Los obsesores espirituales no siempre son enemigos
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 16/02/2011 15:45:37
Traducción de Teresa - [email protected]
En un artículo anterior “¿Tú sabes cuándo estás siendo acosado espiritualmente?”, expliqué que es muy raro que alguien se dé cuenta de que está siendo acosado espiritualmente, pues los seres de las tinieblas se aprovechan de su estado de invisibilidad para perjudicarlo, saboteando su vida.
Obviamente la vida tiene sus percances, obstáculos naturales, propios de este Planeta de pruebas y expiaciones. No obstante, le digo a mi paciente al final del tratamiento, después de que su obsesor fuese conducido a la luz, que su vida no tenía por qué ser tan difícil, tan trabada. Hago una analogía comparando su vida a la de un coche en movimiento con el freno de mano echado; y era su obsesor espiritual quien lo estaba saboteando.
En la ((Terapia Regresiva Evolutiva – La Terapia del Mentor Espiritual – (Ser desencarnado, directamente responsable por nuestra evolución espiritual) – Abordaje Psicológico y espiritual breve, creado por mí)) TRE(*) es impresionante el cambio que se produce en la vida del paciente, después de haberse reconciliado con su obsesor espiritual – mediante la oración del perdón – y de haberle ayudado a ir para la luz.
Por eso suelo recordar a mis pacientes el viejo aforismo médico: “Eliminando la causa, se eliminan también los síntomas”.
Es importante esclarecer también que la mayoría de las personas (que creen en la existencia de obsesores) considera que esos seres de las tinieblas son siempre desafectos suyos, que por haber sido perjudicados en el pasado, ya sea de esta o de otras vidas, movidos por el odio y la venganza, quieren ajustarles las cuentas.
Con todo, no siempre son enemigos, pues también hay aquellos que no quieren hacernos daño; por el contrario, quieren nuestro bien, y consideran que están ayudándonos.
Son los que clasifico como iludidos, y así los he denominado por dos motivos:
a) No son conscientes, aún no ha caído la ficha, de que han muerto, de que están desencarnados, y por lo tanto ya no pertenecen al mundo de los vivos;
b) Muchos sí, son conscientes de que han muerto, pero no consiguen ir a la luz, pues aún están apegados al paciente.
Por tanto, también son obsesores espirituales y, por ignorancia y falta de esclarecimiento, perjudican la vida del paciente. En su mayoría son parientes – de esta o de otras vidas (padre, madre, hermano, tío, abuelos) – o alguien de su pasado con quien han tenido una relación amorosa (marido, esposa, amante).
Véase a continuación el caso de una paciente, cuyo fracaso amoroso actual era fruto de la acción de un ser espiritual obsesor, iludido, su marido en la existencia pasada.
Caso Clínico:
¿Por qué mis relaciones afectivas no cuajan?
Mujer de 28 años, soltera
La paciente acudió a mi consultorio a fin de comprender por qué en todas sus relaciones amorosas, al convertirse en serias, los hombres desaparecían, se esfumaban sin dar una justificativa. Simplemente rompían la relación de forma brusca, inesperada. Otro motivo que la hacía venir a mi consultorio era, además, comprender el por qué de su compulsión desenfrenada por comprar cosas, sin necesidad.
Al hacer regresión, me relató:
“Siento mi brazo izquierdo pesado y durmiente (normalmente, en esta terapia, esas sensaciones físicas son siempre indicio de una presencia espiritual obsesora. El peso en el brazo ocurre porque el ser de las tinieblas lo está agarrando; el adormecimiento se produce debido a que el paciente percibe, siente, su campo vibracional)”.
- Pregunta a ese ser espiritual qué siente por ti, ruego a la paciente.
“Parece que él siente amor por mí. Noto cierto calor… él está abrazándome (la paciente habla llorando)”.
- Pídele que se identifique.
“Dice que es mi hombre, mi esposo de una vida pasada”.
- Pregúntale por qué motivo se encuentra aquí.
“Dice que no quiere abandonarme, pues había entre nosotros un amor muy grande en esa existencia pasada, y que él murió prematuramente en un accidente de coche. Dice además que, tras su muerte, estuvo buscándome durante mucho tiempo, y como ha logrado dar conmigo, no va a dejarme”.
- Pregúntale si ha oído hablar del plano espiritual de luz.
“Dice que sí, pero no quiere ir allá porque considera que no volverá a verme. Deja claro que no quiere que eso ocurra, porque me ama mucho… Yo también siento un amor muy grande por él (la paciente habla llorando mucho)”.
- Pregúntale si es consciente de que te está perjudicando.
“Dice que no puede soportar verme con otro hombre. Sabe que también lo amo, que compro cosas compulsivamente para colmar el vacío que siento por no tenerle conmigo en la vida actual. Pero insiste en decirme que está siempre conmigo, aunque yo no me dé cuenta. (Pausa).
No lo veo muy claramente, pero es joven, de piel clara, cabellos castaños, su fisonomía es hermosa y calma. Ahora me acuerdo… ya he soñado una vez con él. Lo consideré solo un mero sueño”.
- Pregúntale su nombre.
“Es Marcelo, dice que vivíamos juntos en Río de Janeiro”.
- Dile que el amor que vivisteis en esa vida pasada fue realmente bello y muy intenso y que el accidente de coche sufrido por él, que lo llevó al desencarne, fue realmente muy doloroso y traumático para los dos; sin embargo, ahora estáis en planos diferentes, y por más doloroso que sea para ambos, es necesario que él busque el camino de la luz, pues estando siempre contigo te perjudica, y también a sí mismo. Si fuese de la voluntad de Dios, en otra oportunidad aún os llegaréis a reencontrar (la paciente habla con él llorando mucho)”.
(Pausa).
“Dr. Osvaldo, se hace muy difícil convencerlo, él llora mucho… Me toma de la mano, dice que no, que no quiere marcharse”. (Pausa).
- ¿Quieres decirle algo más?
“Marcelo, sé que es muy difícil estar separados. Te amo mucho, pero cada cual ha de seguir su camino. Te esperaré con mucho amor”.
(Pausa).
“Dr. Osvaldo, él no hace más que llorar”.
- Dile que vas a ayudarle, orando para que él tenga fuerza y coraje y pida ayuda a los espíritus amparadores para que lo conduzcan a la luz. Dile que si pide ayuda, en el plano de luz será orientado, amparado, cuidado, y llegará a comprender muchas cosas en relación a su vida.
(Pausa).
“Él me dice que todavía no se siente preparado para ir”.
- Dile que todo tiene su hora, que respetamos su momento. Pero dile que tú no vas a abandonarlo para siempre, que puede confiar… que vas a orar por él.
“Él pregunta quién va a protegerme”.
- Dile que todos nosotros, incluso él, tenemos un ángel guardián, un mentor espiritual que siempre está orientándonos, protegiéndonos.
“Dr. Osvaldo, él todavía se muestra algo escéptico, está en duda sobre si aceptar irse a la luz. Pero ha dicho que ya no va a perjudicarme, ni interferir en mi vida. Da las gracias y me besa la mano”.Al final de esa sesión, pedí a la paciente que orase por él, mandándole la luz dorada de Cristo, visualizándolo siendo bañado, iluminado por esa luz Crística.
En la sesión siguiente (última), ella me dijo:
“Siento un poco de frío y mi brazo izquierdo está también un poco pesado; (la paciente sentía frío debido a la presencia de un ser de las tinieblas, un lugar gélido, fétido y oscuro)”.
- Seguramente hay una presencia de un ser de las tinieblas a tu izquierda, afirmo. Pide a ese ser espiritual que se identifique – ruego a la paciente.
“Dice que es Marcelo… está acariciando mis cabellos. Dice que ha venido a despedirse de mí, que yo estaba en lo cierto, realmente estamos separados en dimensiones diferentes. Por eso tengo que seguir adelante con mi vida, que las cosas tienen que ocurrir naturalmente, y que él ya no volverá a interferir en mi vida. Aclara que le ha costado mucho comprender esto, que no solo él, sino yo también estoy sufriendo. Dice que las emanaciones de paz y amor que yo he vibrado, a través de mis oraciones, le han hecho caer en sí, tomar conciencia de que no es el momento para que estemos juntos. Pero que se va a la luz con mucho dolor, pues me ama mucho.
Reafirmo lo que le dije en la sesión pasada: aunque se vaya a la luz, no lo olvidaré jamás, continuaré emanando luz hacia él. Me da las gracias, besa mi frente llorando, me pregunta si puedo darle un abrazo de despedida…
Digo que sí… Estamos ahora abrazados (la paciente habla llorando mucho)”.
(Pausa).
“Hay un ser de luz, vestido de blanco… está al lado de él. Dice que ahora tiene que llevarlo a la luz. Marcelo se despide y me dice: - ¡Adiós, mi amor, hasta un día!
Le digo que confíe, que todo estará bien… Ellos se marchan.
(Pausa).
Me siento triste, pero al mismo tiempo aliviada porque sé que él estará bien en el plano espiritual de luz”.








in memoriam