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La vida pasa, pero el sentimiento queda


por Flávio Bastos - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

El vacío interior es una sensación extraña que muchas personas – más de las que imaginamos – sienten durante gran parte de su vida. Algo en que el individuo no consigue definir con exactitud lo que le molesta, pero que representa un malestar psíquico en forma de insatisfacción generadora de melancolía, frustración, desesperación y, en casos más complicados, hastío de la vida.

Angustia originada por la privación o ausencia de algo que es – o fue – significativo para la persona, el vacío interior resulta en somatización en el organismo humano, donde la depresión encuentra “terreno fértil” para hincar sus bases.

No obstante, los psicoterapeutas que lidian con la naturaleza interdimensional de sus pacientes saben que la sensación de vacuo interior tiene su historia íntimamente ligada a las vivencias del espíritu inmortal. Historia que añade un nuevo capítulo con cada reencarnación, convirtiendo la experiencia vital en un ciclo vicioso que se encaja en el patrón conductual de la persona.

En tal sentido, es innegable que en la educación responsable, transmitida por padres biológicos o sustitutos amorosos y equilibrados, se encuentra la misión del educador. Sin embargo, como sabemos, no siempre esa relación ideal se establece entre padres e hijos, y la falta de las figuras de referencia suele originar secuelas psíquicas que se manifiestan en la vida adulta en forma de desequilibrios psico-espirituales.

Imaginemos, al acompañar ese razonamiento, al espíritu encarnado que trae en su equipaje de muchas vivencias la secuela del abandono o de la ausencia. Experiencias en la relación con sus padres que se repiten vida tras vida, originando, de esa forma, un modelo de comportamiento compatible con la queja que la persona lleva a conocimiento del terapeuta…

Por este motivo la naturaleza ha sido pródiga en asociar el amor, la ternura y la afectividad a la figura del niño. Justamente para despertar en los padres y educadores en general los sentimientos necesarios e imprescindibles para una educación responsable y de calidad.

Por tanto, el amor transmitido por la educación consciente, es la única forma natural de recuperación para aquellos espíritus que en su modelo conductual traen desajustes psíquicos. En ese sentido, el amor en la relación padres-hijos puede, en una única encarnación, convertirse en factor de cura del desequilibrio que viene acompañando a ese espíritu desde hace mucho tiempo…

El caso que a continuación presentamos revela que por detrás de los síntomas de la persona en tratamiento hay una larga historia conductual de rasgos depresivos. Hecho cuya profundidad y esencia no percibe la ciencia oficial, al enfocar su investigación en una única infancia del individuo. Y, al no percibirlo, pierde en calidad en el sentido de proporcionar al paciente un mejor nivel de auto-descubrimiento que tenga por objeto la auto-curación de su padecimiento psíquico.

PRESENTACIÓN DE CASO

Cristina, la hija del medio de una relación complicada, llega al consultorio con la queja de sentir un vacío interior, o sea, una insatisfacción latente, una falta de sentido para la vida. Aparte de un historial de tratamiento químico para la depresión.

Durante las sesiones de psicoterapia de orientación psicoanalítica, se observó la producción de traumas psíquicos en su infancia. Traumas originados en la relación con un padre ausente, distante, y en la relación con una madre desequilibrada emocionalmente. Secuelas que se manifiestan actualmente en forma de sufrimiento psíquico.

Con todo, algo fue registrado como relevante durante las primeras sesiones del proceso terapéutico, o sea, el sentimiento – o sensación – de que el vacío que siente la viene acompañando desde los primeros años de su infancia. Esa información fue el indicativo para encaminar la regresión de memoria, experiencia en que ella tuvo acceso, vía sentimientos, a situaciones de otras vidas que sintonizaron con su queja principal.

EXPERIENCIA REGRESIVA

En la regresión a la vida actual, Cristina accede a una situación en que era bebé, y pronto un sentimiento de abandono materno se apodera de ella mediante una inmensa manifestación catártica. La experiencia había sido un acontecimiento significativo en su vida y estaba directamente relacionada con su angustia de vacío interior.

En la secuencia, Cristina se percibe en un lugar alejado de la civilización. Describe las ropas que usa y la tarea que ejecuta en aquel momento. Es una pobre campesina que con su rústica herramienta prepara la tierra para el cultivo. Pese a ser una mujer joven, siente en el cuerpo los efectos del trabajo duro, y en la piel la inclemencia del sol y de los vientos de aquella región. Desharrapada, siente un profundo disgusto por aquella vida que considera de privaciones. Identifica, en el campesino que trabaja próximo a ella, al hombre de su última relación, que duró siete años, y hacia quien no alberga sentimiento positivo.

En la segunda vivencia, Cristina se percibe viviendo en una ciudad de características medievales. Tiene una pareja de hijos que describe como de piel clara, cabellos rubios y ojos azules. Su marido es buena persona, pero confiesa que no siente atracción física hacia él debido a que es de baja estatura, obeso y mofletudo. Con el paso de los años ella se percibe separada de esa persona y viviendo con un “hombre de uniforme”, según registra. Sus hijos ya son adolescentes y el hombre es muy severo con ella y con los hijos. Entonces, una sensación de vacío y de infelicidad determina su elección: huir con los hijos y abandonar al hombre de uniforme. Sin embargo, el mismo sentimiento la acompaña hasta el final de aquella vida, en que se siente sola y desamparada.

COMENTARIO

Cuando asociada a la psicoterapia, la regresión tiene el mérito de rescatar de la memoria aquello que el individuo necesita para elaborar su propia curación, aparte de despertarlo para potenciales hasta entonces desconocidos de su naturaleza interdimensional.

Cristina es una persona sencilla, sin conocimiento ni experiencias en el ámbito de las teorías reencarnacionistas. Por este motivo, me impactó una frase que dijo a continuación de la experiencia regresiva: Doctor, ¿cómo es posible que yo haya sido una persona rubia, de piel clara y ojos azules? Cuestionamiento comprensible porque en la vida actual Cristina es morena clara, de ojos y cabellos oscuros…En verdad, su experiencia regresiva fue rica en la propuesta original: investigar su inconsciente más allá de la infancia actual, o sea, situaciones de otras vidas que sintonizasen con el “vacío interior” como característica integrada a su modelo conductual. Y la regresión reveló que esa tendencia la acompaña desde otras vidas, como rasgo inconfundible de su carácter y temperamento. Esa es la finalidad de la Psicoterapia Interdimensional: enfocar el problema y redimensionarlo en su amplio contexto, cuyos orígenes se hallan íntimamente relacionados con la trayectoria del espíritu inmortal. Y en tal sentido, Cristina empieza a comprender que, para liberarse de su histórico malestar psíquico, necesita colmar la sensación de vacío interior con la aceptación y la práctica de valores que promuevan su crecimiento integral.
Observación: el verdadero nombre de la persona ha sido preservado.

www.flaviobastos.com


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