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Plegaria para un año nuevo


Autor Brida Kether - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Señor,
En este nuevo año...

Que la correría del día a día no sea disculpa para que yo me aleje de Ti…

Y que, conectada con Tu corazón, yo perciba el propósito de Dios para mí en cada día del nuevo año;

Que yo me acuerde de dar las gracias más que de pedir. Y sabes, Señor, que voy a pedir mucho;

A fin de cuentas, he aprendido contigo: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá” (Mateo 7:7);

Que yo tenga fuerza para poner en práctica las enseñanzas que el año pasado me dejó, incluidas las de desapego, disciplina y auto-amor;

Que cada amanecer yo despierte con el alma renovada de esperanza y fuerza para construir un día realmente productivo;

Y que cada anochecer yo tenga la percepción de lo que puede ser mejorado, llevando en el alma la gratitud por lo pasado y la tranquilidad de haber hecho todo lo que he podido;

Que yo comprenda que en el próximo año y en todos los demás, yo no tengo que ser un súper-héroe. Lo que no logre hacer en este año, o en esta vida, Tú me ayudarás, Señor, a hacerlo en una próxima. Por tanto no necesito sufrir o ponerme ansiosa por no ser o no hacer todavía lo que me habría gustado;

Pero que yo tenga iniciativa y perseverancia para plantar. Y paciencia para aguardar el crecimiento de los frutos, sabiendo que la velocidad y la forma en que vendrán esos frutos corresponde a Dios decidirlo;

Que yo tenga prudencia y discernimiento para evaluar mi postura, mis elecciones y todo lo que me rodea… pero que recuerde que evaluar es muy diferente de condenar. Que jamás olvide yo que seré juzgada en la medida en que juzgare (Mateo 7:2);

Y si fuese necesario, que yo perdone a los demás, y a mí misma, más de una vez en cada uno de los 365 días del año. Señor, ya nos decías: Hay que perdonar 70 X 7 veces (Mateo 18:21);

Que yo lleve Tu Nombre a todos cuantos pasen por mi camino. Sin fanatismo, ni intentar convencer a quien quiera que fuese de Tu grandeza. Pues yo misma no siempre he sido convencida por las palabras, sino por mis propias experiencias. Y si hoy siento que Tu nombre emana Vida, Resurrección, Justicia, Compasión, Amor y Paz, lo que yo quiero en este año es poder compartir esos sentimientos con el mayor número de personas que me sea posible;

Pero que yo tenga siempre en mente que no soy la salvadora del mundo, ni de ninguno de los que están en torno a mí. Puedo ayudar a aquellos que amo a cargar con algunas piedras, pero no puedo caminar por ellos. Que yo deje, pues, atrás, junto con los viejos años y las viejas creencias, la sobrecarga de querer cumplir en las relaciones un papel que ni siquiera Dios cumple;

Que en el nuevo año yo entienda que nadie da lo que no tiene. Y que por tanto he de cuidar de mí antes de cuidar del otro, y que esto no es egoísmo;

Que yo tenga disposición para “hacer” dinero, cuidar mi salud, cultivar el Amor y todo cuanto necesito para alcanzar el equilibrio en todas las áreas de mi vida;

Hablando sobre la vida, que yo no desista de mis sueños ni en este ni en ningún otro año, aun los sueños más difíciles, incluso los que escribo aquí. Pues yo sé que fue Dios quien los puso en mi corazón y contigo aprendí que “lo que no es posible para el hombre, para Dios es siempre posible” (Lucas 18:27);

Y que en cada desafío o dificultad, yo también me acuerde de que Tú, Señor, has prometido que no nos dejarías huérfanos (Juan, 14:18). Y así como hasta ahora me traes en brazos desde el primer año de mi existencia en la Tierra, también lo harás en el año nuevo y en los venideros;

Que yo tenga también, Señor, sobriedad para asimilar con la misma serenidad tanto las victorias como las derrotas, comprendiendo que ambas forman parte del juego de la vida y aportan alguna enseñanza;

En este nuevo año, que yo no espere nada de nadie. No porque el otro no merezca mi confianza, sino porque yo sé que es demasiado pesado que alguien tenga que cargar con expectativas que me pertenecen a mí;

Y que yo también sea capaz de apear de mis hombros el peso de la necesidad de tener que agradar a otros. Que yo perciba que aquellos que me aman de verdad continuarán amándome tal como soy, respetando mi tiempo, mis decisiones y mis diferencias;

Y ya que hablamos de diferencias, Señor, que mi corazón comprenda que no porque el otro discorde de mí, de mi modo de ser o de mis pensamientos, tiene que convertirse en un desafecto;

Que, por cierto, en este nuevo año, tal como te sucedió a Ti en tu paso por la Tierra, yo no considere a nadie como enemigo. Que yo no golpee a nadie, aunque sea sin intención. Y si llego a recibir yo algún golpe, que entienda que no es nada personal. Pues aquel que hiere, casi siempre está dilacerado… el problema es de quien ataca, por tanto, no soy yo, sino él mismo;

Y que yo no me preocupe por justificarme ante nadie. Primero, porque las actitudes correctas no necesitan justificativa, y lo que yo quiero es acertar. Segundo, porque los que me apoyan no necesitan que yo me justifique. Y los que no comprenden, no van a creer en mis justificativas;

Que después de todo lo que he vivido en el año que terminó, yo asuma que soy luz y sombra;

Y de ahora en adelante sea más competente para hacer brillar mi luz, y más humilde para administrar mi sombra, recordando siempre que ni mi luz ni mi sombra me hacen mejor o peor que nadie;

Que aun estando lejos de ser una cristiana ejemplar (quizá no tenga siquiera una dimensión real de lo que representa ser un Cristiano), yo tenga al menos coherencia. Coherencia en esforzarme para seguir el derrotero que Tú nos dejaste, sin pedir a los demás aquello que yo todavía no hago. A fin de cuentas, lo que yo no quiero es terminar el año como aquel hipócrita, a quien comparaste con un sepulcro blanqueado (Mateo 23:27);

En fin… ¡Que cada día del nuevo año yo sea capaz de superarme a mí misma! Que más allá de alcanzar casa, coche, dinero, amor (y todas esas cosas que Tú sabes que también soy muy necesarias) yo consiga alcanzar principalmente la paz de espíritu… esa que sólo Tú, Señor, puedes dar (Juan 14:27).

Pues lo que yo más deseo, Señor, es que algún día, al final del nuevo año o de la suma de los nuevos años, yo pueda mirarte a los ojos y saber que he dado lo mejor de mí. O, quizá quién sabe, hasta Te haya sorprendido.


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