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Los valores personales de la vida


Traducción de Teresa - [email protected]

Autor Bernardino Nilton Nascimento - [email protected]

La falta de una visión global de la naturaleza del ser humano, mejor dicho, del todo, permite que muchas personas adopten una visión miope de la vida.
Aquellos que procuran cultivar una visión más amplia de las cosas o se mantienen abiertas y se sienten libres para leer, crear, enseñar y aprender, tienen mejores condiciones de crecimiento personal.

Tenemos que acabar con la manía de que todos deben, de alguna forma, tratar de sacar provecho en todo, o cada uno por sí y Dios por todos. Esas y otras son frases que no combinan con el alma humana. A decir verdad, algunas personas tienen una mente oligofrénica, es decir, una mente deficiente, presa en el pasado, principalmente en valores medievales. No siempre tales sentimientos son asumidos conscientemente; éstos son casi siempre la tradición de la cultura, del modo de pensar de ciertos grupos, y son aceptados sin críticas por la gran mayoría.

Para una vida saludable, debemos basarnos en valores asumidos conscientemente, tras un análisis de todo un conjunto de normas sociales, morales y éticas a que las personas debemos tener acceso, con el principal objetivo de la libertad en todos los sentidos.
En la niñez el ser humano empieza a ser bombardeado por creencias y valores que va absorbiendo de una manera atropellada y sin defensa.
Cuando alcanzamos la vida adulta intentamos poner orden en todo ese caos y seleccionar valores que realmente nos conciernen.
Amor, respeto, valor y libertad es todo lo que se percibe como: bueno, bello, verdadero, útil, importante, y que aporta algún tipo de satisfacción, material y espiritual.

Las religiones, las filosofías y las teorías políticas siempre se han inclinado a inducir a la humanidad a adoptar esta o aquella escala de valores. Si por una parte pretendían que sus valores fuesen los únicos (y en esto se equivocaban), por otra traían al debate valores que, siempre que fuesen afinados y depurados, podrían tenerse por universales. Ellas tenían su mérito.
Pero nos hemos hecho adultos y ya somos mayores, con un fardo a espaldas cada vez más pesado por las experiencias diarias de nuestras vidas y pasamos a manifestar la opción que nuestra propia experiencia nos ofrece.

Después de esa madurez, viene la comprensión de nuestros valores individuales, que se manifiesta en las diversas elecciones propias que cada cual llega a hacer, con independencia de prejuicios, presiones sociales o imposiciones, y distinguiendo los valores reales, y flexibles como debe el ser humano.
Nuestros valores están relacionados en los buenos ejemplos; seguirlos procurando hacer lo mejor que podamos por la evolución del ser humano, aportará a cada uno de nosotros más alegría, más satisfacción de vivir, más confianza, más fe, y naturalmente, una vida iluminada de cosas buenas que borran las pocas correcciones y enseñanzas que la propia vida nos impone.

Los valores éticos se reflejan en la búsqueda del bien; los valores de los conocimientos, de los estudios y de las experiencias, traen la búsqueda de la verdad; los valores económicos pueden traducirse en lo útil y lo agradable; no obstante, no significan éxito y felicidad; éstos van más allá; los valores estéticos y de vanidad, que vienen a revelar lo bello, la satisfacción personal; los valores sociales, concernientes al bienestar social y al deseo de ver la felicidad del prójimo; los valores políticos, si bien éstos parecen tener una única dirección, el poder; los valores religiosos van en busca de comprender el destino; los valores ecológicos indican nuestro amor a la naturaleza; y los valores del amor, que muestran el placer, la alegría, la felicidad, la espiritualidad, la compasión, la gratitud, la caridad, la sabiduría y la evolución.

A decir verdad, no es posible enumerar todos los valores y sus combinaciones; la lista sería asombrosa. Los valores son de difícil definición ante la madurez de cada ser humano, a partir de los valores que éste venga a asumir. Sería un juzgamiento desde el punto de vista de nuestros propios valores, y entonces caeríamos en la moralina, y allá se iría la libertad.
Pese a todo, hay un punto en que todos podemos estar de acuerdo; cada persona que ha pensado y repensado sus valores, que ha adoptado aquellos que van a orientar su comportamiento, y no obstante es, al mismo tiempo, capaz de reformularlos, esa persona está más cerca de la sabiduría plena; mientras otro, que adopta valores sin crítica y se cierra a cualquier reformulación, éste, con toda seguridad, está muy cerca de la alienación y con los pensamientos controlados por algún tipo dominante.

Todo ser humano, cuando es consciente de sus primeros pasos, va haciendo su propio camino y descubriendo nuevos valores y particularidades más adecuados a su propia realidad, pero sin olvidar que todos los caminos deben estar iluminados por la luz del “amor”.

BNN


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