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NEUROSIS PROSPECTIVA


por João Carvalho Neto - [email protected]

​Traducción de Teresa - [email protected]

Las neurosis fueron las psicopatologías más observadas por Freud cuando de la formulación de su Teoría Psicoanalítica. Llegó a ellas por la clínica con pacientes que presentaban síntomas de conversión, por aquel entonces síntomas histéricos, según él los denominó, y que estaban relacionados con traumas vividos en una de las fases del desarrollo psicosexual del individuo, durante la primera infancia.

A pesar de que su clasificación de las patologías neuróticas ya no es coincidente con la Clasificación Internacional de las Enfermedades, el hecho es que la casi totalidad de las manifestaciones de la neurosis tienen raíces en traumas remotos, salvo las neurosis de adaptación y las neurastenias que se han desarrollado a partir de traumas más recientes.
Una de las características de las neurosis es que éstas llevan a la persona a una inconsciente compulsión a la repetición, en una tentativa por parte del psiquismo de modificar y resolver la situación traumática original mediante la recreación de la historia pasada. Con ello la vida actual del neurótico pierde su espontaneidad, y él repite una y otra vez comportamientos sin darse cuenta de que están representando el mismo guión del trauma inicial, modificándose únicamente los personajes, que pasan a ser otras personas en quienes él encuentra, por un proceso transferencial, las mismas características de los primeros personajes.
Empecé con este planteamiento, a título de clarificación, porque observo que hay personas que también pierden la espontaneidad de su presente, no por traumas pasados que influencian sus vidas, sino por miedo a traumas futuros que puedan llegar a producirse. A partir de esos miedos, ellas construyen el momento actual en función de expectativas que sustentan estrategias defensivas para amenazas que pueden no llegar a concretizarse nunca, pero que se presentan reales en la imaginación de esas personas.
O sea, una situación traumática imaginaria con fuerza de realidad.
Vivimos en una sociedad que se mantiene envuelta en un aura de miedos: miedo a la criminalidad, a la carencia material y afectiva, a las catástrofes, a la vejez, entre otros muchos. El propio sistema estimula esto, y los medios de comunicación ejercen un papel significativo, repitiendo ante nuestros ojos todo tipo de situaciones que alimentan tal preocupación. Podemos decir que existe una industria del miedo, que vende seguros de todas clases, material y servicios de seguridad, planes de salud, etc. Hace algún tiempo, un conocido me contaba, muy entusiasmado, que había comprado en Estados Unidos de América un aparato que convierte cualquier agua en agua potable, incluso el agua de alcantarilla, para el caso de que sobrevenga alguna tragedia con alto poder destructor.
El ser humano para estar sano necesita ser feliz, porque la felicidad hace liberar hormonas en la fisiología corporal que aportan bienestar y equilibrio funcional al organismo. Pero para ser realmente feliz, el ser humano necesita estar en el presente, viviendo plenamente el tiempo presente, que es donde su placer real se encuentra. A un ser humano preocupado le sobra mucho menos espacio mental disponible para vivir la felicidad. O sea, un ser humano “pre-ocupado” por su futuro, va a alterar la espontaneidad de su vida presente, incapacitándose para ser feliz y saludable.
Claro que vale resaltar, para los más críticos, que no estoy haciendo apología de la inconsecuencia, y que es preciso planificar el futuro. Pero planificar en cuanto a fijar metas es una cosa, y permanecer recreando un presente en función de miedos futuros que pueden no concretizarse nunca, es otra.
A este comportamiento repetitivo actual sustentado por una amenaza de trauma futuro es a lo que yo estoy llamando neurosis prospectiva.
Podríamos considerar que una neurosis prospectiva puede existir por cuenta de una neurosis pasada que proyecta inseguridades para el futuro. O sea, una situación traumática remota alimenta un miedo inconsciente de que ésta se repita más adelante, alterando el presente de la persona. Esto sería una conjugación de factores. Pese a todo, por lo que observo, esa neurosis prospectiva puede aparecer aisladamente de influencias pasadas, denotando una personalidad insegura en cuanto a su capacidad de enfrentarse a las dificultades en el futuro.
Considero que solamente una comprensión transpersonal de la vida, de las leyes que rigen nuestra realidad espiritual, puede situarnos con más seguridad en el presente, menos preocupados por el futuro, pero disponibles para vivir la temporalidad y las variables que se presentan, permitiéndonos la felicidad posible para el ahora.
João Carvalho Neto
Psicoanalista, autor de los libros
“Psicanálise da alma” y “Casos de um divã transpessoal”.
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