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Mirad por nosotros


por Wilson Francisco - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Uno de estos días, oí en la emisora de radio CBN la declaración de una mujer, que se quejaba de la alimentación y de las condiciones de los alojamientos/entre rejas de la gran Cárcel de Pinheiros. Entiende ella que su marido está siendo maltratado.
Y los locutores de la CBN siempre ponen todo su empeño en informar en las noticias sobre la superpoblación que hay allí. Me puse a pensar en aquellas informaciones y me acordé de cuando actuaba como integrante de un grupo de voluntarios espíritas. Dábamos asistencia espiritual con pases, reuniones doctrinarias e incluso sesiones de desobsesión en la Penitenciaría. Y ampliando el apoyo, algunos de nosotros acompañábamos a los ex reclusos en su reinserción social y reencuentro con la familia. Éramos idealistas. Soy idealista aún hoy. Pero el tiempo y la experiencia me han indicado otros caminos no más cortos, ni menos tortuosos.

Hay algo sobre lo cual aprendí mucho en aquella tarea: La mayor dificultad del preso es convivir con el Trabajo. Esta rutina de levantarse a las cinco de la mañana, tomar el autobús, trabajar durante todo el día, comer de fiambrera y volver por la noche, cansado y hambriento a casa, definitivamente no le lleva el alma a un ex presidiario.
Jorge me decía siempre, cuando uno le encontraba un trabajo. No puede ser Señor Wilson. Pasa lo siguiente, lo que yo voy a ganar en un mes con todo ese sacrificio, puedo obtenerlo en un día, de otra forma. Y allá se iba él, con una lona y algunos pertrechos a montar su tenderete en el centro de la ciudad, para ‘camelar’ al pueblo y ganar su calderilla sin dar golpe.

Hay otras situaciones inusitadas, que envuelven este universo aún misterioso. Alex tenía una personalidad interesante, espontáneamente asistía a las clases y mostraba plena disposición para participar y colaborar en las actividades indicadas. Su buen comportamiento tuvo como premio la libertad condicional, quedando libre de las rejas. El día en que salió de la Penitenciaría, lo recibimos en casa de un amigo, acompañándolo seguidamente hasta su casa donde la familia lo envolvió en cariños y abrazos. Por la noche, se dirigió al Centro Espírita que frecuentábamos. Y para sorpresa nuestra, llegó portando en brazos a un hombre paralítico que había encontrado en la calle. Llegó alegre, diciéndonos que lo había encontrado muerto de frío y de hambre. En la cocina del Centro se preparó una merienda y después hicimos la reunión, todos envueltos en alegría y fe.
Pasaron algunos días y Venancio me telefoneó, diciendo que Alex se había esfumado. Yo tampoco tenía noticias de él. A la siguiente semana, nuevamente me llama Venancio: - Wilson, encontré a Alex, él está preso en Suzano, iba con una cuadrilla, portando armas de gran calibre para llevar a cabo un atraco. Al final de la semana, fuimos allá a visitarlo. En el encuentro, la sorpresa. Él vino hacia nosotros todo animado, diciendo que estaba preparando un grupo para que pudiésemos iniciar allí una actividad doctrinaria. Él mismo había tomado esa iniciativa, con permiso del Comisario y estaba impartiendo pases a algunos reclusos necesitados. Me quedé mirando hondamente a aquel hombre, buscando desvendar los secretos de aquella alma y por más que me internase en ella con mirada de hermano, de investigador de la espiritualidad, me fue imposible comprender aquel Universo tan complejo.

A decir verdad, en 10 años de actividades junto al sistema carcelario de São Paulo, puedo afirmar con tranquilidad que solo he conocido a un muchacho que se haya regenerado, el cual hasta hoy es amigo mío, ha formado una familia, tiene nietos y todo lo demás. En cuanto a los otros, no conozco su paradero…
No por eso me quedé frustrado. Entiendo que el mensaje de que yo era portador ha sido transmitido, y ellos lo han guardado en sus corazones. ¿Dio resultado? No lo sé.
Un día, un amigo drogadicto vino a visitarme a casa, muy herido por dentro y por fuera. Cuando me vio, se sintió emocionado y contó su historia. Lo habían llevado preso por portar droga. Fue detenido para averiguación y sufrió algunas excoriaciones. Muy disgustado, contaba su historia a los compañeros de celda. Hablaba de sus amistades, citó mi nombre y el de otros. Buenaventura, que escuchaba atento, se acercó y dijo: ¿Tú conoces a Wilson, aquel espírita que da clases en la Penitenciaría? Afirmó que sí. Vaya, pues entonces tú no vas a quedarte aquí, tú eres del Bien, lo presiento. Y tanto intercedió, pero tanto, tanto, por mi conocido, que al día siguiente fue liberado. Me lo contó entre lágrimas.
Este hecho demuestra que no todo está perdido. Hay resultados, pequeños a veces, pero muy compensadores. Su historia me alegró el corazón, pero me entristeció saber a continuación que Buenaventura estaba una vez más a vueltas con la Justicia. Hasta cuándo, no lo sé.

Pues bien, pasé revista a todo eso, como en una película, mientras la mujer daba su testimonio. Y en aquel momento también me vi con derecho a dar el mío.
Soy jubilado por tiempo de servicios, trabajo durante el día en una empresa e imparto cursos terapéuticos por la noche, porque me gusta y porque lo necesito. Pago alquiler, tengo mi familia y todo lo demás que un ciudadano corriente pueda tener. Este fin de año, mi esposa y yo hicimos algunos planes: viajar en vacaciones, cuidar mejor de la salud, etc. y tal. Sin embargo, el día 27 de enero, nuestro vehículo LOGUS año 94 matrícula BXM 7578 – São Paulo, fue robado en el barrio de Santana. Hice la denuncia en Comisaría y hasta ahora estoy aguardando noticias. Dicen que mi coche fue a parar al desguace. Nuestros planes han tenido que cambiar, ahora tendremos que arrostrar el gasto de la compra de otro coche, a pagar en 36 mensualidades. No tendremos viaje, ni salud mejor. Todo lo contrario, mucho trabajo.
Ante esto yo pregunto: ¿Será justo pagar una comida mejor, un alojamiento más ventilado, en fin, condiciones más humanas como dicen, a estas personas que me han robado el coche?
Sí, señora mía, yo comprendo su dolor. Pero reconozco el mío también.
Alguien, aquí a mi lado, que vive en la dimensión extra física, me sopla al oído: Perdona, Wilson. Compréndelos, ellos no saben lo que hacen…
Vale, yo perdono y comprendo también, pero que sufro, eso sí.
Solamente no soy capaz de comprender y no acepto el descaso o falta de inteligencia de quienes administran este país, los que cuidan de todo y de todos. Las rebeliones de la FEBEM, en los presidios, la violencia que envuelve nuestro pueblo, es una prueba de que algo no va bien.

Por eso hago aquí mi llamamiento: Señores dotados de poder, mirad por nosotros.


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