¿Por qué sufrimos?

¿Por qué sufrimos?

Autor Osvaldo Shimoda

Assunto STUM WORLD
Atualizado em 19/01/2011 15:31:28


Traducción de Teresa - [email protected]

Cuando el dolor de no estar viviendo puede más que el miedo al cambio, el ser humano tiende a cambiar.
Sigmund Freud


Friedrich Nietzche, filósofo alemán, decía: Lo que no mata, nos hace más fuertes.

Su tesis ha sido confirmada por un estudio de la Universidad de Buffalo, en los EUA, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology.
El investigador Mark Seery y su equipo acompañaron a 2398 norteamericanos entre 2001 y 2004 y llegaron a la siguiente conclusión: “Las personas que han pasado por acontecimientos adversos y traumáticos han tenido menos síntomas de estrés y han relatado más situaciones de bienestar que las que han pasado por menos dificultades”.

En ese estudio han sido evaluadas 37 categorías diferentes de traumas psicológicos o físicos, incluyendo muerte de un familiar, enfermedad o accidente, desastres naturales, divorcio o presenciar un acto de violencia. Además, en ese estudio, el investigador norteamericano concluyó también que hay cierta relación entre las malas experiencias y la resiliencia (término de la física que es la posibilidad que tiene un material de volver a la forma anterior después de sufrir presión o deformación).

Para la psicología, resiliencia es la capacidad de una persona para enfrentarse a situaciones adversas o dolorosas, y extraer algo positivo de tales experiencias. En otras palabras, es salir de una situación de crisis con más fortaleza y madurez.

Visto desde ese ángulo, el sufrimiento es un depurador del alma, del espíritu, propio de las vibraciones de dolor, miedo e ira inherentes a este planeta-escuela en que todos nosotros, los encarnados, vivimos. Pero ¿por qué sufrimos?

Sufrimos por nuestra inmadurez – al ser aún espíritus en evolución – pues arrastramos malas costumbres e imperfecciones, es decir, rasgos de personalidad y tendencias negativas provenientes de otras encarnaciones. Por tanto, sufrimos porque resistimos, porque somos reacios a cambiar esas tendencias negativas. Siendo así, el sufrimiento es inevitable frente a las vicisitudes de la vida.

Si aprendemos algo de ese sufrimiento extrayendo una lección, evolucionamos; en cambio, si no aprendemos absolutamente nada, podemos decir que el sufrimiento ha sido en vano.

En la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual (ser desencarnado, nuestro orientador, responsable por nuestro perfeccionamiento espiritual), abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí, al entrar en contacto con su mentor espiritual, es común que el paciente tome conciencia de que necesitaba pasar por determinadas experiencias de vida para su propio adelanto espiritual, y que en el astral se había puesto de acuerdo con su mentor espiritual en pasar por tales experiencias cuando se reencarnase en esta vida terrena.

Sin embargo, debido al velo del olvido (barrera de la memoria que se manifiesta en forma de amnesia y nos impide acceder a nuestros recuerdos pasados) el paciente no recuerda el pacto firmado. Por eso, ante las experiencias dolorosas de la vida, él tiende a entrar en el victimismo, creyéndose objeto de injusticia, muchas veces responsabilizando a personas, circunstancias o incluso a Dios por su infelicidad.

Caso Clínico:
Resistencia a asumir cargo de jefatura
Mujer de 30 años, soltera.


La paciente acudió a mi consultorio en crisis. Desde hacía un año asumía la jefatura en su trabajo y el estrés del cargo acabó por llevarla a una crisis existencial profunda, hasta el punto de querer esfumarse, huir, ya que la responsabilidad de la nueva función pesaba sobremanera a sus espaldas.
Para ella era un martirio bastante penoso el tener que ir a trabajar. Aparte del conflicto en el trabajo, otros motivos la llevaron a acudir a esta terapia:

-1) Se encontraba muy sola, quería comprender por qué no conseguía vincularse a un hombre y constituir una familia;
-2) No echaba raíces, pues su trabajo le obligaba a cambiar constantemente de ciudad;
-3) Además, deseaba conocer su verdadero propósito de vida… ¿Estaba o no cumpliendo su misión?
-4) ¿Cuál era el verdadero camino espiritual? No se encontraba en ninguna religión (había frecuentado el Catolicismo, el Kardecismo, la Umbanda, etc.)

Al hacer regresión, me relató:
- Veo una luz muy fuerte… muy bonita. Es como mirar al sol, pero no hace daño a la vista (la luz espiritual, a diferencia de la luz física, no molesta a la vista).
Yo miro para esa luz admirada, maravillada con su belleza. Me entibia por dentro, como si me diese energía. (Pausa).

¿Es posible que una luz tenga ojos? – Me pregunta la paciente.
- Sí, caso se trate de un ser espiritual – Contesté prontamente.

Me siento abrazada… La luz ahora toma la forma de un ser humano. Siento un brazo en torno a mí.
Aunque no lo oiga (ella estaba comunicándose con ese ser espiritual a través del pensamiento, intuitivamente), él me dice que está muy contento conmigo (la paciente me habla llorando).

- Pide a ese ser espiritual que se identifique.
Dice que es mi mentor espiritual. Es un chico joven, muy guapo. Siento que también él está emocionado con mi presencia. Él me da, me transmite, sentimientos de coraje, alegría, como si estuviese orgulloso de mí… Es una sensación muy intensa (habla llorando mucho).
Él es mi fortaleza… Me dice que sea paciente, que hay cosas que ocurren en mi vida y que todavía no comprendo, pero que todo tiene una razón de ser, que debo creer en eso y dar lo mejor de mí.
Estamos en una pradera, un campo abierto, tomados de la mano, caminando, como si fuésemos viejos amigos. (Pausa).
Se echó a reír, pues le dije que era muy joven para ser mi mentor espiritual. Pasa su mano cariñosamente por mi rostro, veo sus ojos y siento que él me quiere mucho. Me dice que no me sienta sola, que eso no es cierto, pues él está siempre conmigo, aunque yo no lo perciba. Dice que conseguiré sentirlo con el corazón (intuyendo), y que en estos momentos voy a poder advertir su abrazo. Por eso me ruega que siga a mi corazón (pausa). Me parece que ha llegado la hora de que él se marche… Revela que su nombre es Alecsander.

En la sesión siguiente la paciente me dijo: “Estoy en el mismo césped, en aquel campo abierto, voy con una túnica blanca y una corona de margaritas en la cabeza. Mi mentor espiritual me está esperando. Siento mi corazón dispararse porque me parecía que no iba a encontrarlo.
Estamos nuevamente tomados de la mano, caminando… Llegamos a un árbol antiguo, frondoso, cuyas raíces están expuestas. Nos sentamos al pie de él. Me fijo en que ese árbol es nuestro punto de encuentro. Él pasa la mano por mi cara y dice: - Criatura mía, siempre voy a estar a tu lado y tú vas a verme con el corazón. Debes mantenerlo puro para que podamos encontrarnos.”- Pregúntale dónde vais a encontraros – Pido a la paciente.

“Dice que en este mismo lugar, pero en mis sueños (es frecuente en esta terapia que el mentor espiritual del paciente se comunique con él en sueños). Pongo la cabeza en su regazo. Él me pide que permanezca calma, que serene mi corazón y deje marchar la tristeza. Dice que estoy pasando una prueba (la Tierra es realmente un planeta de pruebas y expiaciones), por eso yo lo he percibido mucho a mi lado esta semana (su mentor espiritual estaba probando su fe para que hiciese más profunda su creencia en la presencia de los seres invisibles).

Dice además que otra prueba que estoy pasando tiene que ver con mi trabajo. Dice que es preciso demostrar mi valor en el ambiente inhóspito donde trabajo. Compara mi situación a la de una flor que ha nacido en medio de las rocas.

Hay que traer la belleza, la armonía, mostrando a las personas que trabajan conmigo la importancia de cómo se debe tratar al ser humano. El fardo que noto se debe a estar en un ambiente de trabajo muy diferente de mi modo de ser. Son valores muy distintos a los míos, y por eso me siento agobiada. También por eso él está a mi lado dándome fuerzas para mantenerme firme en ese ambiente de trabajo. (Pausa)”.

- Pregunta cuál es tu verdadero camino espiritual.
“Dice que hay varios caminos, varias maneras de ver el plano invisible, pero que no voy a encontrar ese camino escrito en ningún lugar, en ninguna religión porque, en mi caso, eso no está preparado.
Por eso tendré que crear mi propio camino, mi propia creencia espiritual.
Me pide que no me deje afectar por ser una persona diferente, que piensa de distinta manera que los demás, pues afirma que esa es una diferencia buena. Dice que eso demuestra que yo valoro lo que se armoniza con mi corazón. No es lo que dice mi mente, sino lo que me dice el corazón”.

- Pregunta a tu mentor espiritual cuál es tu verdadero propósito de vida…
“Dice que es una pregunta que hago varias veces, que él ya ha oído eso. Afirma que he venido para enseñar a las personas un camino diferente, el que estoy haciendo en mi trabajo, y que para eso no necesito ninguna base científica, filosófica o espiritual, ya que lo estoy haciendo con el corazón, con mis sentimientos y actitudes, y asimismo con mi ejemplo (la paciente habla con voz dulce y cariñosa).
Me pide que mis sentimientos y actitudes estén siempre en sintonía para no caer en la hipocresía. He de tener cuidado además con la vanidad porque varias personas vendrán a elogiarme, a agradecer y a intentar desviarme de mi camino, mediante lisonjas y falsos elogios.
Entonces, aclara que la vanidad es algo que debe preocuparme porque es sutil, nos envuelve de manera seductora.”

- Hablando de envolverse, pregúntale si vas a envolverte con algún hombre y constituir una familia.
“Me pide que tenga paciencia, pues afirma que he elegido en el astral pasar por las pruebas yo sola en la encarnación actual, porque estar con otra persona me haría acomodarme. Él me recuerda que eso ya ha ocurrido hace tiempo con el último acompañante que tuve.
Por eso la relación afectiva ha sido excluida de mi vida, para que pudiese cumplir mejor mi misión, conforme a lo acordado en el astral.
El hecho de estar sola me posibilita que el amor que siento pueda ser distribuido a más personas. Me ruega que cumpla lo que está escrito, y que confíe en la Providencia. Reitera que no va a desampararme. Dice que mi misión es ser un punto de diferencia, una vía alternativa que suavice el camino a otras personas y les confiera dignidad. Insiste en decirme que eso no es poco, ya que soy una sembradora, o sea, planto semillas, como hacía Jesús.
He de mostrar a las personas un modo más humano de convivir, de tratar los errores y de perdonar. Yo muestro y doy ejemplo, pero la decisión de cambiar es de cada cual, según su libre albedrío.
Aclara que esa misión que tengo explica por qué cambio tanto de una ciudad para otra, pues el sembrador tiene que sembrar en todos los rincones y después, marcharse a otro lugar a fin de dar oportunidad a otras personas de conocer un camino diferente (pausa).
Le digo a mi mentor espiritual que muchas veces me siento decepcionada porque no consigo mostrar a las personas que el mejor camino para vivir es la tolerancia.
Él vuelve a afirmar que cada uno sigue su camino, que he de respetar el libre albedrío de cada cual.
Termina diciendo que siempre estará conmigo, que me dará fuerzas para continuar llevando a cabo mi trabajo. Me pide que esté en paz, que permanezca con Dios. Me besa en la frente… Ahora se marcha”.

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Shimoda
é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
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