La vida siempre actúa para nuestro bien...

La vida siempre actúa para nuestro bien...

Autor Osvaldo Shimoda

Assunto STUM WORLD
Atualizado em 12/10/2008 15:06:04


Traducción de Monica Aliss - [email protected]

...aunque no lo podamos entender.
La vida no es una ciencia exacta, por lo tanto, no puede ser comprendida únicamente dentro de la óptica del raciocinio lógico, cartesiano.
Querer entenderla buscando respuestas de los porques de nuestros problemas, de determinados hechos en nuestras vidas – a través de nuestra mente racional, del ego -, no conduce a nada ya que la mente del ego no tiene la profundidad necesaria para las cuestiones más complejas. La vida guarda sus propios secretos y sólo los va revelando a medida que estamos preparados para conocerlos. Si ella extendió un velo sobre determinados problemas que estamos pasando, es siempre para nuestro bien.

En la T.R.E. (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológica y espiritual breve, canalizada a través de mí por los Espíritus Superiores del Astral, los pacientes vienen en busca de respuesta a sus indagaciones, a sus problemas. Obviamente, todos vienen con el objetivo de saber la causa y de resolver sus problemas. Sin embargo, siempre les digo a mis pacientes que la T.R.E. es una “cajita de sorpresas” ya que no se puede prever como el mentor espiritual de cada paciente vaya a conducir la terapia, o qué es lo que él irá a mostrar como causa de sus problemas. El mentor espiritual (también llamado por el catolicismo ángel de la guarda, o guía espiritual por umbanda y candomblé) es un ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual. Por conocer profundamente al paciente, ya que lo viene acompañando en varias encarnaciones, es objetivo, cuidadoso, sólo revelando al paciente aquello que le es útil, necesario y, por lo tanto, jamás revelaría algo que lo perjudicara. Mi papel como terapeuta es el de facilitar el proceso de comunicación entre el paciente y su mentor espiritual, o sea, busco abrir el canal de comunicación para que el mentor espiritual del paciente pueda orientarlo mejor acerca de sus problemas.

En esta terapia, el mentor espiritual revelará al paciente la causa de sus problemas, así como su resolución. Sin embargo, existen casos (10% de mis pacientes) en que el paciente sale de la terapia sin ninguna respuesta por no estar listo, maduro para saber la verdad en relación a sus problemas. En estos casos el paciente no regresa a su pasado – de esta o de otras vidas – causante de su(s) problema(s), y, en ningún momento entra en contacto con su mentor espiritual. En el artículo anterior “Cuando el discípulo está listo, el maestro aparece”, aproveché este dictado hindú secular para explicar mejor la relación entre el paciente (discípulo) y su mentor espiritual (maestro). Estos pacientes no se comunican con su mentor espiritual por varias razones más o menos comunes: incredulidad y escepticismo exacerbados, menta cerrada acerca de temas relacionados a la espiritualidad, o sea, al mundo espiritual, reencarnación, vida después de la muerte, presencias espirituales, etc. Muchos, sea por falta de esclarecimiento en la parte espiritual o mismo por ser excesivamente racionales, queriendo entender todo a través de una explicación lógica, cartesiana, no están todavía maduros, preparados para entrar en contacto con la causa de sus problemas, o con lo que su mentor espiritual le revelará. En cierta ocasión, en una de las sesiones de regresión, un paciente, al atravesar el portón de un jardín (el portón es un recurso técnico que utilizo en esta terapia y funciona como un “portal de espiritualidad” que es la propia barrera de la memoria del paciente – velo del olvido del pasado -, que separa el plano terrenal del espiritual, el presente del pasado) vio una pareja de seres espirituales desencarnados – sus mentores espirituales – esperándolo en un jardín celestial. El hombre, un señor de barba y cabellos grises, vistiendo una túnica blanca, le dijo: “Mientras tú no perdones a tu enemigo, tu dolor se duplicará”. Después de escuchar a su mentor espiritual, el paciente lo interpeló diciendo: “¡Cuanta estupidez que está diciendo!”. Su mentor espiritual nuevamente le aconsejó repitiendo lo que había dicho y se retiró del jardín.
La mentora espiritual cariñosamente tomó de su mano y lo llevó hacia fuera del portón (portal) cerrándolo delicadamente. El paciente me preguntó sorprendido: “¿Es impresión mía o los mentores espirituales me expulsaron del jardín?”. Le dije que su mentor espiritual le había dado el mensaje y que ahora le cabía a él seguirlo o no de acuerdo a su libre arbitrio. Nuevamente me preguntó: “¿Terminó la terapia?”. A lo que respondí que sí ya que lo que su mentor tenía para decir había sido dicho en la terapia (Esa era la 4ta. sesión de regresión). Su orgullo, su prepotencia, la falta de humildad le impedían reconciliarse con su desafecto a través del perdón. Por lo tanto, no estaba todavía maduro y preparado para liberarse de su problema.

Caso Clínico:
Dificultad de expresar sus pensamientos y sentimientos.
Mujer de 50 años, casada, tres hijos.


Vino a mi consultorio por dos motivos: bloqueo financiero y bloqueo en la comunicación.
-1) Bloqueo financiero: no prosperaba, no conseguía juntar dinero (el dinero “se escurría entre los dedos”).
-2) Bloqueo en la comunicación: desde niña era cerrada, reservada. Tenía miedo de compartir, de hablar de sus problemas a su marido y de que éste la criticara. Por lo tanto, no comentaba nada, prefiriendo guardarse para ella misma sus problemas. Su marido siempre se quejaba porque la paciente era muy callada, muy reservada, porque no compartía sus cosas con él. Cuando discutía con su marido, no conseguía argumentar, defenderse, permanecía callada, lloraba, sintiéndose incomprendida. Por lo tanto, no conseguía ser sincera y espontánea con él.
En la regresión relató:
“Veo a un hombre con una pala, la imagen se forma y desaparece…estoy acostada en un agujero, desde ahí veo el cielo, está claro, es un día soleado”.
- ¿Cómo te sientes acostada en ese agujero? – Pregunto a la paciente.
“Nada confortable. Tengo la impresión (la paciente intuye) que ese hombre va a tirar algo encima de mí con la pala. No puedo salir de ese agujero…Siento mi pecho sofocado. (La paciente respira jadeando). Tengo la impresión que tira tierra encima de mí. Creo que estaba casada con él, y creo que lo traicioné con su amigo. Él se venga queriendo enterrarme vida. Yo vivía en una casa de piedra incrustada en una colina, en el medio del campo. Es una época antigua. Veo la luz prendida de las ventanas de las casas de los moradores. Es de noche, estoy dentro de mi casa cocinando. Uso ropa de época antigua, falda larga, delantal gris por encima de la blusa y una toca en la cabeza. Soy morena, más baja de lo que soy ahora, debo tener unos 25 años. Una persona entra en casa (pausa). Es ese hombre, él es mi marido. Él usa una capa y un sombrero negro que esconden su fisonomía, se queda cerca de mí, cerca al fogón de leña y no dice nada (pausa). Yo me siento incómoda con la presencia de él. Ahora está acusándome de algo y no sé responder. Me está diciendo que lo traicioné con su amigo, pero no salí con nadie, yo no lo traicioné (la paciente habla llorando). No se si alguien le llenó la cabeza y le dijo alguna cosa (pausa).
Veo una mujer observando, espiando la escena (a mi marido acusándome) desde afuera de la ventana de mi casa. Ella es blanca, utiliza las mismas vestimentas de aquella época y parece ser más joven que yo. Ella sólo permanece espiando desde la ventana. Le digo a mi marido que no pasó nada, que están inventando todo, que yo no hice nada. Él no me cree, está muy enojado, me arrastra fuera de la casa entrando en la selva. Veo aquel agujero en el suelo. Él me arrastra hacia allá (pausa). Ahora veo la misma escena inicial del cielo y yo dentro del agujero. Él me está mirando desde arriba. Él permanece caminando, duda, no consigue tirar la tierra, permanece rodeando el lugar” (Pausa).

- Avance más para adelante en esa escena – pido a la paciente.
“Él dice que es para que yo aprenda a no hacerle eso. Yo le digo nuevamente que no hice nada (la paciente llora), pero él no me cree, está muy trastornado. Él también es mi marido en la vida actual. En esa vida pasada no tuve hijos. Siento mucho miedo de él, era muy sumisa (la paciente me dice que su marido actual comentó en cierta ocasión que ella debería ser sumisa a él). Él no parece ser un hombre violento, pero está trastornado. Él me va a enterrar, aunque no lo quiera hacer ya que la rabia es mayor. Yo me siento sofocada (la paciente respira con mucha dificultad, jadeando)”.

- Avance más adelante en la escena – pido a la paciente.
“Yo morí, estoy en espíritu fuera del agujero. Lo veo totalmente cubierto de tierra. Me siento más liviana, estoy viendo a mi marido volver para la casa. Aquella mujer que estaba espiando por la ventana lo consolaba. Fue ella quien armó la intriga. Yo me siento perdida, no se para donde ir. Estoy disgustada con él por no haber creído en mí, por haberme tirado en ese agujero. Me siento juzgada injustamente, incomprendida – la paciente llora – (pausa).
Ahora estoy caminando en una niebla blanca, tiene un destello, una luz en el frente. Estoy yendo en su dirección. Hay alguien que extiende su mano para que yo entre en esa luz. Es una mujer…Ahora estoy sentada en el banco de un jardín del plano espiritual. Ella me pide que me tranquilice, que no tenga más miedo. Yo únicamente lloro, no consigo hablar. Me siento injustamente juzgada por algo que no hice. Ella es mi mentora espiritual, me pide que me tranquilice y me dice que todo va a pasar, que las cosas se van a resolver. Me pide también que no me aleje de Dios, que me aproxime más a Él, y dice que la solución a mis problemas vendrá en su debido momento. Me dice que debo confiar más en mi intuición, que debo prestarle más atención. Dice que en la vida pasada no conseguí defenderme de mi marido, que sólo lloraba, y que en la vida actual vengo repitiendo la misma dificultad, el mismo problema. Me pide tener calma y confiar ya que todo se resolverá. Asegura que lo que necesitaba saber en la terapia ya lo recibí”.

- Pregunte a su mentora espiritual si fue ella quien la intuyó a venir a mi consultorio.
“Dice que sí, cuando vi sus artículos en el Site respecto a esta terapia. Le está agradeciendo. Repite una vez más que necesito tener paciencia, que las cosas se van a resolver no en el tiempo que yo quiera sino en el tiempo en que las cosas deben suceder, en el tiempo de ellos (el tiempo del plano espiritual es diferente al del plano terrenal). Ella se está alejando hacia un destello, una luz intensa”.

En el final del tratamiento, después de haber pasado por cuatro sesiones de regresión, la paciente me relató que no tenía más miedo de expresar lo que pensaba o sentía, no sólo con su marido, sino también con sus hijos. Ahora, en una discusión conseguía argumentar, expresar su punto de vista sin miedo, sin bloqueos. Antes, se sentía afligida, lloraba sin conseguir expresar lo que pensaba y sentía.

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Shimoda
é terapeuta com mais de 40 anos de experiência e 60 mil sessões de regressão já realizadas. Criador da Terapia Regressiva Evolutiva TRE, professor e pesquisador das terapias integrativas e do desenvolvimento espiritual, com atuação dedicada ao estudo da consciência, dos processos terapêuticos profundos e da formação de novos terapeutas. Reconhecido por sua abordagem ética, responsável e acolhedora, Osvaldo Shimoda desenvolveu e estruturou metodologias terapêuticas que auxiliam pessoas em seus processos de autoconhecimento, equilíbrio emocional, expansão da consciência e desenvolvimento espiritual.
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