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Pánico: ¿raíces en el pasado?


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Presentamos a continuación otro caso más de síndrome de pánico, (las encuestas indican que este síntoma puede acometer a hasta un 10% de la población mundial), con las características específicas descritas por la propia paciente:

“Mi historia será extensa, pues pretendo comentar cómo ha comenzado “todo”. Noté que tenía ese problema a partir del momento en que empecé a trabajar (tenía aproximadamente 18 años) y cualquier actividad diferente que realizaba me causaba un “tremendo” pánico. Pero el tiempo iba pasando, las experiencias iban “aumentando” y el problema del “pánico frente a todo lo nuevo” continuaba; entonces me he dado cuenta de que no era debido a la falta de experiencias.
Lo que también me inducía al pánico era el tener que presentar algún trabajo a las compañeras en la facultad o incluso almorzar con personas extrañas. Lo que yo sentía era una sensación horrible (temblaba mucho), se me aceleraba el corazón y de ningún modo conseguía calmarme. Había intentado solucionar ese inconveniente de diversas maneras, rezaba, empecé a practicar Yoga para controlar las emociones, pero nada que yo hiciese, sola o con ayuda de otras personas, resolvía la situación..
Mis padres se enteraron de mi problema de pánico después de pasado algún tiempo e intentaron ayudarme de diversas formas. Juntamente con mis padres, intentábamos descubrir el por qué de aquel pánico y mi madre llegó a comentar que tal vez fuese debido al susto que ella había llevado cuando estaba embarazada de mí. Creí en esa idea suya, pero no sabíamos qué hacer ni a quién acudir para resolver aquello.
No sé precisar el momento en que pasé a considerar que ese problema estaba relacionado con una vida pasada y estaba absolutamente segura de que esa era la causa.
Pensé en consultar con una psicóloga, pero dudaba de si ella podría realmente ayudarme a solucionar ese asunto. También pensé en la posibilidad de utilizar la regresión, pero no sabía a quién recurrir, incluso debido a que no estaba dispuesta a llevar a cabo ese tratamiento con cualquiera (es necesario un especialista).
Actualmente tengo veinticuatro años y puedo decir que este año me he quejado mucho a mis padres del problema del pánico. Ya no era capaz de soportarlo y quería resolverlo de “una vez por todas”.
A mi padre le gusta mucho la Internet y en sus averiguaciones “descubrió” el trabajo que realizas, amigo Eraldo. Imprimió algunos relatos de casos de personas que has atendido y me propuso que intentase contigo dar solución a ese problema. Leyendo aquellas historias de vida publicadas, hubo una con la cual me he identificado mucho y me entusiasmé. Pero aún así estaba un poco escéptica, pues ya sabéis lo que pasa hoy día, hay mucha picaresca y charlatanería, principalmente cuando nos referimos a Internet (por lo menos era lo que yo creía). Además, cuando es necesario pagar antes de ser atendido, ni siquiera sabemos si ese atendimiento va realmente a producirse, o se trata de un timo más. Pero aun teniendo ese recelo, aposté y creí que sería ayudada y eso es lo que ha sucedido.


Estudio de caso:
Registro de una vida pasada.


En relajamiento profundo, accedo al inconsciente de Adriele, visualizando un escenario en el que dos muchachas en una playa juegan con raquetas. Por los trajes de baño que llevan debe tratarse de mucho tiempo atrás, pues estos bañadores están hechos de lana y van hasta las rodillas.
Cansadas, deciden parar y reposar, poniéndose debajo de un árbol que da mucha sombra. Abren una cesta de mimbre que contiene varios manjares y se ponen a comer.
Mientras comen, van charlando de varios temas, hasta que una le pregunta a la otra:

- ¿Tú crees en fantasmas?
Yo no.
- Pues yo creo.
¿Por qué crees en ellos?
- Porque ya los he visto, y no han sido una ni dos, sino varias veces.
Estarías soñando o delirando y solamente no te digo que estás loca porque te conozco bien, pero cuéntame como ha sido, porque pese a no creer, ahora me siento curiosa.
- Bueno, la primera vez que los vi yo era pequeña, debía tener unos 7 u 8 años; jugaba en mi cuarto con mis muñequitos de madera, cuando apareció un niño más o menos de mi edad y se puso a jugar conmigo; le pregunté dónde vivía, a lo que respondió:
Vivo en el Cielo.
- ¿En el Cielo?
Sí, después de que morí, vivo en el Cielo.
- ¿Y no tienes padre ni madre?
Cuando vivía en la Tierra los tenía, pero me he muerto y ellos se han quedado en la Tierra.
- ¿No tienes amiguitos en el Cielo?
No, porque el Cielo es muy grande y no consigo encontrar a ninguno.
- ¿Y como has venido a aparecer en mi cuarto?
Bueno, te he visto jugando con los muñequitos y decidí venir a jugar también, pero yo no sabía que ibas a verme, ya que nadie me ve.
- ¿No son todos los que te ven?
No, y también hay algunos niños y mayores que cuando consiguen verme se asustan, lloran y me insultan diciendo que soy un monstruo; siempre me piden que me marche, por eso ha sido tan bueno encontrarte.
- Yo no tengo miedo y puedes venir siempre aquí para jugar conmigo.
Así él pasó a venir siempre a jugar y charlar conmigo, pero como mi madre no lo veía, se enfadaba conmigo y decía que yo estaba viendo cosas, puesto que no había nadie en el cuarto. Durante mucho tiempo fue mi amiguito secreto, pero recuerdo que cuando cumplí los 11 años él desapareció; reapareció al cabo de algún tiempo, diciendo que tenía que nacer nuevamente y que había venido a agradecerme y a decir adiós. Cuando yo ya era adulta él se apareció nuevamente y le pregunté:
- ¿Eh, pero no habías nacido nuevamente?
Yo estaba naciendo en la barriga de una mujer, pero ella no me quería y comió unas hierbas, y entonces me he vuelto a morir.
- ¿Y ahora, qué va a pasar?
Voy a permanecer en el cielo y de vez en cuando jugar con algún crío, hasta que pueda nacer nuevamente.
- Y después de esto nunca más he vuelto a tener contacto con él.

Caramba, qué historia loca, pero yo sigo sin creer; dice la amiga desconfiada.
La otra súbitamente se queda mirando para el regazo de la descreída y dice:
- Pues debías creer, porque en este momento él – el niño – está en tu regazo diciéndome que tú has sido la mujer que no lo quiso cuando comió aquellas hierbas que provocaron su aborto.

Ante este relato la otra se levanta de un salto, diciendo que se marcha, pues definitivamente cree que su amiga se ha vuelto loca.

Sin embargo, a partir de ese día su vida ya no es la misma, pues, a pesar de descreída y de nada ver, tiene siempre la sensación de aquel crío a su alrededor y esta sensación la acompañará hasta la muerte.

* * *Quienes acompañan los casos de regresión saben que, por la “pendencia kármica”, el alma abortada del niño estará presente (junto a las almas de los otros implicados en este acontecimiento) en cualquier vida hasta que tenga lugar la solución de la pendencia.

Fue utilizada entonces la Terapia del Perdón para con todos los que estaban participando de los hechos, juntamente con los rescates de las almas implicadas en este acontecimiento.


Testimonio de Adriele:

“¡Hola amigo Eraldo!
Dos meses han pasado desde tu atendimiento y el cambio en mi vida es lo que más me ha impulsado a escribirte, para agradecer mucho tu ayuda.
Me gustaría que divulgases por Internet mi historia, para que otras personas conozcan la seriedad de tu trabajo y acudan a ti para resolver sus problemas, que a veces son inexplicables, como el problema que me atormentaba.
Sé que muchas personas no creen en ese tipo de trabajo y otras hay que no tienen posibilidades económicas, pero las que “creen” y pueden pagar son personas privilegiadas en el mundo en que vivimos.
Hoy yo me siento calma frente a situaciones nuevas que surgen en mi día-a-día, presento los trabajos con mucha tranquilidad y almuerzo con personas extrañas sin sentir aquel pánico, parece que “he renacido”. Incluso algunas personas han comentado que me encuentran más calma, con más confianza en mí misma. Y mis padres, por notar esos cambios, se han decidido a consultarte nuevamente, ahora a causa de los problemas de salud de mi madre e incluso de mi tía.
Lo que puedo decir es que hoy estoy muy feliz y te agradezco por tu maravilloso trabajo; espero que un día yo también pueda “ayudar” a que otras personas resuelvan sus problemas, pues considero que es eso lo que propicia mi felicidad. También agradezco mucho a mi padre y principalmente a Dios que ha iluminado el camino para la solución de mi problema.
Abrazos, cariñosamente.”

Adriele Sopelsa
Garibaldi – RS adsopelsa@ibest.com.br


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