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Líbrate de los resentimientos


por Paulo Tavarez - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Los resentimientos son heridas que no han cicatrizado, viven infectando nuestra mente e influyendo sobre nuestro comportamiento. Librarse de ellas es posible, y no faltan métodos terapéuticos que puedan prestar un eficiente auxilio. Entre tanto, la pregunta que deberíamos hacer es justamente aquella que no hacemos: ¿Por qué nos resentimos?
Es humanamente imposible pasar la vida sin resentirnos; tanto en la niñez como en la adolescencia o incluso en la fase adulta, somos absolutamente vulnerables a decepciones, traiciones, indignidades y tantas otras cosas indigestas que hacemos pasar al inconsciente o incluso alimentamos conscientemente.

Resolver pendencias emocionales alivia, pero no soluciona el problema. Es preciso conocer los puntos vulnerables que nos hacen susceptibles de resentimiento. Aunque nuestros tratamientos sean exitosos, aunque seamos capaces de enfrentar y disolver todos los contenidos emocionales que nos envenenan, ello no significa que estaremos libres de futuros disgustos.
La Vida se encargará de conducirnos a situaciones en las cuales estaremos expuestos nuevamente a ellos. ¡Está claro, amigo mío, que tú no serías diferente! ¿Te has preguntado qué estamos haciendo aquí? ¿Cuál es el propósito de la aventura humana en la Tierra? ¿De veras piensas que estaremos exentos de probaciones y enfrentamientos? ¿Te parece que una vez libres de un problema no tendremos que enfrentarnos a otros?

El descanso, la paz, la tranquilidad deseada por todos, sólo serán conquistados cuando alcancemos la iluminación; mientras tanto, para perfeccionarnos, estaremos sujetos a los imperativos del Universo. Es importante resaltar que conducidos por esa Dinámica Evolutiva no existe la menor posibilidad de quedar exentos de experiencias agobiadoras, por tanto, tened la seguridad de que seremos puestos a prueba nuevamente. Las probaciones son mecanismos naturales indispensables en el proceso de desarrollo humano y la única forma de librarnos de esa acción es graduándonos emocionalmente.
Mientras sigas luchando en defensa de tu propia imagen orientado por la vanidad y por el orgullo, preocupado por el barniz social, estarás atrayendo a personas y situaciones que van a amargarte, por tanto, no sirve de nada buscar culpables para tus decepciones; eres tú el que necesita crecer, dejar de ser tan vulnerable, cambiar esa naturaleza de cristal para avanzar.

Las personas son como son, huir o evitar situaciones incómodas tampoco es la solución; hace falta más que eso, es preciso desarrollar los poderes que habrán de emplearse en tu defensa. Esos poderes están latentes en tu interior y entre ellos, está aquel que te servirá de escudo contra cualquier embestida externa; se trata de la humildad.
Nadie logra resentir a una persona humilde, sólo es posible resentir a personas orgullosas, vanidosas, arrogantes, en fin, personas que desconocen su propia naturaleza divina, personas presas a la ilusión de un personaje no permanente conocido como ego.

Para lidiar con situaciones indigestas de lo cotidiano sin hacernos daño, será preciso expandir la consciencia, mirar al prójimo con otros ojos, vislumbrar más allá del acontecimiento en sí, buscar una comprensión más profunda de los condicionamientos humanos y aceptar los patrones mentales que llevan a las otras personas a comportarse de aquella forma que (a nuestros ojos) parece tan negativa. No estamos aquí para juzgar, clasificar, separar, discriminar ¡nada de eso! Estamos aquí para aprender a vivir de forma orgánica y sistémica, pues somos todos “harina del mismo costal”. Será preciso partir de presupuestos diferentes para no sufrir tanto con los demás; por ejemplo, será necesario revisar la comprensión que tenemos acerca de aquello que consideramos correcto y equivocado, bueno y malo, etc. No se puede seguir juzgando a los demás según el entendimiento que poseen; cada cual tiene su nivel de conciencia, mira el mundo de forma distinta y lo más curioso es que la gran mayoría actúa por creer que sus actos son los más coherentes; muchos no hacen el mal por simple opción, sino que actúan únicamente con el entendimiento que han alcanzado, muchas veces hacen lo que les parece correcto, por eso es muy difícil juzgar.

No podemos continuar en la esclavitud de un programa emocional desactualizado, procediendo de forma automática, sin cuestionamientos, conducidos por emociones y hábitos, sino que es preciso rehacer todas nuestras creencias, dejar de preocuparnos con evaluaciones, cesar de mendigar afecto, librarnos de modelos estúpidos de perfección y dejar de buscar la aprobación de los demás.

¡No estés resentido, es hora de despertar!


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