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La Verdadera (y la Falsa) rebeldía joven

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 09/04/2011 10:24:11


por Mauro Kwitko - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

En mi época, ser joven era ser rebelde, independiente, infringir las normas, cambiar ese mundo carca de mis padres y abuelos, disfrutar la música moderna que tocaban las radios y los programas de la televisión, y así era como tenía que ser, así era como yo quería ser y lo mismo los demás jóvenes.

Más tarde ya me fui haciendo hombre, fui conociendo jóvenes y ellos pensaban como pensaba yo cuando era joven, que ser joven es ser rebelde, independiente, infringir las normas, cambiar este mundo carca de sus padres y abuelos, disfrutar la música que tocan las radios y las televisiones, y así es como tiene que ser. ¿Les parece repetitivo lo que estoy escribiendo? Pues bien, ha sido a propósito, sigamos.

Cuando llegué a carroza, ahora sesentón, acercándome al tercio final de este actual tránsito por la Tierra, he ido conociendo los nuevos jóvenes y ellos quieren ser rebeldes, independientes, infringir las normas, cambiar este mundo carca.

Los jóvenes que me están leyendo estarán pensando: pero ser joven es eso, ser rebelde, independiente, contravenir las normas, cambiar el mundo ¡eso es ser joven! Mi parte (todavía) joven está de acuerdo, pero veámoslo punto por punto:

1. Ser rebelde
Enteramente de acuerdo en ser rebelde, pero ¿contra qué y cómo? Hay dos maneras de ser rebelde: rebelarse contra la sociedad, contra tu padre, tu madre, la familia, contra un sector de la clase política, la corrupción, las injusticias sociales, el hambre, la miseria, la violencia… negativa o positivamente. ¿Cómo son estas dos maneras?

La preferida por los jóvenes, si no fuesen llevados por la imagen creada de “Ser joven es…” sería la rebeldía positiva, o sea, proponerse ser diferente, un ser humano mejor, procurar dar ejemplo, o sea, si los adultos carcas fuman, no fumar; si beben, no beber; si son complacientes, no ser complaciente; si algunos políticos son corruptos, no ser corrupto; si la injusticia social, el hambre, la miseria, la violencia en Brasil y en el mundo le molesta, meterse en oenegés, Asociaciones, Entidades, que luchan contra ello, a fin de que un día nadie más pase hambre, ni viva en la miseria, para que se acabe de una vez la violencia.

Un cierto sector de los jóvenes se rebela de forma negativa, fumando, bebiendo, drogándose, yendo mal en los estudios, viviendo en la noche o encerrándose en sí mismos, deprimiéndose, enrabietándose, en fin, con una manera de rebelarse que los conduce a su propia destrucción, en una canalización mal encaminada de su fuerza joven, de su indignación, que debería ser positiva. A los primeros les felicito, pues llegarán a cambiar el mundo; a éstos les doy un consejo: proceded de modo diferente de lo que no aprobáis, no seáis iguales, pues estáis manteniendo el mundo exactamente tal como es, o incluso empeorándolo.


2. Ser independiente
Hay dos maneras de querer ser independiente: una considerándose independiente pero, en realidad, siendo prisionero del mensaje mediático, que lo ha convencido de que ser joven independiente es fumar, beber, “aprovechar la vida”, ser alocado, medio atolondrado, que es el estilo norteamericano y europeo de ser joven… La otra manera es ser independiente de hecho, evitando seguir aquello que los mensajes comerciales impulsan, interesados en convertir a los jóvenes en meros consumidores. Ser independiente es mandar en uno mismo, pero para ello el joven debe desarrollar cierto discernimiento, cierta visión crítica respecto de lo que le entra por los ojos y por los oídos. Si es un mensaje positivo o negativo, si tiene por objeto incitarlo a emplear su fuerza joven y su indignación positivamente, para mejorar el mundo, o bien para “aprovechar la vida”, argumentándole que es una sola, que la juventud pasa rápida, que tiene que hacer todo cuanto puede, antes de – ¡qué horror! – convertirse en adulto, y peor todavía, ¡hacerse viejo!
En Oriente es un orgullo hacerse viejo; aquí en Occidente es motivo de vergüenza.

3. Transgredir las normas
Una de las normas que los jóvenes deben contravenir es la creada por algunos segmentos de la industria y del comercio, de que “Ser joven es ser atolondrado”; ¡esa debe infringirse, definitivamente! Algunos programas de radio, películas y sitios web de Internet impulsan esa concepción, ¡ella debe ser infringida totalmente! Jóvenes de Brasil: ¡infringid esa norma!
Pero una norma que nunca debe ser contravenida es la regla moral que dice que los jóvenes deben esforzarse en emplear su energía y fuerza joven para mejorar el mundo, para acabar con el hábito de fumar, de beber, de consumir otras drogas, y saber emplear su tiempo para colaborar en organizaciones sociales, espirituales, humanitarias.
¡Esa norma debe ser inmediatamente adoptada! En lugar de ir a la placita a fumar un porro, o de ir al bar a tomar cerveza y a echar un palique, en vez de pasar horas y horas frente al televisor mirando programas que activan nuestros chakras inferiores o en el ordenador “chateando”, jugando o pasando el rato, rebelarse contra esto y buscar una Institución donde poder unirse a personas que trabajan para ayudar a los pobres, a los hermanos abandonados, necesitados, enfermos. ¡Esa es una excelente rebeldía!
Una norma que no debe ser quebrantada es la que dice que los jóvenes deben estudiar, ser inmejorables alumnos, para convertirse en profesionales y trabajar en empresas, en órganos gubernamentales, que se caractericen por tener una actividad que ayude a acabar con la injusticia social, con el hambre, la miseria, con la violencia en el Brasil y en el mundo.

4. Cambiar el mundo para mejor.
¡Esta ha de ser la principal actividad y la meta de los jóvenes! Para ello los jóvenes deben percibir lo que empeora el mundo, lo que lo mantiene tal como está y lo que puede mejorarlo a fin de que un día llegue a ser como todos queremos, nosotros, los utópicos.
Por ejemplo, un joven es idealista y quiere mejorar el mundo, en cambio va a trabajar a una fábrica de cigarrillos o de bebidas alcohólicas, o a una distribuidora de esas drogas, o a algún lugar donde se impulsa su venta. ¿Dónde ha quedado su ideal? Lo que ocurrirá muy probablemente es que llegará a matar su sueño y se convertirá en un adulto cínico e hipócrita, sabedor de que lo que hace no es bueno para el mundo, que trabaja en un lugar que no tiene la preocupación social de ser útil a la gente, cuyo único objetivo es vender y ganar dinero.

A los adultos que ya fueron jóvenes y se han despistado de su ideal y a los jóvenes que son bombardeados diariamente por los mensajes “jóvenes” de “Cómo debe ser un joven …” sugiero cuidado, discernimiento. Mirad lo que estáis haciendo con aquel deseo de mejorar el mundo, de que tengamos una sociedad más justa, más humana, más digna. ¿Lo estáis cumpliendo, o solo yace adormilado, o muerto, dentro de vosotros?

Ser rebelde es emplear el poder de la indignación positiva y ayudar a transformar el mundo.


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