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LA SALUD, TU MAYOR TESORO


por Vera Marfeza - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Mucho se habla sobre la salud, el bienestar, la calidad de vida, pero ¿nos preocupamos realmente por ello? ¿Cuidas tu oído cuando entras en un lugar ruidoso donde tienes que gritar para ser oído? ¿Cuidas tus ojos, tus pulmones, cuando entras en un lugar cerrado, donde hay decenas de personas fumando desesperadamente? Para quien no lo sepa, los fumadores son considerados suicidas cuando desencarnan, sin contar, claro, los consumidores de drogas y alcohol. Pero volviendo al cuidado de tu salud, ¿piensas en tu cuerpo cuando comes cosas grasientas hechas en lugares poco saludables, carnes rojas, carne de cerdo considerada como una de las carnes más contaminadas que se puedan ingerir, o verduras y frutas sin lavar? ¿Piensas en tu sistema digestivo cuando paras en un restaurante de comida rápida, para tomar un tentempié apresurado de basura industrializada, que hoy es una preocupación en todos los países por ser causa de obesidad en los niños? ¿Te paras a pensar en lo que le estás haciendo a tu hígado cuando lo sometes a un exceso de trabajo para bloquear la acción del alcohol en tu organismo, buscando agua hasta en tu cerebro para defenderte, mientras tú entusiásticamente consumes vasos y más vasos de cerveza (aunque ésta sea de bajo contenido alcohólico), güisqui, aguardiente, o cualquier otra bebida con alta concentración de veneno etílico? ¿Eres de aquellos o de aquellas que considera la gimnasia una bobada para narcisistas, y que no tienes tiempo para ello, mientras tu cuerpo se resiente y empieza a dar señales de avería, empezando por las articulaciones?
Es con pesar como anuncio: - "¡La Humanidad está enferma!" Ha recibido un cuerpo físico en condiciones saludables, la mayoría de las veces, y camina frenéticamente hacia su destrucción. La Modernidad no nos ha facilitado la vida. Nos ha bloqueado, nos ha paralizado.

Nuestro ADN está siendo modificado, gradualmente. Ya no soporta la ingestión de carnes, principalmente las rojas. Se resiente de los alimentos contaminados con pesticidas, se resiente de los ambientes con aire acondicionado, y de los llenos de humo de tabaco.

Voy a contaros una experiencia mía, reciente, que definitivamente me ha encendido la señal de alerta. Desde muy pronto, aunque no tuviese la atención de los cuidados de una familia que me dejaba enfermar a todo instante, yo tenía por segura mi resistencia orgánica. Me vanagloriaba con el paso de los años de tener la salud de la llamada "vaca premiada" como decía mi añorada abuelita Mariazinha. Lo tenía por seguro y no lo dudaba. Cuando hice mi Cura Kármica, dejé fuera la cura de las enfermedades, al fin y al cabo, no tenía ninguna. Más adelante conocí los 5 ritos tibetanos, enseñados en el libro La Fuente de la Juventud, de Peter Kelder. Son posturas corporales, como de yoga, que habrán de llevarse a cabo diariamente. Esos ejercicios limpian todo tu cuerpo y se consideran poderosísimos; y en la página 30 se hace constar una advertencia que yo alocadamente no leí. Era para que se tuviese cuidado, pues podrían aparecer enfermedades programadas de antemano para manifestarse o no. He aquí que en el sexto día de ejercicio que ya iba a todo vapor y en un crescendo peligroso, cuando despierto sin ver nada por uno de los ojos. Estaba literalmente ciega del ojo izquierdo. No es preciso contar el pánico en que caí, pues luego me vino a la mente que yo tengo que trabajar continuamente, que no tengo ningún tipo de pensión o jubilación, y que en este momento no tengo derecho ni a ponerme enferma ni a morir. Tengo un hijo que mantener y facturas que pagar. Tardó bastante en caer la ficha. Y cuando cayó, me acordé de que no había curado las enfermedades cuando hice la Cura Kármica, y por ello la vida trataba de indicármelo. Bueno, fui al mejor oftalmólogo para tener un diagnóstico, y allí recibí las informaciones biológicas de lo ocurrido. Para sorpresa mía, se había manifestado una enfermedad hereditaria, agravada por el estrés, por la edad (más de 50 años), y que no avisa. La degeneración macular. Tenía que atiborrarme de coles, que es uno de los alimentos con mayor índice de luteína, un aminoácido que no deja a los radicales libres atacar tu mácula (tejido del fondo del ojo). Bueno, empecé a atracarme de luteína y corrí enseguida a mis amigos multidimensionales, pero no antes de ir a los Señores del Karma y pedirles que curasen esa dolencia.
Estoy poco a poco volviendo a ver y a percibir que nuestra salud es nuestro mayor y más rico bien en la Tierra. Un consejo: si hacéis la Cura Kármica, tened como prioridad la curación de las enfermedades, ¡nunca se sabe!


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