Niños Especiales: ¡Angelitos enviados por Dios!
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 08/04/2020 11:34:59
Traducción de Teresa - [email protected]
Cuando era pequeño me decían que al final del arcoíris había un pote de oro. Pensé: ¡Caramba, voy a ser dueño de un tesoro! En los años que me quedaban de la niñez, armado con un tirachinas, me convertí en un intrépido cazador de arcoíris; sin embargo, por más que lo intentase, no era capaz de alcanzarlos. El tiempo pasó y llegó la sensatez, característica erróneamente valorada, puesto que en realidad poco más es que un mero matador de sueños. Aunque había algo que yo no sabía. Puede que no logremos alcanzar el arcoíris, pero a veces, como gracia, él viene a nosotros. Un día el arcoíris pasó por mi casa. Trajo consigo, jugando al 'tobogán', a un ángel aprendiz, disfrazado de niño especial, un tesoro con el cual no soñaba. Esa criatura-ángel pobló mi casa de sonrisas mágicas, capaces de curar dolores en el alma, y desde entonces, mi familia y yo hemos vivido como dijo un poeta (que no recuerdo): - La vida no se cuenta por el número de respiraciones, sino por el número de veces que hemos perdido el aliento.
- Autor: José Carlos da Silva, padre de Juan Pedro - Ayuda a divulgar Crianças Especiais: link
Niños especiales son todos los que tienen algún tipo de deficiencia física y/o mental, tales como parálisis cerebral, distrofia muscular congénita, deficiencia mental, síndrome de Down, autismo, síndrome de Usher, Síndrome de Williams, esclerosis tuberosa, deficiencia auditiva y visual, epilepsia, etc. Es, por lo tanto, un término muy genérico, ya que abarca los más diferentes síndromes infantiles. Tienen necesidades especiales y, siendo así, necesitan cuidados, acompañamiento y atención igualmente especial.
No obstante, la gran dificultad - entre otras muchas - del niño especial es su inserción en la sociedad, y esto se debe aún a la ignorancia y prejuicio de muchos. No en vano el gran físico Albert Einstein decía: Es más fácil romper el núcleo de un átomo que los prejuicios humanos.
Los padres, los familiares y, principalmente, los propios niños especiales, son blanco frecuente de la intolerancia y discriminación de aquellos que no aceptan convivir con personas diferentes.
Aunque el peor prejuicio viene de los propios padres, que, en muchos casos, no aceptan la deficiencia de su hijo(a). Reaccionan con tristeza, rebeldía, vergüenza, decepción, inconformismo, o incluso con sentimiento de culpabilidad y de fracaso, por haber generado una criatura deficiente.
Se producen rupturas matrimoniales, las relaciones acaban amargándose, pero también pueden unir a las parejas. ¿Por qué mi hijo(a) es especial?
Es la pregunta que no quiere callar, y que lleva a muchos padres a acudir a la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) - La Terapia del Mentor Espiritual, abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí. En esta terapia, el mentor espiritual (ser desencarnado de elevada evolución espiritual, responsable directo por nuestro perfeccionamiento espiritual) podrá responderles, aclarando en las sesiones de regresión por qué el niño ha venido deficiente.
Si bien no se puede generalizar la causa de una deficiencia, pues cada caso es un caso como se dice en la jerga médica, según mi experiencia clínica, tras haber conducido innumerables sesiones de regresión con padres de niños especiales, es corriente que sus mentores espirituales les revelen que sus hijos han elegido, en el plano espiritual, reencarnarse en esta vida terrena pasando por la experiencia como deficientes, a fin de depurar sus propias almas y para mejorar a sus padres como seres humanos. En otras palabras, padres y familiares necesitan aprender con los niños especiales a amar sin discriminar a personas diferentes, pues en otra vida muchos de ellos discriminaron, persiguieron, perjudicaron de forma racista, siendo intolerantes - a menudo con actos de crueldad, de tortura - a determinados pueblos, o incluso a personas con alguna deficiencia.
Entonces muchos de esos críos especiales aprendieron, fueron preparados en el Astral, para venir como ángeles encarnados con el propósito de depurar sus propias almas, así como mejorar a sus padres. Otras, sin embargo, no son niños-ángeles; se reencarnaron como parte de su rescate kármico y han venido con deficiencia física y/o mental, pues cometieron actos bárbaros, matando, persiguiendo, discriminando, descepando los cuerpos de sus enemigos. Por ejemplo: niños con problemas de retraso mental o con graves problemas de aprendizaje, vienen con esa deficiencia como rescate kármico por haber hecho mal uso de su inteligencia, perjudicando a muchas personas en una vida pasada. Pueden haber sido aquellos científicos nazis que hacían experimentos médicos con los judíos en los campos de concentración.
Observa, apreciado lector, que los niños especiales-ángeles, normalmente son muy dulces, dóciles, cariñosos, afables, profundamente amorosos, mientras que los que no son ángeles traen todavía vestigios de las inclinaciones negativas (rasgos de personalidad) de una vida pasada, tales como rebeldía, agresividad, egoísmo exacerbado, quejas, impaciencia, irritabilidad, maledicencia, etc.
Véase a continuación el caso de una paciente que acudió a mi consultorio tratando de comprender por qué sus dos hijos - que habían nacido sanos - sufrieron a los tres años una fiebre alta, perdiendo entonces todos los movimientos del cuerpo, dejaron de crecer y se convirtieron en niños especiales, en silla de ruedas, teniendo necesidad de ser alimentados por sondas.
Caso Clínico:
¿Por qué mis dos hijos se convirtieron en niños especiales?
Mujer de 35 años, casada, tres hijos.
Vino a mi consultorio una paciente que quería saber por qué sus dos hijos, pese a haber nacido sanos y perfectos, al cumplir los tres años tuvieron una fiebre tan alta que perdieron todos los movimientos del cuerpo, dejaron de crecer, y se convirtieron en niños especiales. A causa de eso tienen que vivir en silla de ruedas y alimentarse por medio de sonda.
En la entrevista de evaluación, me relató: - Dr. Osvaldo, desde pequeña le decía a mi madre que quería casarme y tener hijos, soñaba con tener mi propio hogar. No me gustaba estudiar, pues en mi cabeza yo sería un ama de casa, cuidaría de mi hogar, de mi marido y de mis hijos. Al cumplir nueve años, soñé con un muchacho, que ocho años más tarde vino a ser mi marido. Lo conocí en la escuela, él era profesor de educación física; yo tenía 17 y él 26 años. Nos casamos pronto, porque era mi sueño. Mi padre nos dio una casa muy linda y la decoré a mi gusto; m encantaba mi casa, permanecía esperando a que mi marido llegase del trabajo. Pronto me quedé embarazada, vino nuestro primer hijo, Daniel. Nació precioso, sano y perfecto. Vivía para él, me encantaba cuidarlo. Pero tres años después de su nacimiento, una noche, empezó a llorar sin más, me sentí desesperada, telefoneé a mi madre y decidimos llevarlo al hospital; él ardía en fiebre, los médicos lo ingresaron y después me dijeron que mi hijo sufriría secuelas debido a la fiebre alta que tuvo, de 43 grados. No comprendí nada, me sentí desesperada, quería a mi Dan de vuelta.Dr. Osvaldo, no es una queja, solo deseaba comprender por qué le ocurrió eso; me pregunto: - ¿Sería porque yo no fui una buena madre? ¿Habré sido relapsa? Muchas cosas me vienen a la cabeza. Continué amando a mi Dan, sus ojos decían que él quería vivir, y yo comprendía todo. Dos años después de la fiebre de Dan, cuando él ya tenía cinco años, me quedé embarazada nuevamente, esta vez, de una niña; mi marido y yo nos pusimos muy contentos, nuestra princesita estaba llegando. Marcela nació perfecta también, con salud, sin ningún problema. ¡Pedimos al pediatra todos los exámenes posibles y todo estaba bien! Pero a la edad de tres años le ocurrió lo mismo que a Dan - ella tuvo mucha fiebre, corrimos de nuevo al hospital, y otra vez el diagnóstico: mi hija sufriría secuelas debido a la fiebre alta. ¡Dos hijos, doctor, con la misma historia!
Quiero comprender por qué ocurrió todo eso con mis hijos. Yo sigo desde hace mucho tiempo su trabajo, leyendo sus artículos en el Sitio Web, y estoy segura de que habré de encontrar respuestas en esta terapia, pues tengo fe en que los espíritus superiores me ayudarán a ser una madre mejor para mis hijos.
Quiero saber también qué puedo hacer para ayudarles, y principalmente, cuál es mi vínculo con ellos. Por fin quería saber cuál es mi misión, mi verdadero propósito de vida.
Tras haber pasado por dos sesiones de regresión, en la 3ª y última sesión, tan pronto pasó por el portón (recurso técnico que siempre utilizo en esta terapia, que funciona como un portal, que separa el mundo físico del mundo espiritual, el pasado del presente) la paciente me relató: - Veo una niebla blanca. No consigo ver nada más que eso.
Le pedí entonces que caminase un poco más.
- Está pasando la niebla, doctor. Veo al fondo una casa blanca, grande, voy caminando hacia el portal de esa casa. Sale a mi encuentro una mujer con una criatura; ella me recibe, me abraza, me toma de la mano y me conduce a dentro de esa casa. Veo muchos críos jugando. Parece que ya conozco ese lugar, que ya he vivido aquí. Está en el plano espiritual. Esa mujer que salió a recibirme se llama Cecilia. Me dice que somos hermanas, y que allí fue mi última morada, antes de mi reencarnación actual. Yo le ayudaba con los críos. Pregunté a Cecilia por qué aquellos niños estaban allí. Ella me explica: - Hermana, aquí permanecen los niños que van a nacer especiales, todos están aquí para aprender a ser ángeles en la Tierra; el amor, el cariño, imperan en esas criaturas. Aquí las entrenamos para que puedan pasar por todos los percances que la vida terrena exige; por eso, ellos deben ser fuertes.
Ahora recuerdo: yo también trabajé aquí con esos niños. ¡Caramba, qué maravilloso! Estoy muy emocionada (la paciente habla llorando). (Pausa).
Pregunto a mi hermana cómo puedo hacer para ayudar a mis hijos, pues los amo mucho, quiero darles lo mejor, que tengan una vida digna, y que no sean excluidos por la sociedad. (Pausa). Pregunté también cuál es el vínculo que tengo con ellos.
Ella contestó: - Hermana, ellos estuvieron aquí contigo en esta casa; cuando decidiste reencarnarte, te pidieron que fueses su madre. En realidad, tus hijos Daniel y Marcela también eran hermanos en el Astral y decidieron reencarnarse contigo, pues siempre dijeron que serías una madre maravillosa.
- ¡Dios mío, es verdad, ahora lo recuerdo! Ellos querían tener esa experiencia como niños especiales, y me eligieron para ser su madre.
- Hermana, ¿qué puedo hacer para ayudaros ahora en esa jornada?
- Bueno, tú los amas mucho, y ellos lo perciben. Tu misión de vida es encontrar un lugar para que los padres que también tienen niños especiales comprendan que han sido elegidos por sus hijos, que son ángeles, criaturas maravillosas y que serán niños por siempre. Son ángeles enviados por Dios para que los padres y toda la familia aprendan con ellos, no los subestimen, ya que tienen mucho que enseñar. Tendrás otro hijo, otro niño, pero ese no será especial - él tendrá que aprender a amar sin discriminar a sus hermanos y a las personas que son diferentes de él. Esa tarea se le hará muy difícil.
- No importa, hermana, amo a todos mis hijos y, con toda seguridad, cumpliré mi misión, tanto con Daniel y Marcela, como con mi próximo hijo. Con relación a ese lugar a que te referías, siempre tuve ese deseo; pero ahora sé que voy a lograr cumplir ese propósito.
Gracias, hermanita, muchas gracias, yo sabía que obtendría respuestas en esta terapia, ¡muchas gracias, de corazón! (La paciente estaba bastante emocionada, no dejaba de llorar al término de la sesión; su fe era indiscutible).
Pasados dos años del término de la terapia, ella me envió un correo electrónico diciendo que había nacido su tercer hijo, Enrique. Dijo que él estaba bien, era un chaval muy despierto y sano, como había dicho Cecilia, su hermana y mentora espiritual. La paciente dijo además que puso en marcha un grupo de padres, que se reunían, por el momento, en su casa, para discutir, aprender, en fin, para hablar sobre sus angelitos.








in memoriam