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La ley de la cosecha


por Bernardino Nilton Nascimento - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Nuestros pensamientos, actos y palabras vuelven a nosotros más temprano que tarde, y con una asombrosa exactitud. Tal es la ley de la cosecha, es decir, del retorno. Todo aquello que sembramos, lo vamos a cosechar.

El mundo gira y nosotros giramos juntos. No te quepa duda de que en esas innumerables vueltas ciertamente reencontraremos nuestros propios pensamientos y actos, que vienen como dardos que apuntan a nuestra conciencia y a nuestro corazón. Un proverbio antiguo dice: “nada sucede sin un espectador” (y uno de ellos es nuestra conciencia). Para que la alegría o la tristeza se materialicen es preciso eliminarlas del mundo de la imaginación, de nuestros pensamientos. Con ello estaremos eliminando un mal mayor. Si formamos una imagen mala de algo o de alguien, peor será ella para nosotros y para quienes nos rodean.

Todo el mundo conocerá la verdad un día. Y a través de ella nos libertaremos de todos los miedos que nos atormentan. Así, experimentaremos el cáliz de la libertad, y todo lo que venga a nosotros llegará por el conocimiento de la ley espiritual, por la ley de la cosecha.

El mundo está recogiendo todo lo que ha sembrado, pero no debemos lamentarnos, sino que por el contrario, debemos reaccionar con pensamientos positivos. Los deseos poseen mucha fuerza, y siempre deben ser conducidos objetivando el bien y la justicia; en caso contrario, cuando pensados y materializados, producirán confusiones y ruinas, como en el pasado. El paso más importante y el primero que hay que dar es, con toda nuestra fuerza interior, pedir con satisfacción lo que es justo. Debemos pedir, siempre, solo aquello que nos pertenece por derecho.

“Una señora recibió del Banco un billete falso, aunque solo se dio cuenta al llegar a casa, al cabo de algunas horas. Ante la situación, se vio sin salida. ¿Cómo probar al cajero que aquel billete había salido del Banco?
Después de cenar, en conversación con la familia, recordaron que ella, unos días antes, había gastado una broma a una amiga, entregándole varios billetes de dinero de juguete. La chica, que estaba necesitada de ayuda económica, se puso muy contenta, pero triste de inmediato al percibir que no era más que una broma. El marido, que solo escuchaba, prontamente se manifestó diciendo: “Es la ley de la cosecha. Lo único que puedes hacer es practicar el perdón y neutralizar la situación. Pide perdón a tu amiga y, en pensamiento, perdona al cajero del Banco”. Una sola situación para dos perdones. Por eso ocurren cosas inexplicables, que nos hacen buscar la verdad dentro de nosotros, puesto que allí es donde está, haciéndonos ver que los actos han de practicarse de manera íntegra.

El conocimiento de la ley de la cosecha nos da el poder de “borrar errores”. No podemos forzar nuestro mundo exterior a ser lo que no somos interiormente, en nuestra conciencia, en nuestra alma y en nuestro corazón. Si deseamos la riqueza, antes debemos ser ricos en nuestra conciencia. Hay personas que saben distribuir bien el dinero, y con ello se hacen más ricos. Otros solo piensan en ahorrar más de lo que es justo, pero pronto se empobrecen.

La ley de la cosecha siempre apoya a aquel que gasta sin temor y con inteligencia. Ella apoya a quienes saben donar. Esa ley, que también es de la gracia, nos libera de todos los miedos y sufrimientos. Es la ley de la donación del amor.

En este plano material, cosechamos lo que hemos sembrado. Si sembramos pensamientos buenos, de felicidad para el prójimo, las dádivas divinas se derramarán sobre nuestro corazón. “Todo cuanto existe debajo del cielo te pertenece”. Ese estado continuado de placer y de prosperidad aguarda a quienes logren equilibrar sus pensamientos en el mundo material y espiritual, y que, ante las persecuciones, dificultades y obstáculos, dicen en su interior: “Yo solo, con Dios, soy mayoría”. El pensamiento negativo solo atrae aflicción y disgusto. En la ley de la cosecha, los pensamientos profanos del ahora son la enfermedad del mañana. No hablo de la enfermedad del cuerpo, sino de la conciencia, del alma, y para que lo sepas: duele profundamente en el corazón.

La historia filosófica del mundo se resume en tres puntos: fatalidad, causa y efecto (ley de la cosecha) y libre albedrío. Sea cual fuere el camino que se abra ante ti, piensa en positivo, sé positivo y pronto apreciarás la fuerza que el bien habrá de ejercer en ti.

BNN


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