Obsesores, gente como nosotros
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 10/04/2007 15:01:22
Traducción de Teresa - [email protected]
“El trato con la obsesión debe ser iluminado por el amor fraterno. Los espíritus son gente como nosotros. Es gente que sufre y que, por tanto, necesita de comprensión y paciencia.
Son personas en conflicto consigo mismas y por lo tanto con los demás, con el mundo, con la vida, con Dios y con el propio amor.
Es un ser humano, una persona. Lo que él desea, aunque nunca lo admita espontáneamente, es que tengamos paciencia para escucharlo, comprenderlo, cuidar de su dolor, aunque conscientemente tampoco lo reconozca.”
-Hermínio Correa Miranda, respetado investigador, escritor, autor de más de 30 obras del género).
La obsesión espiritual, en su calidad de enfermedad aún no catalogada en los manuales de la medicina – que se estructura sobre bases materialistas (el criterio científico vigente es puramente organicista) y, por tanto, no toma en consideración la existencia del alma, del espíritu – se muestra como uno de los más antiguos flagelos de la humanidad, una verdadera epidemia.
En mis observaciones clínicas en mi consultorio he venido constatando que un 95% de mis pacientes presentan como causa de sus problemas el acoso de espíritus obsesores. La obsesión se lleva a cabo por la acción de espíritus desencarnados no esclarecidos, vengativos, que han sido perjudicados por los pacientes, en vidas pasadas.
Los efectos de la obsesión no se limitan a las perturbaciones mentales del paciente, sino que pueden causar dolencias más complejas no siempre diagnosticadas por la medicina, por tanto, todavía no inseridas en los tratados de patología médica.
De esta forma, si por una parte la obsesión espiritual es ignorada por la ciencia materialista, por otra la Iglesia la desvirtúa, considerándola como actuación de los demonios. La película “El Exorcista” que ha sido exhibida hace algún tiempo en los cines, ilustra claramente la visión desvirtuada de la Iglesia Católica en el trato con la obsesión espirítica.
Es importante resaltar que los obsesores no son demonios, porque los demonios no existen. Lo que existe son seres humanos como nosotros, dotados de razón y sentimientos, que sufren y que también necesitan de ayuda (aunque la mayoría no reconozcan que la necesitan, puesto que los mueve el odio y el deseo de venganza).
Es más, no me gusta esa palabra “obsesor”, prefiero el término “presencia espiritual”, ya que obsesor tiene una connotación discriminatoria, al mirarlo como siendo el “verdugo” y al obsedido (paciente) como la “víctima”. En verdad, el paciente es “víctima” hoy, pero en vidas pasadas fue el verdugo, pues ha perjudicado a su obsesor, asesinándolo, estuprándolo, humillándolo, etc.
Por tanto, el verdugo de hoy no es más que una víctima del pasado. Así, en la obsesión, lo que ocurre es una inversión de papeles. En muchos casos, tales inversiones (verdugo y víctima) perduran por varias encarnaciones.
En este aspecto, y mientras el ser humano alimente sentimientos de odio y de venganza, la obsesión espiritual existirá todavía durante mucho tiempo en la superficie terrestre.
En cierta ocasión, un paciente acudió a mi consultorio por un zumbido que escuchaba ininterrumpidamente (24 horas) y que se iba agravando en el transcurso del tiempo.
Fue sometido a todos los exámenes médicos necesarios (audiometría, resonancia magnética) sin que se identificase la causa de su problema.
En la primera sesión de regresión, tras haber comenzado, su esposa, que lo acompañaba en la regresión, incorporó (era una médium de incorporación consciente) a una entidad obsesora que dijo al paciente: “Canalla ¿te acuerdas de mí? ¿O te haces el despistado? (El velo de olvido del pasado no nos permite recuerdos reencarnatorios). Doctor ¡ese canalla no vale nada!
Si Vd. supiese quién es ese crápula, ya ni siquiera lo ayudaría más. Él me ha quitado mi vida, la de mi esposa y ha robado todo mi dinero. Yo tengo todos los motivos para acabar con su vida. ¿No está Vd. de acuerdo conmigo?”
Contesté que, en cuanto terapeuta, no estaba para juzgar a nadie, sino para ayudar a todos, incluso a él, caso lo desease.
A continuación le pregunté si era él quien estaba provocando el zumbido en el paciente.
Me contestó con una sonora carcajada.
Los obsesores espirituales se sirven de diversas armas espirituales; en el caso, él había introducido en el oído (periespíritu) del paciente un artefacto fluídico, inmaterial, por tanto no detectable por ningún aparato médico, el cual estaba provocando ese zumbido con la intención de perturbarlo, de enloquecerlo.
La cura de la obsesión, según predicaba el gran maestro Jesús, se da a través del amor y del perdón, o sea, de la reconciliación. Kardec, el codificador del Espiritismo, decía: “En todos los casos de obsesión, la plegaria es el más poderoso medio de que se dispone para disuadir al obsesor de su propósito maléfico.” (Allan Kardec, en el libro “El Génesis”).
Por tanto, la única terapéutica aplicable en los casos de obsesión espiritual es el perdón mutuo para que ambos – obsesor y obsedido – puedan liberarse de las ataduras del pasado.
Caso Clínico: Falta de éxito en la Vida
Mujer de 35 años, soltera.
La paciente acudió a mi consultorio depresiva, tratando de saber el por qué de estar su vida truncada, amarrada.
Su depresión era resultado de sucesivas frustraciones en el campo afectivo, en el profesional y en el económico. En fin, su vida no prosperaba. Nada de lo que hacía le salía bien.
Montó un negocio en sociedad y quebró; nunca tuvo novio formal, pues los hombres, de la misma manera que se encantaban al principio, se desencantaban después, no deseando ya continuar el noviazgo.
Siempre ha querido constituir una familia, pero debido a ese fracaso amoroso, nunca lo ha conseguido.
Recientemente se enamoró de un hombre, pero ha venido a descubrir que él tenía novia. Aunque hubiese afinidad y pasión recíproca, él no se definía para asumirla.
De esta forma, ha acudido a mí tratando de comprender el motivo de que su vida no fluyese, no avanzase naturalmente.
Al hacer regresión, le pedí que atravesase un portal – que es un recurso técnico que utilizo como un portal de la espiritualidad, separando el presente del pasado, el mundo terreno del mundo espiritual.
Al atravesarlo, la paciente relata:
“Veo una oscuridad, unas nieblas densas, oscuras (astral inferior – es el mundo espiritual de las tinieblas). Noto una presencia espiritual, una forma oscura, tengo la impresión de que pueda ser una mujer…
Ella me dice que tengo que pagar todo lo que ella ha sufrido (pausa).
-Pregúntale qué le has hecho.
“¡Tú me has quitado todo!”, dice gritando.
-Pregúntale de qué forma tú le has quitado todo – pido a la paciente.
“Ella dice que le he quitado su vida y la de sus dos hijos.”
-Pregúntale si sabe dónde están sus hijos – pido nuevamente a la paciente.
“Yo no lo sé, pero de qué sirve si no va a traerlos de vuelta”, me respondió.
Le digo que no recuerdo lo que le hice (el velo del olvido realmente no nos deja tener acceso, recordar acontecimientos de nuestras vidas pasadas).
Doctor Osvaldo, ella cierra su puño y me dice con odio: “Tu vida está toda aquí en mi mano, todo lo que tú quieres está en mi poder (dinero, negocios, amor). ¡Lo soltaré cuando me dé la gana!
Ahora ella no quiere hablar más conmigo, se está marchando (la paciente habla llorando).
-Ten calma, solicita en pensamiento que tu mentor espiritual – espíritu directamente responsable por nuestra evolución espiritual – te oriente – pido a la paciente.
Ha aparecido un hombre, de cabellos blancos, barba entrecana, lleva bata blanca que llega hasta los pies.
Dice que yo tengo que pedir luz para ella, y que con eso se ablandará, porque tiene un corazón muy duro. Mi mentor me dice que encamine plegarias de perdón para ella – ese es el camino.
Dice que tengo que ayudarla en esa liberación, pues ayudándola estaré ayudándome a mí misma.
Me pide encaminar mi pensamiento a Dios, solicitando mucha luz y perdón. No obstante, dice que aún habremos de convertirnos en grandes amigas.
Informa que ella está en las tinieblas desde hace más de 180 años. Parece una eternidad para nosotros los del mundo terreno, pero dice que en el mundo espiritual eso no es nada.
Esclarece que ella está cansada y necesita reencarnar, ya que tiene muchas cosas que aprender (pausa).
Él me hace una seña y dice: “Queda en paz y no te desesperes, pues todo vendrá a su tiempo oportuno”.
Tras pasar por siete sesiones, en la octava sesión de regresión, le he pedido que bajase unas escalinatas (es otro recurso técnico que utilizo para hacer más profundo el relajamiento hipnótico), la paciente me relató: “En esa escalinata veo a una pareja de críos bajando conmigo. Los dos son rubitos, claritos, llevan ropas antiguas; son niño y niña. Los dos van tomados de la mano queriendo mostrarme alguna cosa… Ellos me muestran una casa donde vivían. Es una casa de una época antigua, hay otras casas a los lados. Parece una casa con buhardilla, pero no consigo verla con claridad. La impresión que tengo es que esos críos quieren mostrarme lo que ha ocurrido en esa casa (pausa). Ahora lo veo mejor, la casa ha sido incendiada y ellos dicen que he sido yo quien la incendió. En ese incendio han muerto esos dos críos y la madre.
Los niños se han muerto sin guardarme rencor, pero la madre ha quedado presa en la oscuridad con mucho odio de mí. Y esto es lo que han querido mostrarme. Desean que yo rescate a su madre de las tinieblas para que deje de sufrir. Veo ahora a los críos que van a mi derecha, siempre de la mano, retozando, alegres, y al lado izquierdo, veo la casa quemada. (Pausa).
Estoy mirando a ver si consigo localizar a la madre de ellos…
La veo en la oscuridad, ella llora, extiende los brazos y dice: ‘¡Mis bebés!’
Está emocionada, llorando mucho, los ha visto. Dejadme que intente hablar con ella…
Trato de hablar con ella, pero no me ve. No sé qué hacer, no consigo hablar con ella.”
- Solicita ayuda a tu mentor espiritual – pido a la paciente.
“Dice que he tocado en un punto muy doloroso y sensible para ella, y que ahora tengo que extender las manos para sacarla de la oscuridad.
Estoy intentando traerla, ella llora mucho, pero no lo consigo…
Intentaré hablar con ella (pausa).
Ella no me tiene rabia ya, pero se ha quedado muy triste. Quiere liberarse, pero es preciso que yo la ayude, quiere salir de la oscuridad (pausa). Ahora se acerca… Estoy extendiendo mis brazos, ella viene llorando mucho.
Dice que sólo quiere a sus bebés de vuelta. Le digo que ahora ellos están bien. Me agradece por traerlos de vuelta (en verdad ha sido el mentor espiritual de la paciente quien los ha traído del plano espiritual de luz para sensibilizarla a pedir ayuda).
Le digo que necesito que ella se libere para liberarme yo también. Se muestra conforme, quiere ir para la luz, ya no tiene miedo.
Me dice: ‘¡Yo te libero, te devuelvo tu vida! Yo te perdono porque ahora sé que mis hijos están bien. ¿No son preciosos?’
Le digo que hoy yo jamás haría lo que he hecho con ellos en el pasado. Le pido perdón (la paciente llora copiosamente)
Ella me dice que ahora entiende, me agradece y pide un abrazo.
Dice que aún llegaré a tener un hijo entre mis brazos, y que sentiré la alegría de ser madre como ella la ha sentido.
Me pide que olvide la tontería que mi novio me ha dicho (la paciente me relató que su novio le había dicho que nunca tendría un hijo con ella). Explica que, en verdad, lo que ha dicho no procedía de él, sino de ella. Ella lo había influenciado para que dijese aquello, a fin de humillarme y con ello que renunciase a él.
Me dice que no me preocupe porque todo volverá a lo normal.
Le pregunto si ella me va a ayudar a tener todo de vuelta: ¡trabajo, marido, hijos!
Ella me dice:
‘Calma, lo tendrás todo ¡pero todo a su debido tiempo! Lo que es tuyo permanecerá contigo, te voy a ayudar. Sólo quiero que continúes orando por mí, para que yo consiga elevarme. Tu mentor espiritual ha sido sabio al decirte que aún nos convertiríamos en amigas. Reza por mí y queda en paz. Estoy en el camino de la evolución y aún necesito de tu ayuda.’
Ella me agradece, me hace señas. Está fluctuando, entrando en un lugar iluminado. Hay una entidad espiritual de luz que la recibe. Ella está entrando y la luz va extinguiéndose.
Mi mentor me dice: ‘No ha sido tan difícil ¿no es cierto?’ Sonríe satisfecho. Comenta que ella estaba sufriendo mucho, y que aunque ha tardado, ha encontrado la luz.
Pide que tenga paciencia, calma, que continúe orando para ella, ya que dice que en cuanto esté bien, me va a ayudar mucho. Y en breve plazo tendré todo de vuelta.
Dice aún que de ahora en adelante, mi vida despegará. Pide nuevamente un poquito de paciencia, porque la fase peor ya ha pasado. Dice que me quede en la paz, está despidiéndose de mí, me hace un gesto y va en dirección a aquella Luz Mayor.”








in memoriam