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La venganza nuestra de cada día


por Andre Lima - andre@eftbr.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Hay diversos tipos de venganza, desde las más graves en las cuales alguien puede cometer un crimen para reparar otro crimen padecido, hasta otras vengancillas que cometemos inconscientemente en nuestro día a día. Veamos las razones que nos llevan a proceder de esa forma.

Cuando sucede algo que consideramos injusto, sentimientos molestos de rabia e injusticia se manifiestan inmediatamente y nos causan sufrimiento. Obviamente, queremos estar en paz y deseamos librarnos lo más pronto posible de estos incómodos sentimientos. Intentaremos algunas estrategias, casi siempre equivocadas, con el propósito de apaciguar nuestra inquietud.

Lo ideal sería que trabajásemos dentro de nosotros mismos para sanar ese sufrimiento, sin la dependencia de nada proveniente de otras personas. Pero nuestra reacción automática es querer que algo ocurra en el exterior para poder volver a estar en paz. Esto sucede porque consideramos, consciente o inconscientemente, que nuestro bienestar depende de factores externos. Puede surgir, por ejemplo, el deseo de que el otro reconozca su error. Y si esto sucede y hay una petición de disculpas sincera (y quizá una reparación del daño causado) la persona que se ha sentido víctima de injusticia vuelve a quedar en paz.

Solo que buena parte de las veces el otro no cree haber hecho nada equivocado, o incluso sabe que sí, pero no lo reconoce, o bien, aunque lo reconozca no hay forma de reparar el daño causado.
Continuaremos entonces con nuestro molesto sentimiento de rabia e injusticia y con la urgencia de liberarnos de ese sufrimiento lo más pronto posible.

En tales casos puede surgir el deseo de infligir sufrimiento a la persona a quien consideramos causa de nuestra desazón. Y ¿por qué ocurre esto? De alguna forma nos sentimos mejor cuando el otro se siente mal. Mejor dicho, tenemos una falsa sensación de bienestar cuando aquel que nos causó sufrimiento está ahora sufriendo. Es como si tuviésemos un dispositivo interno que compara nuestro grado de felicidad con el de la otra persona. Si nos parece que estamos más miserables que el otro, eso nos deja aún más frustrados. Pero si tenemos la percepción de que al otro le va mal, de preferencia peor que a nosotros, entonces es como si sintiésemos cierto alivio.

Atendí a una chica a la que había dejado su acompañante. Era siempre ella la que dominaba y terminaba las relaciones. Pero en este caso ocurrió todo de manera diferente, lo cual le hizo sentir mucho enojo contra su ex. Durante el atendimiento hicimos bastante aplicación de *EFT para disolver los resentimientos.

Ya al final del atendimiento, los sentimientos eran bastante menos intensos. Pero ella relató un deseo, el de que en una relación venidera él pasase por lo mismo que ella había pasado. Había una necesidad de que él sufriese. Era como si eso le fuese a aportar un placer que aliviaría su propio sufrimiento. O sea, todavía quedaba cierto nivel de resentimiento. Si ella ya estuviese en paz al cien por cien, no tendría necesidad de que él pasase por situación alguna. Fue preciso entonces profundizar en el trabajo hasta que ella se liberase de esa necesidad, y eso fue lo que ocurrió.

El sentimiento de venganza es una prisión. Es una ilusión donde creemos que necesitamos ver o tener noticias del sufrimiento de la otra persona para que nuestra sensación de injusticia quede suavizada.

La venganza puede ser de varias formas. Puede ser un acto de violencia física, una agresión verbal, o también darse de forma más sutil. Cuando guardamos resentimientos contra las personas cercanas con quienes nos relacionamos diariamente, vamos practicando pequeñas venganzas en nuestras interacciones.

Hablar mal de alguien por la espalda en la tentativa de propagar una mala imagen es una forma de venganza. La venganza puede venir disfrazada de comentarios maldosos e ironías durante la conversación con la persona con quien estamos resentidos. Podemos asimismo criticar, despreciar, tratar con frialdad, desdeñar (disimulándolo a veces como buen humor) o bien lanzar una mirada "atravesada". Son tentativas de alcanzar al otro, de intentar minar su autoestima.

En algunos casos podemos intentar hacer que la persona se sienta culpable. Demostramos toda nuestra ira e indignación para que ella sufra con el sentimiento de culpa, pero ese efecto no siempre se produce.

También sucede el querer que el otro sepa que estamos mejor que él para poder sentirnos superiores. Es una tentativa de hacer que la otra persona se sienta inferior.
En otro caso que atendí, el de una mujer que había sido traicionada y abandonada por su pareja, había un intenso deseo de que él se enterase de que ella había aprobado unas oposiciones y de cuanto ganaba, pues sabía que él no andaba bien de finanzas. Pensar en esto le traía aquella sensación de placer típica de la venganza. A través de ese mismo mecanismo podemos querer superar a nuestros padres, ser mejores que un hermano, prosperar más que el ex socio que fue desleal, al objeto de que se sientan inferiores, lo cual nos da la ilusión de ser superiores.

Siempre que nuestro bienestar dependa del comportamiento o de los sentimientos de otros, nos hacemos prisioneros emocionales. La ira o el sentimiento de injusticia es una energía que está dentro de nosotros y puede ser curada con independencia de lo que pueda ocurrir en el exterior.

Por detrás del sentimiento de ira existe también una falsa creencia de que estamos castigando a la otra persona. Claro que eso no funciona. "Sentir enojo hacia alguien es como tomar un veneno y esperar que el otro muera". No sé de quién es esa frase, pero estoy plenamente de acuerdo. Los resentimientos nos quitan la energía, bajan nuestra autoestima, nos hacen adoptar un patrón de víctima, roban nuestra creatividad y, así, dejamos de crear una vida mejor en el presente momento.

Todas esas formas de venganza, desde las más graves hasta las más sutiles, son signos claros de los disgustos, enojos y resentimientos que todavía guardamos. Algunas personas dicen que ya han superado ciertos acontecimientos de su vida, pero mirando más atentamente, identificando sus deseos de venganza, observamos que esto aún no ha sucedido.

La verdad más grande es que nuestra paz interior depende exclusivamente de nosotros mismos. Esto puede ser difícil de creer o de aceptar, pero cuando empezamos a mirarlo así, es muy liberador. La EFT nos ayuda de una forma muy simple y eficaz a disolver toda esa negatividad para devolvernos aquello que estábamos esperando que los demás o la vida nos diesen: el bien más precioso, que es nuestra paz interior.André Lima - EFT Practitioner. *EFT - Emotional Freedom Techniques
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