Obsesión espiritual y curación de enfermedades
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 31/10/2011 17:06:41
Traducción de Teresa - [email protected]
Obsesión espiritual y curación de enfermedades
- Hola, Dr. Osvaldo, ¿cómo está?
Perdone haber tardado tanto en enviar un correo hablándole de mis progresos. A lo largo de estas semanas posteriores al término de la terapia, me siento más tranquilo, con más autoestima y más confianza en mí mismo. Mi problema de impotencia sexual realmente ha desaparecido, mi trabajo y la cuestión económica van muy bien.
Quiero darle las gracias por ayudarme y por la oportunidad. Que Dios le bendiga y le dé cuanto necesite para continuar ese maravilloso trabajo.
- Buenos días, Dr. Shimoda,
Soy María de Andrade (nombre ficticio) y estuve en su consultorio, conforme a la ficha que obra en su poder; hace un año yo tenía una tos crónica constante y quiero decirle que, gracias a Dios y a la terapia hecha en su consultorio, ya no tengo crisis de tos. Si me acatarro puedo tener tos, pero ya no he vuelto a tener aquella que me fastidiaba.
Quiero darle las gracias por la terapia realizada y pido a Dios que le dé larga vida para que pueda, por medio de ese trabajo, ayudar a otras muchas personas que, como me ocurría a mí, ya no saben qué más hacer (la paciente había pasado por varios especialistas – otorrino, neumólogo, alergólogo, homeópata, etc.).
- Hola, Dr. Osvaldo, ¿cómo le va?
Fui paciente suya en septiembre y octubre del año pasado. No recuerdo exactamente en qué fechas, pero acudí a usted debido a algunos problemas, entre ellos, la obesidad.
Siempre había sido obesa (desde la edad de siete u ocho años), hice tres sesiones de ((Terapia Regresiva Evolutiva – La Terapia del Mentor Espiritual, abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí)) TRE(*) y en una de esas sesiones noté que algo estaba siendo retirado de dentro de mí, como si fuese una forma ovoide (la paciente había pasado por una cirugía espiritual).
En aquella ocasión, había empezado una dieta (tratamiento ortomolecular) en el mismo período de la TRE y había adelgazado 31 kg. Puedo realmente afirmar que soy otra persona, ya que estoy totalmente activa, practico carreras deportivas – ya corrí un medio maratón.
Me gustaría darle las gracias por toda su ayuda, y decirle que esta terapia realmente ha marcado la diferencia, pues sin ella estoy segura de que hubiera abandonado la dieta, como sucedió antes con las otras que hice.
Mi sincero agradecimiento, y que siga realizando ese trabajo de ayuda a quienes acuden a usted para resolver sus angustias.
Esos y otros innumerables correos de agradecimiento que recibo en mi consultorio son testimonios de pacientes que antes habían pasado por tratamientos de la medicina convencional, aunque sin éxito. Pero ¿por qué? Porque desgraciadamente muchos médicos – la inmensa mayoría – todavía ignoran y descalifican la existencia de la obsesión espiritual como grave enfermedad del alma, y por tanto, no la tratan.
La descalificación se debe a su formación académica organicista y biológica del ser humano, al que no son capaces de ver en su totalidad: mente, cuerpo y espíritu. Siendo así, la obsesión espiritual, como enfermedad del alma, no resulta de la acción patógena de ningún microorganismo conocido por la medicina, sino de un agente etiológico (causa) jamás imaginado por la ciencia, que es el propio ser humano.
Por tanto, partiendo de la premisa del ser humano integral (mente, cuerpo y espíritu), no es ninguna herejía, ningún absurdo, hablar de influencia espiritual, es decir, de la obsesión espiritual en el origen de las enfermedades (véase mi artículo ‘La Medicina ya reconoce oficialmente la obsesión espiritual’).
Las malas influencias ejercidas por los espíritus poco evolucionados (seres desencarnados obsesores) en la vida de una persona, ocasionan graves daños psíquicos (depresión, síndrome de pánico, fobias, TOC, trastorno bipolar, esquizofrenia, etc.), orgánicos (dolores crónicos, fiebres, impotencia sexual, pérdida de la libido, zumbidos y toses crónicas recurrentes, etc.), dificultades económicas/profesionales y problemas de relación conyugal, familiar, social y en el trabajo.
La obsesión espiritual puede además llevar el paciente a la locura, a la esquizofrenia, a la epilepsia, a vicios en general, o incluso al suicidio. Quizá, para la mayoría de las personas, esa enfermedad del alma sea algo bastante lejano, distante de su realidad. Pero ¿por qué?
Porque el acoso espiritual es muy sutil, hasta el punto de que el acosado no lo percibe (la mayoría de las personas no ve los espíritus, a excepción de los médiums clarividentes). Siendo así, es muy raro que alguien se dé cuenta de que está siendo obsedido.
Aprovechándose de su estado de invisibilidad, el espíritu obsesor (desafecto del paciente, hoy verdugo suyo, porque en el pasado fue víctima perjudicada por él), movido por el odio y el deseo de venganza se sirve de todos los recursos posibles e imaginables para perjudicar al paciente.
No en vano mis pacientes se ven sorprendidos cuando su obsesor espiritual se manifiesta en las sesiones de regresión, y más todavía cuando se curan, después de haberse reconciliado con su acosador espiritual – por medio de la oración del perdón – ayudándole a ir para la luz.
Finalmente, cabe aclarar aquí que el éxito de esta terapia se resume en la máxima secular médica ‘Eliminando la causa, se elimina el síntoma’.
Caso Clínico:
¿Por qué estoy siempre enferma?
Mujer de 41 años, casada, un hijo.
Voy a relatar el caso de una paciente que acudió a mí al objeto de comprender por qué desde pequeña vivía siempre enferma; era un pozo de enfermedades. En la entrevista de evaluación, me dijo:
- Dr. Osvaldo, nací muy delgada y siempre estaba enferma; mis padres me decían que de pequeña tuve mucha fiebre, me llevaban a los médicos y éstos decían que se trataba de una virosis – siempre decían lo mismo. Cuando cumplí 7 años – la época que más recuerdo – tuve llagas por el cuerpo, que nacían de la nada. Me encontraba llena de heridas, iba al médico, me hacían pruebas y más pruebas… y nada. No sabían lo que era, cuál era la causa de esos síntomas, y poco a poco las fiebres y las llagas iban desapareciendo. Yo pasaba algunos meses sin tener síntoma alguno, pero siempre volvía a enfermar de alguna forma. Tras las heridas venían los dolores de garganta, tan fuertes que no era capaz de tragar ni siquiera líquidos, pues me dolía mucho. Los médicos decían que era una enfermedad infecciosa, una virosis, y me prescribían antibióticos fortísimos, pero los dolores y las llagas no se curaban. A los cuatro meses empezaba a ponerme bien, pero estaba muy flaca, porque no comía, y entonces venían los dolores de estómago y otros síntomas. Y tal como venían, se iban.Al cumplir los 15 años, decidí no volver a tomar medicamentos, pues ya no lo soportaba, tenía dolores insufribles. Un día desperté sin poder mover las piernas, no sentía nada de cintura para abajo. Estuve así unos veinte días, después, volví a lo normal. Me parece que nadie, ni siquiera mis padres, creían en lo que yo sentía, porque los médicos no encontraban causa alguna para esas dolencias.
Aparte de eso, contraje una pulmonía, con bultos que nacían por mi cuerpo, y por tres veces tuve problemas con las glándulas de Bartholin (dos glándulas alojadas en la pared vaginal, cuya función es lubricar el canal vaginal para facilitar el acto sexual. La infección y obstrucción del ducto, con formación de un absceso, puede causar a la mujer mucho dolor y malestar durante la relación sexual, dificultades para caminar o para estar sentada, pues la región vaginal infeccionada se pone tensa, caliente y muy sensible), en fin, he sufrido mucho, ya que tenía muchos dolores y fiebres”.
Tras pasar por la TRE (tres sesiones de regresión) la paciente vino a descubrir por qué enfermaba constantemente. Lo cierto es que aquellas enfermedades no eran suyas, no le pertenecían. Su mentor le reveló en esa terapia dos cosas importantes:
-1) Que su misión (como médium) era la de quitar enfermedades a las demás personas – a aquellas que tienen merecimientos – para ayudarlas, y después esas dolencias serían disipadas en su organismo (léase mi artículo “¿Pones en duda tu mediumnidad?” en el cual aclaro mejor que muchos médiums necesitan quitar las enfermedades de otros para reequilibrar su propio sistema energético; si no lo hacen, entran en desequilibrio).
-2) Cuando ella entraba en sintonía con algún acontecimiento negativo, y se dejaba llevar por la ira, el resentimiento, deprimiéndose, enfadándose, etc., esto iba contra su esencia, su naturaleza (la paciente era un ángel encarnado) y, con ello, atraía a espíritus de las tinieblas que de alguna forma la acosaban. O sea, muchos espíritus obsesores venían a ella para que de alguna forma les ayudase.
Después del tratamiento, ella me envió un correo electrónico que voy a transcribir de forma resumida, ya que es muy extenso:
“Bueno, respecto de la primera revelación, he comprendido muy bien e incluso me sentí feliz por tener una misión tan maravillosa como es la de ayudar a otros a curarse; sin embargo, me he asustado con la segunda, pues realmente me di cuenta de que siempre sufro mucho con el prójimo, no me limito a llorar, sino que me dispongo a ayudar, a cualquier persona que sea. Todo me conmueve, no soy capaz de decir que NO, y cuando lo digo me siento tan mal que acabo poniéndome enferma. Pero ¿cómo vivir en un mundo en que vienen ocurriendo cosas tan horribles, como secuestros, maldades, asesinatos brutales, estupros de niños, violencia, y no entrar en sintonía con la negatividad, la desconfianza, la inseguridad, los miedos, etc.?
Han ocurrido cosas tan escabrosas en mi vida, y voy a citar solamente una, que para mí fue lo peor que me sucedió…
Una persona cercana a mí, a quien yo quería mucho y nunca, en ningún momento, le deseé el mal; todo lo contrario, siempre había estado a su lado, principalmente en los peores momentos, (pues en los mejores lo están todos, ¿no es cierto?), me decepcionó de tal manera, me hizo tanto daño, que sentí odio por primera vez en mi vida (tengo hoy 41 años). Para mí, lo peor que un ser humano puede hacer a otro es imputarle algo falsamente – hablo de difamación e injuria.
Lo peor de todo es que no fui capaz de defenderme y la cosa quedó así. No tuve la menor posibilidad de defensa, siendo que cualquiera que cometa un crimen tiene derecho a defenderse ampliamente. Esa persona me juzgó y me condenó.
Entonces, tras mantener una conversación con mi mentor espiritual en la 3ª y última sesión de regresión, aquella noche, antes de dormir, le pregunté qué hacer para que esto no volviese a suceder (aunque la terapia haya terminado, es corriente que el paciente siga comunicándose con su mentor espiritual).
Él me respondió así:
- Hija mía, tú eres un ángel enviado a la Tierra para algunos sacrificios; si lo que te ocurrió fue realmente injusto, habrá una inversión de las cosas, y quien se pondrá enfermo será la persona que te ha causado el daño. A todos se dan las mismas condiciones en esta vida terrena; cabe, pese a ello, el libre albedrío. Si esa persona procedió mal contigo, ciertamente el error será reparado. Tú tendrás que continuar ayudando a otros a curarse, quitándoles sus dolencias y sus males. Deja que nosotros cuidemos de ti, pues hay varios seres de luz ayudándote en esa andadura. Continúa firme en tu jornada, sigue perdonando, sabemos cuánto sufres; pero es preciso que pases por determinadas experiencias, ya que eso forma parte de tu misión. No te preocupes por la difamación y la injuria, sabemos muy bien quién eres tú; sabemos quién es quién y lo que cada uno es capaz de hacer.
En relación a la sintonía con espíritus que puedan venir a acosarte, sigue en oración. “Orad y vigilad”, decía el maestro Jesús; entonces, sigue adelante y acoge a quienquiera que esté necesitado de tu ayuda. Recuerda que la obsesión espiritual no solo se produce por parte de los espíritus desencarnados, pues los seres encarnados también son obsesores. Has de aprender y estar siempre en sintonía con los seres de luz, para no sufrir más de lo que ya llevas sufrido. Sabemos que tienes grandes deseos de dejar este planeta, pues estás cansada, pero ten calma. La causa de la mayor parte de las enfermedades es la intervención de seres obsesores que de alguna forma quieren perjudicar al ser encarnado, debido a los acontecimientos de otras vidas (el obsesor espiritual fue perjudicado por el encarnado en el pasado, es decir, en otras vidas).
El obsesor espiritual quiere que la persona encarnada sienta exactamente lo que él siente o sintió. Y por eso a menudo las personas buscan el origen del mal y no lo encuentran, pues no investigan, ignoran la causa espiritual en la génesis de sus enfermedades. En tu caso, seguirás sintiendo dolores y teniendo enfermedades, pero has de saber que es una forma de ayudar a otros.
No olvides que esas enfermedades no son tuyas, sino que forman parte de tu jornada”.








in memoriam