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¡NUNCA ES TARDE PARA TENER UNA INFANCIA FELIZ!


Autor Irlei Wiesel - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Nací en el campo y recuerdo que las noches eran oscuras, pues no había iluminación en el exterior. Por ello, me encantaba ir con mis padres a la ciudad, pues allí, incluso por la noche, las calles eran iluminadas. Pese a no haber tenido el privilegio de vivir en la ciudad, he tenido la suerte y el merecimiento de crecer en un ambiente con innumerables opciones para jugar.

Vivíamos en una casa gigante y en ella dos familias compartían el espacio y los negocios.

Compañía para jugar no faltaba. Los críos del vecindario garantizaban la diversión y los primos también. Jugábamos hasta el atardecer. Subíamos a los árboles, imitábamos a Tarzán y Jane colgados de lianas, corríamos con carritos a rulemanes, construíamos casitas enormes bajo la sombra de árboles frondosos, corríamos sueltos por zonas verdes, nos bañábamos en fuentes cristalinas, cogíamos frutas, ayudábamos a plantar nuestra comida, éramos una pandilla de más de 20 amigos que íbamos a pie 3 km hasta el colegio, estudiábamos con alegría y mucha voluntad.

Mis padres me abrazaban al llegar del colegio, nos mimaban mucho, tratándonos como a héroes. Ellos motivaban el estudio, el colegio, los profesores e incluso la enorme distancia que recorríamos para tener acceso a la escuela. Para ellos, los cuatro hijos eran héroes. Por ese motivo, nuestras notas eran impecables, el esfuerzo que hacíamos era reconocido. El amor era el ingrediente mágico que conducía nuestra familia.

El amor también preserva la infancia como un santuario, donde la felicidad estaba garantizada a través de los abrazos, besos, mimos, cariño, acogimiento, complicidad, amor, ternura, gratitud, reconocimiento, valoración, quietud, armonía y el derecho a jugar. No teníamos luz que iluminase los campos, pero éramos iluminados por la abundancia de amor, juegos y libertad. Puedo afirmar que yo tuve una infancia feliz. Y tú:

- ¿Cómo ves, oyes y sientes tu infancia?
- ¿Consigues describirla positivamente?
- ¿Conociste la felicidad mientras eras niño?
- ¿Eras suelto, leve y amado?
- ¿Estudiabas por obligación, se te exigía y presionaba, o eras un súper héroe para tus padres?
- En los patinazos ¿te abrazaba alguien con amor, o se te ofrecía la frialdad de una mirada que condenaba?
- ¿Había magia y compañía en tus juegos?
- Tu esfuerzo tenía algún significado ¿o era una forma de ser aceptado en el ambiente familiar?

Richard Bandler afirma que: “Nunca es tarde para que tengas una infancia feliz”, esta afirmación es divina, pues ofrece a todos la posibilidad de dar nuevo significado a la infancia, reduciendo las emociones negativas, haciendo aflorar lo que la tristeza acalló.

Hurgar en nuestra historia, devolviéndole la dignidad y la grandeza que merece, abre las compuertas de la levedad. Cuando nos sentimos leves esto es señal de que hemos logrado reescribir lo que nos aprisionaba. Es señal de que hemos soltado lo que marcó negativamente una determinada fase. Los altibajos son ley inevitable de la vida. Pero comprometerse consigo mismo para no cargar con un fardo inútil es un compromiso individual.

Mi infancia tuvo innumerables adversidades, tengo artículos impactantes que describen situaciones crueles que viví entonces, pero afirmo que he asumido un compromiso para reescribirla y lo he logrado, pues a fin de cuentas: Nunca es tarde para que tengas una infancia feliz, ¿no es cierto?

Y tú ¿qué vas a hacer?

Invierte en tu propio cuidado y libera al crío que está prisionero en ti, adulto. Danza la vida, abraza lo que te fue dado dentro de las condiciones en que has crecido, aplaude al niño, contempla la verdad. Tú creciste como un súper héroe ante aquel escenario que no podía ser modificado. Reconoce que en la niñez no disponemos de recursos suficientes para cambiar aquello que los adultos debieran hacer por nosotros. Sana tu culpa por la forma tibia y triste en que ha pasado tu infancia.

Despierta, hay especialistas aptos para ayudarte. Sé un niño feliz, aunque ya seas adulto, e ilumina el planeta.

¡Cuando estés listo llámame, y podremos jugar a vivir! ¿Qué tal?
Irlei Hammes Wiesel
link Irleiwiesel.com.br


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