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No te pongas enfermo


por Tom Coelho
tomcoelho@tomcoelho.com.br

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

“Casi todos los hombres mueren de sus remedios,
no de sus enfermedades”.
(Molière)


Puede ser por un cambio climático, por exceso de trabajo, estrés emocional, descuido, o por otros factores, impepinablemente te verás acometido, en algún momento, por una enfermedad cualquiera. Así, con la salud quebrantada, la postración puede visitarte. Los días se hacen largos e improductivos, y te sientes angustiado, a la espera de recobrar tu integridad.

En un primer momento, es natural que se recurra a la automedicación. Un antitérmico para debelar la fiebre, un analgésico para aliviar el dolor. No obstante, si los síntomas persisten, es preciso acudir a la consulta del médico. Y entonces, los problemas se amplifican…

La mayoría de los Servicios de Urgencias parecen líneas de producción en la atención a los pacientes, además de una evidente fuente para nuevas enfermedades. Saca número y aguarda turno. Rellena tu ficha, y aguarda el triaje. Ahora, paciencia para ser recibido por el médico, casi una hora más tarde.

En un Servicio de Urgencias los médicos de guardia son casi siempre residentes, con certificado de colegiado emitido hace dos o tres años. Ciertas pruebas básicas que deberían ser solicitadas son pasadas por alto, porque eso sería oneroso para el hospital y el convenio médico, aparte de alargar la consulta. El caso es despachar enseguida al paciente para dejar sitio al siguiente en la fila. Así, el diagnóstico muchas veces resulta imperfecto y no concluyente.

Diez minutos más tarde, con las recetas en mano, vas a una farmacia. Allí, te das cuenta de que el médico prescribe, por ejemplo, dos grageas por día a lo largo de una semana, haciendo un total de 14 comprimidos. Sin embargo, el medicamento se vende en envase de diez unidades, lo cual te obliga a adquirir dos cajas, sabiendo que te sobrará medicamento – el cual será utilizado, en el futuro, para alimentar el hábito de la automedicación. Me pregunto: ¿dónde está el error por detrás de eso? ¿En la prescripción del especialista, equivocada, o en la opción del laboratorio, que a propósito comercializa el producto en cantidad incompatible con la posología recomendada, con la anuencia de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria? ¿No debería haber sintonía entre ambos?

Por fin, además está la cuestión económica implicada en todo este proceso. Del aparcamiento a precio de “club nocturno” cobrado en la puerta del Servicio de Urgencias, pasando por el precio exorbitante de los medicamentos, en especial si optas por la adquisición de uno de “marca”, en lugar de uno “genérico”. La salud no es definitivamente un bien público al alcance de la población.

Cierta vez pasé quince días peleando contra una tos crónica, habiendo pasado por cuatro médicos sin obtener un diagnóstico aceptable y dejando cantidades considerables en el mostrador de las farmacias. Entonces, empecé a cuestionar la calidad de los profesionales formados en los días actuales y sobre cómo el ciudadano sin acceso a un convenio médico privado, dependiente del servicio público se enfrenta a una enfermedad. La conclusión es una: simplemente, no le asiste el derecho de ponerse enfermo...



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