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¡No eres el responsable! ¡Apea ese fardo de ti!


Autor: Alex Possato - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Cuando eras pequeño, hicieron todo para que aprendieses a convertirte en un adulto. Responsable. Cumplidor de tus obligaciones. Que no avergonzases a papá, a mamá, a la familia. Un buen ejemplo. Te indicaron el camino de cómo triunfar: familia, escuela, carrera, espiritualidad, logros personales. En nombre de las cosas prácticas de la vida, has ido desaprendiendo a jugar. Quizá te hayas vuelto un adulto pelmazo. Eficiente, pero pelmazo. O quizá, peor todavía: un adulto pelmazo e ineficiente. Fracasado. Hoy, ni sabes triunfar, ni sabes jugar. Qué horror ¿no es cierto?

Bien, al César lo que es del César. Al niño lo que es del niño. Un adulto debería saber mantenerse. Debería saber cuidar de sí mismo y atender a sus responsabilidades. Pero, ¿qué son sus responsabilidades? ¿Tendrá todavía validez aquello que te han enseñado papá y mamá? ¿No podrías dejar a un lado un montón de cosas que sólo haces porque. porque. ni siquiera sabes por qué, ¿verdad?

Piensa bien: ¿cuánto tiempo te sobrará para cuando atiendas solamente a lo que es de veras tu responsabilidad? Yo digo: ¡un montón! Te sobrará tiempo hasta para, en vez de pasar la vida martirizado en atender, puedas compartir tu alegría y paz con el otro. Estar verdaderamente presente en tus relaciones, en lugar de estar presente en creencias y obligaciones que ni siquiera son tuyas, pero que acabas usando a los demás como disculpa para cumplirlas. ¡Sí! Cumplir creencias y obligaciones de papá, de mamá y de la familia. A menudo no estás siquiera para las cosas que haces, y sólo las haces porque tienes un "tengo que esto", y "tengo que aquello" incesante, dentro de tu cabeza. Observa si esto tiene o no un fondo de verdad. Si no lo tiene ¡estupendo! ¡Muy bien! Pero permítete aclarar, de verdad: ¿cuánto das de ti porque realmente lo deseas? ¿Observas la diferencia? Hacer algo por obligación es pesado, duro, dramático, exigente. Estar presente y compartir es leve, agradable, sin responsabilidad, sin plazo. Dura el momento que duró, después, ¡fin! Se acabó.

Así como hay personas con la creencia distorsionada de que la vida es un martirio de responsabilidades, veo a mucha gente con la inocente e infantil idea de que no debe atender a nada, porque la vida es leve, es un juego. ¡Sí! ¡Es verdad! La vida es leve, es un juego. Pero un adulto de treinta y pocos años, de cuarenta, cincuenta, sesenta, ya ha vivido mucho. Ha dejado muchas cosas atrás. Ha tenido muchas relaciones. Quizá, hijos. Empresas. Carrera. Clientes. Amigos. Religiones. El crío-adulto sólo sabrá jugar leve de verdad cuando mire todo lo pasado y se sienta igualmente leve. Cuando no haya cobranzas. Ni de un lado. Ni del otro. Si alguien te está cobrando algo, es porque se lo debes. La ecuación es bien sencilla. Y si alguien te está cobrando, tú sólo descansarás tranquilo cuando hayas pagado lo que le debes. ¿Quién te está cobrando? ¿Tu ex pareja? ¿Tus hijos? ¿La familia? ¿Los amigos? ¿El cuerpo físico? ¿La cuenta bancaria?

Querido amigo, querida amiga: si alguien te está cobrando, no te sientas culpable. No te sientas en deuda. En este mundo de Dios, vivimos en relaciones todo el tiempo. No es posible escapar a esto. Aun así, es nuestro camino de autoconocimiento tratar de limar las posibles aristas, si eso es posible. A veces, no lo es. No obstante, es deber nuestro el intentarlo. No por sentirnos culpables, sino solamente porque es camino de aprendizaje. ¿Quién es el que va a hacer eso? El adulto. El adulto consciente.
Limar las aristas te hace sentir libre para vivir. Para ser alegre. Para tener placer. Para arriesgar. ¡Para hacer las cosas de otro modo! En suma, es exactamente en los puntos de fricción donde nos despertaremos para el mayor don que el Universo nos reserva: ¡el Amor! Un crío vive el Amor, pero no tiene idea de eso. Un adulto desconectado de su niño interior, no vive el amor: piensa en él, habla de él, pero no lo vive realmente. Sólo el adulto consciente, unido a su niño saludable, puede vivir el Amor en plenitud. Entregado e inocente. Responsable y de buenas consigo mismo y con el mundo. Lleno de placer. Y presencia.


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