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¡Nadie merece!


por Maria Silvia Orlovas - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Tú, seguramente, has oído o incluso has empleado esta expresión que se ha hecho famosa tiempo atrás debido a una serie de la televisión. Por cierto, vale comentar que la TV aún ejerce una enorme fuerza en la formación de opinión. Parece bastar que alguien salga en los medios de comunicación y dé una entrevista, para que se crea en aquello que ha dicho. Vale también lo contrario, cuando simplemente, porque un programa o una imagen dé algo negativo, automáticamente, miles de personas, sin profundizar, asumen una posición. El inconsciente colectivo está exactamente apalancado por ese tipo de sensación de comprar o no una idea. Y en el caso la expresión “nadie merece” recorre exactamente ese camino.

Considero que podemos afirmar que nadie merece el desamor, la traición, una sorpresa desagradable, verse implicado en un cotilleo, convivir con alguien que tiene mal humor, quedarse sin trabajo y sin recursos para mantenerse. Pero ¿será que es así de veras? ¿Será que no merecemos recoger los frutos de nuestros actos?

Sé que es muy triste, por ejemplo, vivir con alguien que tiene mal humor. No hay nada peor que decir buenos días a alguien y escuchar un gruñido como respuesta. Claro que muchas veces el día no es así tan bueno. Todos nosotros tenemos nuestros buenos y malos momentos, pero es un hecho también que si hoy las cosas que nos rodean no nos agradan, en algunas situaciones hemos sembrado lo que naturalmente estamos recogiendo. Sé también que esa noción espiritual de la “ley de Acción y Reacción” también conocida como “Ley de la Atracción” no siempre es bien recibida por las personas.

Hay mucha gente que ha adoptado el papel de víctima, pero hemos de recordar que no siempre el cuitado de hecho lo es. Muchas historias – por no decir todas – tienen por lo menos dos partes. En nuestras relaciones, las personas “de bien” suelen fácilmente sentir pena de los que sufren e incluso quieren ayudar. Conozco, inclusive, a mucha gente estupenda que cayó en terribles celadas intentando con el corazón abierto hacer el bien. Parece que el deseo de ayudar es tanto que las personas pasan por encima de sí mismas, de sus creencias, de sus intuiciones, por ayudar a alguien justamente porque piensan que nadie merece el sufrimiento, la exclusión, la persecución, etc.

Es triste decirlo, amigo lector, pero todos merecemos lo que estamos viviendo. Porque si no es algo cultivado y cosechado en esta existencia, de forma consciente, puede también ser fruto de actos inconscientes de egoísmo, arrogancia, mal humor y mala voluntad. Puede también ser algo que hemos dejado en abierto en vidas pasadas. No obstante, no debemos ser fatalistas porque si estamos inseridos en una situación triste, al salir de la condición de víctima, de cuitado, de pobre infeliz, de impotente, tendremos una acción. Y esta acción puede ser lo que apenas faltaba para el impulso de un gran cambio.
Si no podemos cambiar el pasado, ciertamente no podemos decir lo mismo del presente. En el aquí y ahora es cuando podemos hacer incluso un milagro. Pues no hay milagro mayor que interactuar con Dios y cambiar nuestra vida.
Claro que no siempre esto es fácil, no siempre las cosas suceden del modo fluido como nos gustaría, pero días mejores pueden sobrevenir, la vida puede cambiar.

Una amiga, esta semana, empleó la siguiente frase: “No existen víctimas, sino voluntarios”.
Fuerte ¿no?
En aquel momento pensé quién se presenta voluntario para el sufrimiento, para la traición, ya que nadie se considera merecedor de ese tipo de cosecha y me quedé impresionada con las respuestas que obtuve.

Los Maestros han dicho: “Todo aquel que no quiere cambiar; porque las personas quieren que la vida sea a su manera, que los demás hagan lo que ellas quieren, tal como ellas quieren y no es así. La vida tiene una dinámica mucho mayor que lo que podemos ver. Como una fábrica de galletas que, además de los ingredientes del bizcocho que comemos, tiene además enormes batidoras, separadores de alimentos, hornos, personas trabajando, embalajes, oficinas comerciales. El producto final son galletas, pero ¿qué es lo que está por detrás de todo eso? Gente trabajando, alimento básico, marketing, visión, deseo, ambición. El mundo es así, lleno de voluntarios para una forma de vivir y de actuar. Formamos parte de este engranaje”.

En esos momentos, es cuando vale pensar: ¿Para qué cosa te estás presentando como voluntario? Qué tipo de vida te estás permitiendo. Porque si de alguna forma te sientes infeliz a ti corresponde caminar, cambiar, transformar, y puedes estar seguro de que incluso pequeños actos pueden convertirse en grandes impulsos transformadores. Nunca pierdas la fe en ti mismo, pues tú eres tu mayor aliado.


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