Progresión de Memoria
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 05/12/2007 15:13:52
Traducción de Teresa - [email protected]
En el artículo anterior he escrito acerca de un nuevo abordaje de terapia, la Terapia Regresiva Evolutiva (T.R.E.) creada por mí, fruto de mis 22 años (desde 1985) trabajando con la T.V.P. (Terapia de Vidas Pasadas). La Terapia Regresiva Evolutiva trabaja los dos lados del paciente:
a) Bloqueos de su pasado, a través de la regresión de memoria;
b) Crecimiento personal y espiritual, a través del(la) mentor(a) espiritual del paciente, que lo orienta con relación a su vida personal y profesional, propiciándole la perspectiva de un nuevo camino y crecimiento personal y espiritual, e incluso hace previsiones correctas – siempre que cuente con permiso de la Plana Mayor (Espíritus Superiores) – sobre acontecimientos futuros de su vida, con mucha profundidad y sabiduría.
En este sentido, la T.R.E. trabaja no sólo con la regresión de memoria, sino además con la progresión de memoria (previsiones de acontecimientos futuros de la vida del paciente) – si el (la) mentor(a) espiritual así lo considerase necesario.
Al comienzo de mi trabajo en T.V.P., por ser todavía joven y sin experiencia, pensaba que si yo podía conducir a mis pacientes al pasado, haciéndoles entrar en regresión, obviamente podría entonces llevarles a su futuro, sirviéndome de la progresión de memoria. Fue lo que hice con una paciente. Después de hacerle regresar a sus vidas pasadas, en seguida la he llevado a su futuro, haciéndole ver cómo sería su vida dentro de 10 años.
La paciente me describió: “Estoy viéndome en una casa bastante confortable, espaciosa, su tamaño hace lo doble de la casa en que vivo actualmente.
¡Es muy bonita! Me veo con mi hijo que ahora se ha hecho un muchacho, con 18 años (pausa).
Pero no estoy viendo a mi marido...
¿¡Dónde está mi marido?! No lo veo en esa casa (pausa). ¡De pronto, la paciente empezó a llorar y a gritar desesperadamente!
Le pregunté qué estaba ocurriendo...
En llantos y sollozando, me dijo que había visto un flash de una imagen en la cual su marido había fallecido en un accidente de tráfico. Me dijo que ya no deseaba continuar con la progresión.
Pese a calmarla, salió de mi consulta todavía espantada con lo que había visto, y ya no quiso continuar con el tratamiento. El futuro le causó un choque demasiado fuerte. Todavía no estaba lo suficientemente madura para conocer acontecimientos futuros de su vida. Desde entonces he decidido que nunca más trabajaría con la progresión de memoria.
No obstante, años después de ese incidente, todo cambió en mi vida cuando una paciente, en una de las sesiones de regresión, me dijo: “Dr. Osvaldo, ellos me piden que le diga que van a ayudarle a conducir la sesión de regresión.”
Atónito, pregunté a la paciente: “Ellos ¿¡quiénes?!”
- Mi mentor espiritual y los amigos espirituales del Astral Superior – dijo la paciente.
A partir de ahí, he tomado conciencia de que yo era parte integrante de un equipo del Astral. He comprendido que el (la) mentor(a) espiritual del paciente era la persona más indicada, no sólo para “descortinar su velo del pasado”, como también – si fuese para su mejoría – revelar algo acerca de su futuro. El (la) mentor(a) espiritual del paciente le conoce mucho más que él mismo, ya que viene acompañándole en varias encarnaciones.
Al final de la sesión de regresión, es corriente que el (la) mentor (a) muestre al paciente acontecimientos futuros de su vida. He podido observar que el valor terapéutico de esas revelaciones es significativo, pues le ayuda mucho emocionalmente. El paciente sale de la terapia con otra idea respecto de sí mismo, de las personas y de la vida. Pasa a tomar decisiones de forma más segura y tranquila, y a elegir sus opciones de forma más ponderada y consciente, pues sabe lo que el futuro le reserva. Sin duda alguna, la experiencia de la progresión, propiciada por el (la) mentor(a) espiritual del paciente, le ayuda mucho a equilibrarse emocionalmente, y a tener mayor autoestima y confianza en su propia vida.
Caso Clínico:
¿Por qué los hombres se alejan de mí?
Mujer de 43 años, soltera.
La paciente acudió a mi consultorio a fin de comprender el motivo de que los hombres se alejen de ella. Ellos se mostraban bastante interesados al principio y, tras algunos encuentros, se alejaban de ella siempre con alguna disculpa.
Pensaba con frecuencia en suicidarse, tenía crisis de depresión constantes. Y en esas crisis, quería escuchar las canciones del cantante fallecido Elvis Presley. Lloraba mucho al escuchar sus canciones. También sentía pavor de envejecer y quedarse sola, e igualmente miedo de salir de casa. Se sentía en duda, insegura, somnolienta, difería al máximo el tener que salir de casa. Cuando tenía 17 años, al despertar, vio la forma de un hombre sentado en el sofá en frente de su cama observándola. La imagen se esfumó en seguida.
Al hacer regresión me relató:
“Veo la imagen de una chica despidiéndose de un soldado (pausa). Esa chica soy yo en una vida pasada. Yo iba a casarme con él, pero él no volvió. Es el día marcado para mi casamiento, lloro y grito porque mi novio ha muerto en la guerra.
Otras personas me sostienen, estoy descontrolada con la noticia.
Estoy vestida de novia, parecen los años ’40 (pausa). Me veo despidiéndome de mi novio en una estación de tren.
Él es delgado, alto, con uniforme militar de soldado, lleva mochila y kepis.
Los dos somos jóvenes, aparentamos sobre 23 años. Voy vestida con una falda de vuelo, poco más abajo de la rodilla, mis cabellos son cortos, llevo una blusita de manga corta, zapatitos cerrados. He recibido la noticia de la muerte de mi novio el día de la boda (pausa). Veo un ataúd lacrado y, sobre él, una bandera americana. Es un cementerio abierto, un campo.
Me abrazo a su caja y le digo que jamás tendré a nadie más, a ningún otro hombre (pausa).
Las personas ahora me alejan del ataúd. Un soldado toca una corneta – viste uniforme militar de gala negro, cinturón blanco, botones dorados y kepis. Yo llevo velo y voy toda de negro. Me siento abandonada, sola, desolada (la paciente llora intensamente).
Veo a una amiga que me abraza, me consuela, me dice que no me ponga así (pausa). Ahora los soldados se llevan el ataúd para enterrarlo. Retiran la bandera que tiene encima y me la dan. Bajan el féretro a la fosa con una cuerda.
Le digo que lo amo mucho, y que tan sólo estaré con él. La gente arroja flores al ataúd y yo una rosa roja (pausa).
¡Dr. Osvaldo, mi novio está aquí en el consultorio, en espíritu! Me dice que no le abandone (llora copiosamente). Me está tomando de la mano.
Lo veo con el uniforme militar de gala, exactamente como fue enterrado. Yo tampoco quiero dejarlo”.- Escucha lo que él tiene para decirte – pido a la paciente.
Dice que me ama mucho, que le parezco linda, que no quería haber muerto. Dice además que en las trincheras llevaba mi foto cerca de su corazón, en el bolsillo. Parece que cayó una bomba en la trinchera en que él estaba y lo mató.
Dice que siempre me ha acompañado y que le parece muy mal cuando un hombre se interesa por mí. Ejerce su influencia sobre mí en mi día-a-día, susurrando a mi oído que esos hombres no sirven para mí. Está de pie, a mi lado derecho, aquí en el consultorio. Yo lo veo. Es rubio, joven, y tiene unos dientes muy bonitos (pausa).
Dice que me ha localizado en la vida actual cuando en mi adolescencia yo estaba mirando una foto de Elvis (pausa)”.
- A ver que más tiene para decirte – digo a la paciente.
“Dice que permaneceremos siempre juntos. Veo ahora a una mujer a su lado, aquí en el consultorio. Es un ser de luz: me toma de la mano. Es mi mentora espiritual. Me dice que es hora de que él se vaya, pero él rehúsa marcharse. Ella insiste diciéndole que es necesario que vaya.
Él pasa su mano por mis cabellos, dice que me ama mucho, me da un beso en la frente. Está muy cansado, mi mentora lo ampara con mucho cariño y dedicación.
Ella se lo va a llevar, él me suelta la mano. Mi mentora se lo está llevando... Él lanza una última mirada hacia atrás. Ambos fluctúan en dirección a una luz blanca – igual a la de los rayos solares. Han entrado en esa luz blanca... Ya no les veo (la paciente llora copiosamente).”
En la sesión siguiente, la paciente me relata:
“Estoy viéndome de negro, de luto en mi casa – vivo con mis padres. Siento mucha tristeza; mi madre me insiste para que coma, pero no me apetece. Permanezco en mi habitación, mirando por la ventana, está nevando. Yo no salgo de casa, no tengo ganas. Me siento sola, triste (la paciente llora copiosamente). Es como si una parte de mí se hubiese muerto. Ya no hago nada, ya no salgo de casa, ya no tengo ganas de vivir. Mi amiga – aquella que me ha consolado en el entierro de mi novio – quiere que salga, pero no quiero. Mi madre se pone muy triste.”
- Avanza más adelante en esa escena, años más tarde – ruego a la paciente.
“Estoy débil, no me alimento debidamente, no me siento bien, mi cabeza está algo aturdida. He decidido salir de casa e ir a la iglesia. Es de noche, hace frío, está nevando. Voy andando por la acera, pido a Dios que yo pueda superar todo este sufrimiento.
Estoy atravesando la calle en dirección a la iglesia. Veo una luz fuerte que viene en dirección a mí, son los faros de un camión. Éste me atropella, lanzándome lejos. Todo ha sido muy rápido. Veo al conductor que baja del camión. Veo a mi madre gritando y llorando.
Viene una ambulancia, el enfermero me coloca en una camilla. Me llevan al hospital, intentan reanimarme, pero no lo consiguen. Mis padres llegan en seguida al hospital. Mi madre pasa su mano por mis cabellos, llorando mucho (pausa)”.
- Avanza más adelante en esa escena – pido a la paciente.
“Estoy en espíritu en un lugar donde hay una luz blanca. Me veo con bata blanca, tengo los cabellos rojizos, soy algo pecosa, tengo los ojos muy verdes. Estoy con mi mentora, sentada en un banco, algo encorvada. Ella está de pie, con la mano en mi hombro.
Mi mentora me dice que es necesario que yo reencarne porque he muerto muy pronto, y todavía no era mi hora. Le digo que quiero reencontrarlo, verle nuevamente. Le ruego que me diga dónde está...
Ella dice: “¡Hija, tienes que ir!”
La interpelo y le pregunto nuevamente: “¿Pero él no va a reencarnarse conmigo?” – Él no – dice mi mentora. Ella me explica que no sabe dónde está él.”
- Pregunta a tu mentora por qué los hombres se alejan de ti en la vida actual – pido a la paciente.
“Dice que es debido a que todavía me encuentro muy ligada a mi novio de esa vida pasada. Dice además que inconscientemente no quiero envolverme con ningún hombre, y que en realidad todavía espero por él, porque yo tenía muchas cosas que vivir con él en aquella vida pasada. Dice que merezco ser feliz, que permita que los hombres se me acerquen, porque en la vida actual él no va a poder estar junto a mí. Ella comprende que estamos sufriendo mucho, pero es necesario que nos desliguemos. Dice que nuestro amor es muy verdadero, pero solamente podremos estar juntos en otra encarnación.”
- Pregúntale si tu novio estaba realmente interfiriéndose en tus relaciones amorosas en la vida actual – pido a la paciente.
“Dice que sí, pero que yo también he realimentado esa interferencia por no haber aceptado la muerte de él. Me dice que yo incluso intento amar a otros hombres, pero que acabo por alejarlos.”
- Pregunta a tu mentora el por qué de ese miedo a salir de casa, del sueño, de la inseguridad – pido a la paciente.
“Dice que yo reproduzco en la vida actual las mismas sensaciones de sueño, pocas ganas de vivir, de salir de casa, que tenía tras la muerte de mi novio en esa vida pasada. Hoy, inconscientemente, como sé que ya no voy a verlo, no me apetece salir de casa. Como he quedado sola en la vida pasada, en la presente llevo conmigo el mismo miedo de quedarme sola. Dice que yo no voy a estar sola como en aquella vida pasada. Que muy pronto conoceré a un hombre que habrá de amarme mucho, y que tal vez ya no tenga un hijo debido a mi edad (43 años) y también a que padezco endometriosis (inflamación de la mucosa uterina). Pero que ese hombre se hará cargo de todo eso. Y que seré feliz con él.
Dice además que no me preocupe, que deje esa inseguridad de creer que voy a perder mi empleo. Dice que mi jefe me respeta mucho, no sólo por mi competencia profesional, sino como ser humano que soy. Esclarece que mi novio de la vida pasada está en tratamiento en el Astral Superior; él va a comprender muchas cosas relativas a su pasado, y dentro de un mes se encontrará bastante mejor, y me contemplará de otra manera.
Me hace también una recomendación para que no ande comentando con la gente acerca de lo que he visto en la regresión, porque no todos tienen la mente abierta para comprender, y desea verme feliz. Me ha dicho que ore siempre a Dios, que todo saldrá bien. Da las gracias a usted (refiriéndose a mí) por haber conseguido ayudar a mi novio. Dice que él ha encontrado su camino, pues estaba muy perdido y no sabía que estaba “muerto”, en espíritu.
Aclara que en la vida actual mi idea constante de suicidarme se debía a mi deseo de estar con él, y que él me llamaba también.
Dice que mi tristeza llegará a disminuir y tendré más amor por la vida. Mi energía va a mejorar, y esto me atraerá más felicidad. Dice además que necesito hacer algo que me calme más, alguna práctica oriental que cuide más mi espíritu, porque muchas personas solamente cuidan el cuerpo físico y se olvidan de cuidar el alma, el espíritu. Esa práctica me aportará paz interior y disminuirá mi ansiedad. Me recomienda escuchar más a mi corazón pues así conoceré el momento adecuado para las cosas. Ahora se va en dirección a una luz blanca.”
Tras pasar por otras cuatro sesiones de regresión, la paciente ya no pensaba en suicidarse, las crisis de depresión habían desaparecido, pues se encontraba más esperanzada. También salía más de casa, sin inseguridad o miedo. Me dijo que pensaba en su novio de la vida pasada con cariño, pero sin añoranza o tristeza, pues sabía que él estaba bien.








in memoriam