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Mapa de la Paz


por Enildes Corrêa - omsaraas@terra.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Los períodos electorales suscitan en mí reflexiones y análisis. Al volver los ojos a un pasado más lejano, verificamos que en la India Antigua, por ejemplo, los reyes tenían la apertura y la humildad de consultar a los Maestros espirituales iluminados sobre algunas cuestiones relativas a sus reinos. La visión de los Seres Despiertos es clara, límpida y amplia. Dotados de gran sabiduría, tienen el debido discernimiento para encontrar las raíces y las diversas caras de un problema, paso fundamental para la resolución de cualquier tipo de dificultades, en la vida personal o en la de una nación.

El mundo ha cambiado, las gentes han cambiado y los valores se han invertido. Los gobernantes ya no acuden a los sabios para aconsejarse. En su lugar, en la esfera política ha surgido la figura del profesional del área de márquetin político. Estos profesionales, contratados a precio de oro para asesorar a políticos o aspirantes a tales en la construcción del mejor perfil de sus imágenes junto al pueblo, maquillan al candidato a gusto del elector. Toda una estructura montada para saber qué es lo que la población espera de un candidato político a fin de intentar encuadrarlo dentro de esas expectativas. En tal contexto, por lo regular, el candidato pierde su autenticidad.

De esa forma, la propuesta no es encontrar el zapato adecuado, sino recortar el pie, si es preciso, para encajarlo en la horma del zapato deseado. Gran parte de la lucha por la victoria en las urnas, sobre todo en los cargos de más importancia, se encamina a la construcción de la imagen y del discurso ideal para conquistar el voto del elector.

Y esa es una de las enfermedades de nuestra sociedad: la imagen ha pasado a tener más peso e importancia que lo real. En ello se invierten cantidades millonarias. Hay una inversión de valores muy grande y la imagen impera soberana sobre la realidad.

Entonces, yo propongo esta pregunta: si, para algo tan ilusorio y efímero como una imagen se convocan los mejores y más brillantes profesionales, ¿por qué no aplicar el mismo empeño respecto de la paz? Por lo que he venido acompañando en los noticieros, parece que se busca la paz allí donde no es posible encontrarla.

Para adquirir una formación estudiamos años y años en una institución de enseñanza regular, donde hay muchos profesores, uno para cada asignatura. Un experto en Matemáticas enseña Matemáticas y no Lengua, y así sucesivamente. En relación a la paz, ¿no deberíamos seguir el mismo razonamiento y acudir a los Maestros de la Paz, para que ellos compartan con nosotros su comprensión y su silencio interior?

Los líderes políticos vienen hablando de la paz. Pero ellos ¿entienden de la política de la paz, o de la política manipuladora? ¿Son íntimos del silencio y la quietud, o del poder? ¿Hasta qué punto están, realmente, empeñados en la construcción de la paz, si la propia política que hacen es agresiva, dominadora e invasora? ¿Habrá en nuestro medio político personas que hayan logrado de veras la paz, que se hayan vuelto seres equilibrados, pacíficos, sencillos, compasivos y felices? Si no es así ¿cómo podrían llevar una sociedad a la paz si ellos mismos aún no la han encontrado para su vida y desconocen sus caminos?

Si queremos la paz, aparte de asumir nuestra responsabilidad individual e intransferible, ciudadano por ciudadano, y esto pasa por la conquista de la paz interior, ya sea el presidente del país o el barrendero de nuestra calle, sería signo de buen sentido obtener la orientación de aquellos que verdaderamente la conocen, los que intiman con ella y se han convertido ellos mismos en un Puente de Paz para la humanidad, como el Dalai Lama y otros maestros espirituales.

Frente a los graves e incontables actos insanos que atentan contra la vida, nuestra sociedad necesita, con urgencia apremiante, más y más personas en equilibrio consigo mismas, con el otro y con la naturaleza. Nuestro planeta lo agradecería. Durante todo el tiempo influimos unos sobre otros con nuestro estado emocional, mental y espiritual. Lamentablemente, la cuestión de la cultura de paz en la sociedad no es tomada en serio por los gobernantes. Es tratada como cuestión de poca o ninguna importancia por la clase política.

Hasta ahora los políticos han construido puentes de hormigón, algunos de belleza majestuosa, pero que desgraciadamente no han servido para que la gran masa del pueblo haga la travesía de la orilla de la miseria al otro lado, donde puedan germinar las semillas de una vida con más amor, justicia social y dignidad.

Y, en este instante, me acuerdo de una frase de George Bernard Shaw: “Vemos las cosas tal como son y preguntamos: ¿Por qué? Sueño con cosas que nunca han existido y pregunto: ¿Por qué no?”


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