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¡Pedí perdón a cuatro, surgieron cuatrocientos!


Autor Wilson Francisco - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Domini retorna hablando de sus experiencias.
Durante todo el mes de junio las clases iban dirigidas al debate del tema “perdón”. Yo sólo he llegado a tomar conciencia sobre el asunto cuando estábamos en la tercera semana del mes. Hasta hoy no sé lo que me pudo ocurrir, pues en mi memoria no tengo recuerdo alguno de las clases anteriores. Es como si yo no hubiese estado presente en las clases. Sé solamente que mi cuerpo sí estuvo en ellas, pero mi consciencia, no. Me parece que una parte de mí no estaba preparada para abordar esta cuestión y me quedé bloqueado.

Importante esa situación vivida por Domini, mi cliente. Hace dos años él empezó en la Escuela de Médiums, con gran resistencia por su parte. Trabajé con él, activando su Yo Superior para que tuviese energía suficiente para llevar su cuerpo al local. ¡El alma quería, el cuerpo no! Era una lucha intensa, suavizada por ser él consciente de que el Espíritu ha de tener dominio sobre los impulsos físicos. ¡Ha vencido! Y hoy está feliz con su desempeño. Entonces, ese episodio del olvido de las clases y del asunto pueden ser entendidos como un proceso de anulación de la memoria. Esto puede suceder cuando en el pasado hay acontecimientos graves que envuelven a personas queridas. Activamos, inconscientemente, un mecanismo de defensa, borrando recuerdos.

En el aula sobre relaciones aprendí que retomamos las relaciones de otras vidas. Que aquel que era nuestro enemigo cruel, hoy puede ser nuestro mejor amigo o hermano de sangre, debido al olvido del pasado que nos afecta cuando reencarnamos.

Yo clasifico esto que dice Domini y que el Espiritismo enseña, como la Amnistía de Dios.

Decidí ser más tolerante con aquellas personas que me son desafectas, pues podrían ser un enemigo de otros tiempos con el cual debo intentar reconciliarme. En un primer momento pensé en aplicar esa propuesta a mis familiares, pues son la línea de frente de mis desafectos.
A la semana siguiente fue abordado en tema del perdón. Durante la clase nuestros expositores desmenuzaron los pasos que damos cuando alguien nos disgusta.

En esa clase reviví aquellas emociones que siento cuando alguien me hace daño y el consiguiente sentimiento de venganza, que desborda el corazón cuando eso sucede.
Con base en estas vivencias, descubrí mi bajo grado de perdón hacia mis desafectos. Ha tardado un poco en caer la ficha. Y cuando cayó tomé conciencia de que muchas personas me habían hecho daño y que yo siento rabia y odio contra mis desafectos. Reconocí también que mis desafectos también deben tener quejas contra mí y que en varias situaciones yo me reconocí provocador de la rabia y el odio de otros contra mí.

En el Proyecto Mutación, yo estimulo a los clientes a observarse, a dejar que el lado sombra surja sin bloqueos y a sentir gratitud por las manifestaciones negativas que realizamos. Hay, incluso, algunas personas que dan nombre a su lado sombra. Esa disociación facilita, porque en realidad tú eres un Espíritu, un ser divino. Esas actitudes delictuosas, de tu lado sombra, representan una entidad aparte, que tienes necesariamente que observar y transformar. Un ejemplo, para que lo entiendas: una cliente dio el nombre X a su lado sombra. Entonces, cuando surgen las intenciones delictuosas, las ideas negativas, ella da un comando inmediato: X, ¡cállate la boca! ¡Yo soy un ser divino! Y así ella consigue eliminar aquella onda vibracional mórbida. Ese procedimiento tiene que ver con el “orad y vigilad”, enseñado por Jesucristo y con la orientación de Kardec, sobre que la persona debe esforzarse para “domar sus malas inclinaciones”. Entonces, tengo razón cuando indico esa lucha entre el cuerpo y el Espíritu. Éste necesita instrumentarse y proceder con voluntad para “domar”, en el cuerpo y en el alma, los impulsos del Mal.
Domini, ante las enseñanzas aprendidas y percibiendo los aires del nuevo camino que recorre, dice:


Me sentí frustrado con la idea falsa que mantenía de mí mismo. Yo creía que por estar estudiando, era una persona un poquito mejor que las que no estudian allí. Fue un gran desengaño. Me sentí decepcionado conmigo mismo. Reconocí que no tenía condiciones, en aquel momento, para perdonar a todas las personas que me maltrataron, pero decidí hacer algo por ellas para que Dios perdonase los desafectos que he plantado. Con ese objetivo, empecé a orar por ellos pidiendo a Dios les concediese aquello que necesitaban para ser felices. En un primer momento, definí a cuatro personas que se destacaban en mi memoria como merecedoras de mis oraciones. Hice eso en un día y conseguí orar por esas personas.

En otro día en que mi dispuse a orar, no lo conseguí. Mi memoria me trajo no cuatro, sino cuatrocientas personas que tenían bronca contra mí, desde mi pasado hasta el momento presente. Quedé aterrado y en aquella semana me negué a orar por las cuatrocientas personas, porque yo mismo no admitía, en mi orgullo, que hubiese plantado tantas enemistades.

Luego enseguida me consulté con Wilson y éste hizo una mentalización para que yo fuese más humilde en la opinión que tenía de mí mismo. Yo, siguiendo las orientaciones de Wilson, me vi en un túnel estrecho y apretado, donde no veía salida alguna. Wilson aparecía en la mentalización para ayudarme a encontrar la salida. Siguiendo sus orientaciones, a tientas por las paredes del túnel, encontré una puerta. Sólo conseguí abrirla con ayuda de Wilson. La luz inundó el túnel y yo atravesé la puerta.
Salí a una campiña verdecida, con flores de todos los tipos y colores. Cuando salí a la campiña, sentí que mis espacios se ensanchaban y fui consciente de que había construido paredes para aislarme de mis desafectos, y empecé a derrumbarlas, una por una. Estaba feliz por estar en la campiña verdecida y floreciente, y más feliz aún por haber derrumbado las paredes que me separaban de mis desafectos.
Después de esta consulta, empecé a reducir mi orgullo y a aceptar que muchas personas tenían quejas contra mí y por motivos justos. Tomé conciencia de que había sido muy borde, antipático y desagradable con muchas personas y por ello merecía tener cuatrocientos desafectos. Por fin, pasé a orar por todos ellos. Tengo la comprensión de que mi odio acumulado es como un vaso de agua sucia y que solamente al introducir poco a poco gotas de agua limpia será como pueda expulsar el agua sucia. Así, no tengo prisa, tanto en conceder como en dar el perdón, pues esto sólo es posible poco a poco.

(Sí, el tiempo aliado a la voluntad de vencer es la herramienta ideal en la transformación. Domini recorre ese camino y nos obsequia con esa confesión extraordinaria. Que Dios lo bendiga, en esa jornada).


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