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Nuestros Niños


por Maria Cristina Tanajura - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

En este momento de tantos cambios, hay hermanos encarnándose en todo el planeta, que traen sus mensajes personales, ayudando en la transformación de las sociedades humanas.

Los críos no paran de llegar… los padres ya no tienen tanto tiempo como antes para orientarlos, pues casi siempre trabajan para lograr las condiciones de sobrevivencia, pero ellos también están mucho más preparados para eso. Vienen con otro nivel de consciencia, sabiendo cosas de las que hasta Dios dudaría… Nos quedamos admirados con la capacidad que tienen para lidiar con equipamientos tecnológicos modernos, para muchos de nosotros tan extraños y singulares, difíciles de manejar. Nos miran con respeto y altivez, como si tuviesen nuestra misma edad o incluso más edad que nosotros.

Prestemos atención a nuestros niños, pues son fenomenales… Necesitan de nuestro apoyo, de nuestros cuidados, pero principalmente de nuestra aceptación. Traen con ellos nuevas formas de vivir y de reaccionar a los acontecimientos del día a día. ¿Por qué no observarlos y escucharlos con atención?

No es sencillo encarnarse en este difícil momento de transición por el cual pasa nuestro planeta. La mayoría está en condiciones de saber, antes de encarnarse, lo que va a tener que vivir y eso amedrenta. Pero ellos necesitan ser acogidos, pues sólo cursando la escuela de la vida podrán realmente evolucionar, dar testimonio de haber crecido, venciendo las dificultades del pasado.

Pienso que el respeto puede ser la actitud que cada uno de nosotros ha de desarrollar más necesariamente, viviendo en el mundo globalizado y cada día más próximo uno al otro.

Necesitamos entrenar la paciencia para oír lo que el hermano tiene para decirnos, pues somos muy diferentes de él. El crío que está llegando a menudo viene para enseñarnos maravillas. Como, por ejemplo, formas más sabias y leves de vivir la realidad, de simplificar los problemas para poder llevar un paso más sereno y alegre, pese a todo.

Observemos al otro de forma receptiva, como si lo viésemos por primera vez. Pudiendo aprender con inteligencia lo que nos está enseñando con su forma muy distinta de vivir.

Respetar a un niño es considerarlo un ser cósmico independiente de nosotros y que merece nuestro crédito. Aunque hable un lenguaje un tanto diferente del nuestro, necesita ser oído. No ha llegado a nuestra familia, a nuestra convivencia, por mera casualidad.

Queda atrás el tiempo en que todo se ocultaba a los niños. Hoy éstos están enterados de mucho de lo que sucede, pues son diariamente informados en las escuelas, por la televisión, las tabletas, los i-phones. ¿Necesitan ser orientados? Sí. Pero también es necesario que tomemos conciencia de que son, ante todo, nuestros compañeros de andadura.

Para quienes lo creen, ellos ya vivieron muchas experiencias con nosotros, en otros tiempos, y pueden tener de ellos un recuerdo bueno o malo guardado en el subconsciente, ¡que de vez en cuando se aviva! Muchos están llegando para ayudar, otros para ser perdonados, otros para perdonar. En cualquiera de esas hipótesis, son muy necesarios en nuestras vidas.

Feliz aquel que ha recibido un hijo con amor y cariño, atención y respeto. ¡Esta experiencia es inigualable! Nada de lo que pueda ocurrirnos en esta vida podría ser más importante y relevante que este intercambio de amor incondicional, visceral. ¿Se sufre? Sí, también. Pero ¿habrá algo que podamos hacer, relevante, que no incluya páginas y momentos de sufrimiento?

¡Nuestros niños valen la pena! Ellos están en nosotros, como nosotros también vivimos en ellos. Son perlas de nuestras almas y nada de lo que puedan hacer nos aleja de ellos. Esperemos que los jóvenes de hoy acepten los hijos que les lleguen con respeto y mucho amor. La ciencia nos permite controlar la prole, pero cuando el embarazo ya se ha producido nunca debemos rehusar el hermano que nos llega, pues la pérdida – para ambas partes – ¡será inconmensurable!

No es por casualidad que alguien viene a habitar en una familia. Las historias ligando a esos seres son antiguas e importantes. Se espera mucho tiempo, a veces, para que pueden venir a encarnarse y, cuando esto les es negado, han de esperar todavía más… el estrago es muy grande.

Que nuestros críos lleguen trayendo la esperanza de un vivir más pacífico y solidario, enseñándonos a amar y perdonar. Son ciertamente los heraldos de una Nueva Era que ya se anuncia hace mucho y estar por aquí, para ellos y para nosotros, es esencial.


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