las veces, lo cierto es que no ayudan al otro.

Por sentir pena de los hijos, los padres dejan de poner límites y les ayudan excesivamente, perjudicando su desarrollo. Otras personas dejan de despedir empleados, y perjudican su negocio. Si el negocio no va bien, deja de crecer o incluso cierra, muchas más personas se verán perjudicadas. Las relaciones entre parejas se deterioran.

Tuve una cliente que entabló relaciones con un muchacho que tenía una historia de vida muy difícil y sufrida. Ella estaba en buena situación económica, y él, siempre pasando por muchas dificultades. El sentimiento de pena que surgía al ver la situación del novio la llevaba a ayudarlo de una forma un tanto desproporcionada: prestándole dinero constantemente, haciéndole obsequios para ayudarle a montar su apartamento, de tal forma que incluso se perjudicaba en su propia condición. El novio sabía cómo servirse del juego de la pena para lograr lo que quería. Por una serie de motivos, la relación terminó. Él continúa debiendo una suma importante (y según todo indica, no piensa pagarla), buscó otra relación, y hace lo mismo con la nueva pareja. Y mi cliente se sintió lastimada, enojada y frustrada, obviamente.

Esta misma cliente pasó por una pérdida familiar. Veía a su madre sufriendo mucho, llorando por los rincones de la casa y le daba mucha pena. Eso le causaba un sufrimiento que ciertamente no suavizaba en nada el que su madre sentía.

Lo que estoy intentando demostrar es la inutilidad del sentimiento de pena. Y cuán perjudicial puede ser, tanto para quien lo siente como para aquel que es objeto del sentimiento, pues recibe incentivos para no crecer y mantenerse como está.

No sé qué pensáis de la actitud de dar limosna. En mi opinión, es un acto basado en el sentimiento de pena, que realmente no ayuda. Por el contrario. Cuando das una limosna, es como si le dijeses al otro: “La situación es de veras muy complicada. Es difícil, ciertamente, encontrar un empleo, una “chapuza”, un trabajo. No creo, o me parece muy improbable, que seas capaz de salir solo de esa, por ello aquí tienes esta ayuda”.

Y así ayudamos a bajar todavía más la autoestima del otro. Éste se conforma con aquella migaja que gana e interioriza cada vez más que aquel es su destino. Hay también otros factores que llevan a la gente a dar limosna (culpa, creencias religiosas, creencias sobre el dinero, etc.), como asimismo hay más factores que llevan a los seres humanos a mantenerse en la posición de recibir limosnas, pero no quiero analizar esto ahora tan profundamente.

Hay personas que tienen el vicio de sentir pena de los demás. Que dejan de hacer por sí mismas, sufren con el otro, lo ayudan en exceso, se perjudican, viven eternamente haciendo cosas para aliviar el sufrimiento de otras personas con el propósito de sentirse más en paz. Pero es imposible eliminar el sufrimiento de las otras personas. Tratar de sentirse en paz de esa manera es un intento inútil.

¿Cuál es la solución, entonces? ¿Convertirse en una persona insensible, indiferente, que no ayuda ni se conmueve con el sufrimiento de nadie? ¡No! Hay personas que piensan que solo hay que ser “malo” para dejar de sentir pena y de sufrir con los demás. En lugar de sentir pena, podemos sentir compasión. Es totalmente diferente.

Mientras que el sufrimiento de la pena es pesado y nos hace sufrir, cuando sentimos compasión reconocemos el sufrimiento del otro, podemos ayudar y ser solidarios, pero sin sufrir con lo que no es nuestro, y sin perjudicar nuestra vida. Por eso puedes seguir siendo una persona buena, sensible, solidaria.

Para sentir compasión es preciso comprender que cada persona arrastra su propio sufrimiento, que hay razones para ello (aunque todavía sean incomprensibles), que aquel sufrimiento de alguna forma ayudará a esa persona a crecer, y que todo el mundo tiene la capacidad propia de superar las adversidades, sean éstas cuales fueren. Pensando y sintiendo así habremos de adoptar actitudes más positivas, dejando que el otro tenga su aprendizaje, y sin perjudicarnos emocional y materialmente, pues lograremos ayudar en la medida correcta.

¿Cómo identificar si estamos sintiendo pena? Es sencillo, si sufres al pensar en el sufrimiento del otro, si te inquietas y pierdes tu paz, si arrastras un “peso” emocional, una angustia por no poder hacer nada (o aun haciendo algo todavía te sientes mal), si perjudicas tu vida para ayudar, en fin… si de alguna forma tu bienestar se ve afectado, eso es que estás sintiendo pena.

Pero seguramente estarás pensando que es muy bonito hablar sobre la compasión, solo no sabes cómo sería posible llegar a ese estado emocional. Tener la comprensión racional del sentimiento es el primer paso. Modificar el estado emocional es lo que puede no ser tan fácil.

Para ayudar en ese proceso yo utilizo la *EFT (técnica para auto-limpieza emocional, véase al final del artículo cómo recibir un manual gratuito). En los casos que atiendo es muy común que durante el trabajo terapéutico surja el sentimiento de pena. Como éste también es un sentimiento negativo, y como todo sentimiento está ligado a bloqueos en los meridianos de acupuntura, es posible aplicar la EFT (que sirve para disolver cualquier tipo de emoción negativa) y llegar al estado emocional libre y leve que es justamente el sentimiento de compasión. Es más sencillo de lo que imaginas. Si aún no has empezado a aprender esa técnica, baja el manual gratuito ¡y comienza ya!

André Lima - EFT Practitioner. *EFT - Emotional Freedom Techniques
es la acupuntura emocional sin agujas. Enseña a desbloquear la energía estancada en los meridianos, de forma fácil, rápida y extremamente eficaz, proporcionando la cura para cuestiones físicas y emocionales. Tú mismo puedes auto aplicar el método. Para recibir un manual gratuito de esa técnica y comenzar ya a beneficiarte, haz clic aquí.


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