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Perder la razón

por WebMaster
Publicado dia 03/06/2012 11:49:51 em STUM WORLD

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por Maria Silvia Orlovas - morlovas@terra.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Janio acudió a mí para que le ayudase a comprender sus caminos cerrados. Joven, sano, se quejaba de no conseguir mantenerse en el empleo ni cultivar sus relaciones. Quería comprender mejor por qué siempre las cosas empezaban bien y terminaban mal. Salía de los empleos sin mantener contacto con nadie y en las relaciones solamente le quedaba disgusto y sentimiento de traición mutua. Un cuadro pesado que él deseaba modificar, pues se sentía solo y desmotivado, sin dinero y sin estímulo para concluir su curso superior, ya que también en la facultad se sentía aislado.

La sesión de vidas pasadas puso de manifiesto un guerrero, persona muy dedicada, que siempre superó todos los obstáculos e hizo muchos sacrificios, pero que no se mantuvo junto a su familia ni se sintió recompensado por sus esfuerzos, a pesar de haber llegado a conquistar un puesto de destaque en su función. En determinado momento de su vida se sentía aislado y temeroso, pues había roto con amigos y familiares. Se miraba a sí mismo con pena. Se sentía víctima porque todos se alejaron, y al mismo tiempo disgustado, porque no lo esperaba. Deseaba la amistad y el reconocimiento de los demás, pues era consciente de la magnitud de su sacrificio.

Cuando terminamos esa parte de la sesión, me dijo que todo se repetía. De nuevo se sacrificaba por la familia, para alcanzar un buen puesto en el trabajo, y no se lo reconocían. Pero cuando le pregunté si él era exigente y si con su actitud podría estar mortificando a los demás, se quedó quieto, pensando.

Su respuesta fue llena de dolor, explicando que como se sacrificaba tanto para ayudar en casa, y en el trabajo trataba de acertar siempre y de dar lo mejor de sí, no comprendía como encima se le criticaba, despedía, y aislaba de las conversaciones amenas de la familia.

No entiendo por qué se me trata así, dijo él, con cierto enfado.

Continuamos nuestra conversación, abordando el exceso de exigencia. Le expliqué que de nada servía intentar ser perfecto y exigir del otro la perfección. Era preciso desarrollar la paciencia, la tolerancia. Fue cuando él me dijo que de hecho no tenía demasiada paciencia con nadie y que frecuentemente acababa gritando, haciendo exigencias y los demás se quedaban solo mirando, lo cual lo exasperaba todavía más.

Me dijo entonces:
Sabes, las cosas me suceden en cierta secuencia. Primero, lo hago todo muy bien, me esfuerzo mucho y a la hora de los resultados, nadie me lo agradece, después me irrito, porque casi siempre se me exige más allá del límite y, en ese momento pierdo la razón, porque respondo impulsivamente y casi siempre me enojo. Entonces mis respuestas son pesadas. ¿Será que hay algún obsesor que me impulsa a proceder así y a perder la razón?

Le expliqué que era posible, sí, que hubiese una energía intrusa dando fuerza a ese comportamiento impulsivo que él presentaba. Pero que si existía un obsesor, también había una forma de proceder por parte suya, que lo sintonizaba en la exigencia y la ira, porque de hecho no es fácil convivir con las personas. A decir verdad, estar con otros exige una gran pulimentación en nuestro carácter. Dicen los Maestros que la vida no viene ya lista, que las relaciones no vienen listas. Cada historia exige una mirada, una atención, pues cada persona es diferente, y que hemos de aprender a convivir con los demás estableciendo nuestros límites, pero también intentando comprender al otro, sus razones y forma de proceder.

Espiritualmente la ira es una energía de baja frecuencia y suele impulsar a otros sentimientos negativos, como la auto-piedad, el deseo de hacer justicia con las propias manos y, en esa sintonía, siempre perderemos la razón.

Claro que no es fácil administrar la ira, y no es aconsejable guardar todo dentro de nosotros. Porque si la ira es negativa fuera, también lo es guardada en nuestros sentimientos… y en un momento u otro el cuerpo responderá a este mal impulso. Así, es un ejercicio constante cuidar las emociones y con mucha paciencia y fuerza de voluntad ir aprendiendo a administrar los impulsos, puesto que es fundamental para liberarse de esas energías primitivas. Estamos aquí para crecer, aprender, evolucionar.

Janio salió de nuestro encuentro pensativo y con una importante tarea para casa, que es mirar con más atención sus actitudes y observar lo que está naciendo dentro de sí para aprisionarlo en esa condición infeliz.

Cambiar no es fácil, pero es preciso y todo empieza en nosotros.


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