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Nuestro Brasil


por Maria Cristina Tanajura
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Traducción de Teresa - [email protected]

Desperté en medio de la noche y al mirar por la ventana de mi cuarto hacia la avenida, allá abajo, vi dos barrenderos limpiando las aceras, que hasta no me parecían sucias. Todo era silencio alrededor, y ellos anónimamente trabajaban. Haciendo algo que nadie considera importante, y vestidos con el uniforme de la empresa que los ha contratado; y mi imaginación pronto se echó a volar, acordándome de cuántos, en aquel mismo momento, estaban tramando atracos, violaciones, robos. La diversidad es grande, en este nuestro planeta escuela. Me parece que la imagen de aquellos humildes servidores públicos ya no saldrá nunca más de mi mente. Nadie los mandaba, nadie los vigilaba. Hacían, en el silencio, lo que tenían que hacer, cumpliendo su obligación.
En todo nuestro inmenso Brasil, ¿cuántos no habrá como ellos? ¿Cuántos no trabajan para sobrevivir, cumpliendo jornadas difíciles, con horarios en que la mayoría descansa?
Siento una ternura muy grande por los humildes, pues poco tienen en lo material, mucho luchan, y siguen adelante, creyendo en un Dios que es Padre y que ha de ayudarles a continuar viviendo como buenamente puedan.
Somos un país de personas así, fundamentalmente. Seres alegres, amorosos, abiertos, solidarios. Y tenemos que volver a creer en esta imagen brasileña que anda muy distorsionada e incluso desacreditada, por culpa de la mala calidad de ciertas personas que se arbolan en líderes, políticos o no, y que no tienen la menor condición para serlo. Se pavonean de grandes y se consideran merecedores de riquezas – a cualquier coste. ¡Olvidando que el humilde puede ser ignorante por no haber tenido acceso a la educación escolar, pero puede, en cambio, dar ejemplo de cualidades morales que ellos, los poderosos, a menudo jamás han procurado aprender y practicar!
¡Tenemos que salvar nuestro Brasil, amigos! Somos una nación con formato de corazón y con una gran misión entre las demás. No podemos desistir de nosotros mismos, considerando y propagando que el brasileño no es serio, es corrupto, es esto y aquello, siempre despreciando y denigrando nuestra imagen ante la sociedad.
Pasamos por momentos tumultuados, por aguas turbulentas, pero hemos de alcanzar la mar en calma, si no desistimos de continuar creyendo en nosotros mismos, en la bondad innata del ser humano, en los valores de nuestra patria querida.
¡Orden y Progreso! Palabras de nuestra bandera, símbolo nacional. Procuremos vivir de forma más disciplinada y si no podemos modificar toda una población, probemos a ir transformándonos. Cambiando el camino más fácil y a menudo turbio, deshonesto, por el camino más estrecho pero lleno de Luz y Paz de que nos hablaba el Maestro Jesús.
¡Brasil, corazón del mundo, patria del Evangelio! Estás siempre protegido por las fuerzas espirituales del Bien y aquí se encarnan diariamente seres de mucha evolución, buscando cumplir ejemplarmente sus misiones. Si creemos en esto, ya estaremos ayudando a nuestro país.
Cada nación tiene su personalidad, como la tienen las personas, en su gran diversidad. Es preciso que nuestro país sea respetado por el gran valor que tiene, como un verdadero Ser que busca traer a nuestro planeta una forma más humana y cristiana de vivir.
Ser evolucionado no es necesariamente ser rico, poseer muchos bienes materiales. Pero sí es valorar cualidades como compasión, solidaridad, humanismo, alegría, sencillez, humildad, respeto por sí mismo y por el otro.
Si no nos respetamos, brasileños, sucumbiremos en este torrente de negatividad que está intentando abatirnos. Seres tenebrosos se carcajean ante el abatimiento que demostramos… Ellos desaparecerán, serán alejados, si tenemos confianza en que podemos marcar una diferencia eligiendo siempre lo mejor para nuestro pueblo. Pensando en lo social, y no egoístamente sólo en nosotros mismos. ¿Para qué tener dinero si perdemos nuestra alma, el amor propio, el respeto, la paz? Para algunos, por ahí, la vergüenza ya no existe. Creen que siempre les irá bien, aunque sepan y todos los demás también, ¡que no valen nada!!!
Guardemos en nuestra mente la imagen de un Brasil justo, respetador de los derechos de todos, varonil – como los antiguos lo definían. ¡Levantémonos a la hora precisa, especialmente a través del voto, para afirmar quiénes somos y cuánto valemos! Pues tenemos que volver a sentirnos orgullosos de haber merecido encarnarnos en estas tierras bendecidas por Jesús – Guía responsable de todo este planeta.
¡Brasil, estoy vibrando lo mejor de mi corazón para que tu futuro sea iluminado!
Amigo mío, voy a pedirte que entres en esta cadena y vayas pasando este mensaje. Mucha firmeza en esta hora, y la seguridad de que somos nosotros, los buenos, los íntegros, los honrados, quienes representamos a esta patria verde y amarilla, donde si se planta, todo brota…
¡Vamos, entonces, a trabajar para eso!


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