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Nadie es Extranjero


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

En este Universo, que está hecho de luz, todos los seres brillan infinitamente.
Los orbes y los soles se ponen en movimiento a un ademán del Anciano de los días, Origen de todas las cosas y seres.
En la luz de la vida ¡nadie es extranjero!
Independientemente del color de la piel del cuerpo y de la cultura en que está inserida, cada consciencia pertenece a la raza de la luz.
Cada ser transporta el fuego estelar en si mismo.
Cada ser es un viajero eterno por los campos infinitos de Dios.
El pasaporte es su propio corazón y la evolución le pone el visto bueno.
Y, por donde va, en cada país, en cada mundo, viajando de polizón en la cola de los cometas, o incluso en los planos espirituales, cada consciencia sabe que viaja por el cuerpo vivo del Todo, el Universo.
¡Y sabe que nadie es extranjero, y que todos los seres provienen de la misma luz!
Aquella Luz que está en todo.
Aquel Amor, que es Padre-Madre de todos.
Aquella Consciencia Mayor, Causa de todo.
El Gran Viajero Cósmico, que también viaja por dentro de todos los corazones.
Todo espíritu es viajero eterno, y Dios es el Guía secreto de todos los viajes, en la Tierra y el Más-allá…
Entonces, guiados por Él, ¡que todos los viajes sean felices!

(Dedicado a mi amigo Frank Oliveira)

Paz y Luz.

***

SALIENDO DEL GARGAJO PSÍQUICO Y ENTRANDO EN LA LUZ DE LA SONRISA

Hubo una época en que yo era muy triste.
Había una enorme brecha en mi alma, por donde yo perdía mucha energía.
Por eso, pasé a ver la vida de forma gris y taciturna.
Nada me agradaba, y en todo yo veía alguna cosa que criticar.
Como efecto de tal estado de conciencia melancólico, proyecté mis amarguras en los textos que escribía.
De forma ácida y contundente, arrojé en mis escritos mi dolor y mi vacío interior.
Movido apenas por el intelecto gandul, me convertí en arrogante y pedante en exceso.
Cualquier cosa era motivo para irritación y desmanes emocionales diversos.
Disparé muchas setas ácidas, por medio de mis escritos, y todo servía de blanco.
Nada ni nadie escapaba a mi escrutinio devastador.
En mi ilusión, yo era el pensador, y el mundo era la escoria.
Hice muchas enemistades con esa postura mía arrogante y consideraba tal cosa como absolutamente natural, en un mundo que yo juzgaba lleno de mentecatos.
Como he dicho al principio, yo era muy triste y quisquilloso.
El tiempo ha pasado y yo envejecí, como todos ¡pues él no perdona!
Sin embargo, en lugar de que la edad me aportase sabiduría, yo me torné más amargo aún.
¡En realidad, deseaba que la muerte llegase pronto!
Por fin, el momento fatal llegó, pero no como yo había imaginado.
En mi pesimismo crónico, yo esperaba que hubiese una especie de anulación de la conciencia, pero tal cosa no sucedió.
No dejé de existir ni de pensar; al contrario, pensaba más que nunca.
¡Y eso me asustó mucho!
El desligamiento del mundo, propiciado por la muerte, sólo me había alejado del cuerpo físico, pero no había destruido mi mente.
Y allí estaba yo, ser pensante, asustado como un crío en la oscuridad, en lo desconocido del más allá de la vida…
Abducido irremediablemente para fuera de la ergástula terrena, me he visto inmerso en un mar de formas mentales grisáceas.
Yo flotaba en medio de la basura mental que había acumulado, en torno a mi mente, durante una vida entera de amargura.
Yo era prisionero de un verdadero calabozo psíquico, formado por mis propios pensamientos negativos.
Aterrado, descubrí que era prisionero de un gargajo psíquico engendrado en mi propia mente.
Entonces, hice lo impensable: grité, grité y grité… Y no era contra nadie.
¡Por vez primera el blanco de mi frustración era yo mismo!
Me había sumergido en una profunda melancolía pos-muerte, y yo era el único responsable de ella.
De tanta acidez emocional, terminé atollado en mi propio vómito psíquico.
Durante un tiempo que no sé determinar exactamente, permanecí en ese estado de conciencia obscuro, rumiando mi propia mezquindad mental.

No obstante, a pesar de mi inmensa petulancia, recibí una ayuda providencial.
Alguien rompió mi envoltorio psíquico y dispersó las energías grisáceas alrededor.
Era un hombre alto y delgado, de cerca de 60 años de edad, medio calvo, con los cabellos blancos por los lados, vestido de blanco y con una expresión simpática.
Él me sacó de aquel pringue terrible y me dijo, con buen humor:
“¡Qué hay, colega! Es hora de que eructes tu amargura.
Ha llegado el momento de abrir las puertas de tu corazón, para que otros aires ventilen tus emociones.
Yo formo parte del grupo de escritores y poetas de la Compañía del Amor.
Y, como tú también escribías allá en la Tierra, has quedado para que te atienda nuestro grupo.
¡Pero no te calientes el coco, no! ¡Es hora de mejorar, colega!

Guiado por ese nuevo amigo, me desprendí de aquel clima psíquico ruin.
He sido tratado y energizado. Tomé baños de luz e hice terapia durante un tiempo.
Pero lo que me ha curado de veras ha sido el buen humor de esos fantásticos amigos de la Compañía del Amor.
Ellos me han enseñado a reír y a tomar las cosas con filosofía.
Me han respetado, pero no han hecho concesiones a mi ego.
Me han dicho todo cuanto yo necesitaba oír, a la cara, sin compasión ni piedad.
Y al mismo tiempo, me han hecho reír con ganas; me han hecho ver mi papel ceniciento de ser amargo.
Entonces, sólo me quedaba caer en su desparpajo y reír con mi propio ridículo.
Y, por primera vez en mucho tiempo, me he permitido reír y así he desahogado mis dramas internos. Como dicen ellos por aquí, “he desopilado el hígado”.
Ahora estoy en una nueva etapa, sin desavenencias conmigo mismo o con el mundo.
La brecha en mi alma ha sido cerrada por una masa de luz y sonrisas.
He aprendido que hay mucha inteligencia en la sencillez de quien sabe llevar la vida de una manera alegre. Y que la arrogancia es una dolencia psíquica seria.

¿De qué sirve ser lleno de cultura y estudio, si eso no ilumina tus emociones?
Lo que más quiero ahora es ser sencillo; quiero hablar y escribir sobre nuevos temas, pero sin críticas literarias o intelectualismo escabroso.
¡Quiero ser feliz! Quiero reír, igual que los amigos de la Compañía del Amor.
Que se inicie una nueva etapa, sin opresiones en el corazón o charla barata.
Que haya luz y risas, para rellenar las brechas que separan al ser de sí mismo.
Tal como he aprendido por aquí, “todo tiempo es tiempo de aprender”.

-Un Nuevo Amigo y Novato de la Compañía del Amor.-Nota de Wagner Borges: estos escritos son la transcripción de una conversación extrafísica (mientras yo me encontraba fuera del cuerpo durante el sueño), que he tenido con un espíritu que fue asistido hace algún tiempo por la pandilla de la Compañía del Amor.
He registrado mentalmente su testimonio y luego enseguida he regresado al cuerpo. Sin embargo, sólo conseguí acordarme de parte de la conversación. No obstante, horas más tarde, cuando me encontraba en un avión (en trayecto entre Sao Paulo y la ciudad de Ribeirao Preto), me ha venido el resto de la charla a la mente y entonces lo anoté todo rápidamente en las páginas del libro que estaba leyendo en aquel momento, allí mismo, durante el vuelo, mientras una azafata me observaba atentamente, tal vez preguntándose cómo conseguía yo concentrarme y escribir de forma tan rápida.


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Wagner Borges é pesquisador, conferencista e instrutor de cursos de Projeciologia e autor dos livros Viagem Espiritual 1, 2 e 3 entre outros.
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