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Los deberes del poder público


Autor Tom Coelho
tomcoelho@tomcoelho.com.br

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

“Cada pueblo tiene el gobierno que merece”.
(Joseph-Marie Maistre, filósofo francés, en 1811)


Hace años que la administración pública en nuestro país, en todas las esferas de gobierno, ha venido externalizando a los ciudadanos sus atribuciones básicas.

Así, es impracticable renunciar a tener un convenio médico y odontológico para quedar a merced del sistema público de salud, formado por hospitales saturados, carencia de médicos y espera superior a tres meses para una simple consulta.

Lo mismo es aplicable a la educación. Para ofrecer una enseñanza de calidad a nuestros hijos es preciso recurrir a instituciones privadas. Y en el mundo corporativo, toca a las empresas formar y capacitar a los profesionales contratados, que llegan al mercado de trabajo absolutamente faltos de preparación, entregando baja productividad que impacta directamente en la competitividad. Es el denominado “apagón de la mano de obra”, resultante directo de los analfabetos funcionales que ha estado egresando la escuela pública y su sistema de progresión continuada.

En relación a la seguridad, otra de las garantías previstas en la Constitución Federal, tenemos que instalar alarma en las viviendas, cercas electrificadas y vivir en condominio, además de contratar un seguro para nuestros bienes y, muy pronto, andar en coche blindado, seleccionando cuidadosamente los lugares y las horas para circular por nuestras calles.

Con ocasión de las crisis hídrica, muchos tuvieron que instalar cisternas, pozos artesianos o ampliar la capacidad del depósito existente, además de adaptar las tuberías internas para aprovechar el agua de reutilización. Y para tener acceso a la energía eléctrica tendremos que adquirir un generador, instalar paneles de energía solar y también adaptar el sistema de distribución de esta fuente alternativa de energía.

El poder público tiene el deber de actuar, lo cual significa atender con celeridad los intereses de los ciudadanos, anticipándose mediante planificación a las demandas esenciales. Tiene el deber de la eficiencia, utilizando los recursos con efectividad y presteza. Tiene el deber de la probidad, procediendo con ética, integridad y rectitud. Y tiene el deber de rendir cuentas, para hacer patente el cumplimiento de los deberes mencionados.

Pese a todo, lo que venimos observando salvo raras excepciones, es la inepcia administrativa y el saqueo del erario. Todo ello mientras la población apechuga con una carga tributaria del orden del 36% del PIB.

¿Cuál es el límite de nuestra lenidad? ¿Hasta cuándo vamos a soportar tanta negligencia y omisión? ¿O estaremos condenados a un retroceso continuo y progresivo, hasta el colapso social?



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