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No se puede volver sencillo lo que es complicado


por Bernardino Nilton Nascimento - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Todos procuramos leer y saber más sobre autoayuda, como si fuese sencillo salir de una situación difícil, que nos angustia y nos quita la alegría de vivir. Lo cierto es que nos sigue pareciendo que los problemas ajenos son más fáciles que los nuestros. Observando la situación desde arriba y por la parte de fuera, se hace naturalmente más sencillo dar con las soluciones.

Con la depresión atemorizando el futuro de muchas personas, los psiquiatras, los psicólogos, las religiones y los estudiosos se ven preocupados por encontrar una solución rápida para los problemas disciplinarios del cerebro, que tienen como base los pensamientos y sus sentimientos mal resueltos.
La terapia de grupo viene aportando resultados óptimos en la depresión y otros problemas del alma. Conociendo los problemas de los demás empezamos a vislumbrar salidas para los nuestros. Muchos acaban solucionando sus problemas prácticamente solos. Los problemas se vuelven pequeños cuando, con sinceridad y sin timidez, son expuestos al grupo, con el acompañamiento de un profesional que coordina el tiempo como mediador, haciendo las preguntas oportunas para no herir los sentimientos de los interesados.

Para los sentimientos no hay remedio, y solo con otro sentimiento puede llegar la curación. No es fácil hablar de Dios a quien tiene hambre. Primero hemos de darle de comer y después hablarle de Dios. Quizá seas capaz de decir que Dios existe y está a su lado, y te conviertes en un mensajero que ha venido a salvar una vida. Este es el camino de que se sirven muchas religiones para atraer a sus fieles; sin embargo, no cura para siempre, ni va a salvar a la humanidad.

El saber que nuestros problemas no son los únicos ni los peores nos produce una sensación de bienestar momentáneo.

La depresión se instala en la vida de una persona por diversos motivos, y el miedo es uno de ellos. El miedo es uno de los peores venenos para la humanidad. Sin la esperanza por el mañana y sin saber vivir el hoy, el ahora, acabamos abriendo espacio para que se instale la depresión. La bebida, la droga, el consumo desenfrenado y otros tantos ejemplos acaban sirviendo de vía de escape para quienes no son capaces de enfrentarse a sus problemas o de buscar ayuda en el momento en que más la necesitan.

Los laboratorios solo hacen esparcir drogas, creando medicamentos y más medicamentos para curar el problema de la depresión. Esos medicamentos llevan al paciente a un viaje suave, pero que al final acaba haciéndole adicto y necesitando dosis cada vez mayores. Entre los laboratorios y los psiquiatras están los deprimidos que, sin saber el motivo de la depresión, van probando drogas fortísimas.

Los psicólogos tratan de buscar la verdad del paciente en el pasado, más precisamente en la infancia, origen de todas nuestras angustias. Conducen al paciente a un viaje al pasado para decir ahora lo que se debió decir en aquella ocasión. Un tratamiento de la mente para la mente. Dejando fuera el corazón, las decisiones de nuestra mente y los consejos de otras personas pesan en nuestras decisiones y en nuestros dones, que deberían venir del corazón y acaban por venir de fuera, interfiriendo y llevándonos a un futuro que no existe.

Tenemos la costumbre de vivir la vida de los demás, dando opiniones sin conocer a fondo la verdad que cada cual arrastra desde su pre-destino (que él mismo ha escrito). Tenemos que vivir nuestra propia vida.
Vivimos en el mundo de los pensamientos, donde lo que se piensa hoy puede suceder un día. No debemos decir que es fácil sacar a alguien de una depresión o de algún otro problema sin que la propia persona participe intensamente. A veces ninguna ayuda sirve de nada. La propia persona tiene que llegar al fondo del pozo y por sí misma descubrir, en presencia de la fe, la subida para una vida mejor y más feliz.

Tenemos muchos ejemplos para creer en la fe y en un cambio en nuestras vidas, trascendiendo de lo normal mentiroso y viviendo la verdad del corazón. De hecho, sentimos orgullo por lo que hacemos y por más iluminado que uno esté aquí en la Tierra, tenemos nuestras prioridades. Ningún gurú, ningún médium, ningún obispo, ningún pastor, ningún médico que haya conquistado algo del poder astral o de otros poderes, ya fuese por estudios o por dones, deja de atender a alguien famoso por atender a un ser humano corriente. Es con orgullo como dicen: “Fulano ha sido tratado aquí”. Ellos se sirven de esos artificios para atraer más adeptos, más lectores, más fieles.

No es tan sencillo como parece. No es una palabra ni tampoco un libro, no son las experiencias lo que va a traer la vida normal y alegre. Lo que puede ayudar a traer a alguien para la superficie de su vida normal y alegre, son los intercambios de problemas entre sí. Viviendo el ahora, el intercambio de perfeccionamientos y de experiencias harán que las personas se sientan útiles y traten de resolver sus problemas, procurando ayudar a encontrar las soluciones del grupo sin cambiar la historia de cada cual. En la búsqueda de ayudar al prójimo encontraremos la salida para nuestros problemas. Ayudando, seremos ayudados y deseando la felicidad del prójimo es como seremos felices. El universo y el corazón se entienden muy bien. La Tierra y el pensamiento también se entienden bien. Reúnete con esos cuatro poderes y procura vivir el ahora. Sé el Sol para otras personas y la Luna serás tú. Es la luz del Sol, que se reflejará e iluminará tu vida, tu Luna.

La depresión puede ser una enfermedad de falta de cariño de unos hacia otros: vecinos que no se hablan, compañeros de trabajo que no se entienden, falta de cariño en la familia, la falta de respeto a los más ancianos, a los niños, y la ausencia del amor verdadero que la juventud tanto anhela. Son tantos los miedos, que hemos dejado de consultar al corazón. La mente entra y pone la pereza por delante, dejando el ahora para un mañana que no existe. Entonces, se van acumulando pequeños problemas internos hasta formarse un problema mayor, que toma la forma de la depresión.

Queremos vivir alegres y transmitir la alegría al otro. Estamos interconectados por ondas magnéticas y lo que deseamos para los demás lo estamos deseando para nosotros. Por eso somos todos unos, unos en la verdad, unos en la mentira, unos en el bien, unos en el mal. Somos fuertes y podemos cambiar todo lo malo que ocurre, pero hemos de tener más calor humano. Debemos ser más verdaderos y hacer más caso al corazón en el momento de las decisiones.

BNN


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