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Las dimensiones del miedo


por Flávio Bastos - flaviolgb@terra.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

"Tú tienes una relación contigo mismo, así como con otras personas. Y ya has vivido en muchos cuerpos y en muchas épocas. Por tanto, pregúntate por qué todo es tan aterrador. ¿Por qué temes asumir riesgos razonables? ¿Temes por tu reputación, te da miedo lo que otros puedan pensar? Esos miedos te han sido infundidos en la niñez, o incluso antes”. (Brian Weiss)

Nuestra mente inconsciente es atemporal, no tiene pasado ni futuro. Es como si todo se estuviese viviendo en el presente. No hay discernimiento de lo que ocurrió, el pasado y el presente se entremezclan.

El miedo no es una reacción patológica, sino de protección y auto-preservación. No ocurre lo mismo cuando estamos bajo el dominio del pánico y el miedo pasa a apoderarse de nuestra conciencia. Cuando siente pánico, la persona no huye ni se enfrenta, sino que permanece paralizada y sin control. En estos casos, hay que buscar su origen para poder actuar.

Ante la situación de atemporalidad del miedo, buscar su origen exige un viaje por los laberintos de la inconsciencia. Si bien ha de ser una búsqueda basada en el rescate de memorias que informan la causa de aquello que repercute en nuestra conciencia en forma de efecto.

Este proceso de “causa-efecto” puede tener varias sintonías con acontecimientos o situaciones que atañen a la vida actual o a una vida anterior del individuo inserido en un contexto de dimensiones que se conectan.

En tal sentido, es obvio que estamos enfocando el miedo “no normal”, o sea, aquella sensación de impotencia frente a situaciones en las cuales nos sentimos bloqueados o incluso paralizados, como es el caso del pánico.

El miedo cuando no administrado o enfrentado, puede convertirse en el mayor enemigo del hombre. Una sensación indescriptible de malestar que envuelve mente, cuerpo y alma, y deja al individuo en estado de postración y vulnerabilidad.

En estas ocasiones, cuando sintonizamos el efecto sin el conocimiento de la causa, se debe a que no tenemos consciencia del proceso interno que genera el miedo adquirido. Con todo, según queda dicho, todo miedo adquirido tiene su origen registrado en las memorias, bien la cerebral, relacionada con la vida actual, o bien la memoria extra-cerebral, vinculada a vidas pasadas. Por tanto, susceptible de investigación terapéutica mediante técnicas regresivas de memoria.

Actualmente, a medida en que el tratamiento psicoterapéutico que investiga la sintonía del miedo patológico más acá y más allá de la vida intrauterina, ha venido mostrándose eficaz sin el empleo de medicamentos, la química ha dejado de ser imprescindible en los tratamientos de los desequilibrios psíquicos considerados no estructurales.

La búsqueda de la sintonía entre la causa y el efecto proporcionado por el miedo que bloquea el fluir natural de la vida, aún es una exclusividad de las psicoterapias de planteamiento interdimensional que visualizan al individuo como un ser dotado de cuerpo físico, mente y espíritu, inserido en un historial de muchas vivencias en la dimensión de la materia.

Por tanto, el miedo, a pesar de ser atemporal en su forma de repercusión consciente, es el resultado de experiencias no resueltas o no elaboradas a la luz de la razón. Experiencias que pueden ser rescatadas a través de la regresión de memoria que establece la sintonía entre la causa y el efecto del contenido psíquico que provoca sufrimiento al individuo.

Por medio de la técnica regresiva que contempla la vida más allá de la situación intrauterina, podemos rescatar memorias perdidas en la atemporalidad de su sintonía, transformar lo desconocido en conocido, y traer a la luz de la conciencia su profundo significado.

La curación del miedo no normal está en el auto-conocimiento que pasa por la elaboración de los orígenes del más intenso malestar psíquico-espiritual experimentado por el hombre. Y en este ámbito cada caso es un caso. Único en su forma que reúne causa y efecto, imperceptiblemente sintonizados si no tenemos “ojos de ver” más allá de los límites de la dimensión física.

En esta dirección, elegimos la dimensión que hemos de dar al miedo que sentimos de la experiencia humana sobre el planeta Tierra. A partir de esta elección, definimos nuestra trayectoria en un mundo limitado por miedos inconscientes e incontrolables, o en un mundo cuyo miedo es controlado y administrado por el deseo consciente de vivir, amar y progresar.


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