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Psicoterapia Breve: Un Abordaje Ecléctico


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

(Psicoterapia breve sin escuela)

1. Introducción y presentación de objetivos
Mi evaluación, al hacer una retrospectiva de lo que ha ocurrido con la psicología y, en particular, con la psicoanálisis, a lo largo del siglo XX, es que las tres primeras décadas pueden ser consideradas como las de los “años dorados”. Los extraordinarios avances representados por el psicoanálisis jamás deberían ser subestimados incluso por aquellos que, como yo, siempre han tenido muchas dudas acerca del rigor y veracidad de sus conclusiones. A las geniales contribuciones de Freud se añadieron otras varias de sus “discípulos” mejor dotados y que, tal vez por eso, se convirtieron en disidentes – la ciega obediencia difícilmente puede convivir con un espíritu creativo e innovador. Jung, Adler, Ferenczi, Rank, están entre los muchos que han formado parte de esa época envidiable, cuando intercambiaban experiencias entre sí, y los dogmas aún no existían, cuando se estaba en la “oposición” y no en el “gobierno” y todos – aún jóvenes en su mayoría –, eran amigos y analistas unos de otros.

Al mismo tiempo, en Rusia, y no en Austria y sus alrededores, los estudios de fisiología animal conducidos por Pavlov introducían interesantísimos elementos al proceso de aprendizaje, los denominados reflejos condicionados. Tales reflejos, una vez establecidos, eran difíciles de deshacer y, en la práctica, actuaban como los reflejos incondicionados, aquellos con que nacemos y nos protegen contra animales peligrosos, la oscuridad, ruidos fuertes, entre otros. Las reacciones neurofisiológicas relacionadas con la lucha y la fuga, esencia de los procesos orgánicos relacionados con el estrés, también han sido establecidas sobre esa época.

A partir de los años 30 el psicoanálisis pasó a tener creciente credibilidad y las sociedades psicoanalíticas se han extendido por casi todas las partes del mundo. El así denominado “movimiento psicoanalítico” fue siendo, cada vez más, conducido por discípulos y no por Freud personalmente. Las formas de capacitación de nuevos profesionales y las técnicas de trabajo han sido estandarizadas de forma cada vez más consistente, en especial tras la muerte del fundador (1939) y sobre todo en Inglaterra, para donde había migrado el centro de poder del “movimiento”. Surgieron, de modo más evidente, las disputas por el poder. Todos querían suceder al maestro, incluso su hija Ana y Melanie Klein. No tiene interés describir detalles tan “humanos”, observados entre aquellos que se proponían ser personas más equilibradas y bien “analizadas”.

No es el caso aquí de profundizar en la descripción de lo que ocurre cuando una doctrina se transforma en una institución y lo que eso pueda significar para el avance o retroceso de una ciencia. De forma genérica, pienso que el proceso pasa a ser gobernado por las reglas habituales en las instituciones, cualquiera que sea la doctrina implicada. El hecho es que así ha sido como el psicoanálisis se estableció y diseminó, generando núcleos autoritarios en todos los continentes. Encontró gran oposición en Francia, tal vez en virtud de las históricas rivalidades europeas. Como suele suceder en otros sectores de la actividad humana, está claro que en todas partes se constituyeron grupos críticos, defendiendo puntos de vista antagónicos a los del psicoanálisis, o sea, que lo esencial para la comprensión de nuestra condición tendría que buscarse en los meandros de nuestro cerebro, en la química y en los mecanismos recién descubiertos relativos a los reflejos condicionados. Entre esos opositores, el más radical y vibrante tal vez haya sido Eisenck, profesor en la Universidad de Londres, que hacía guerra abierta a la “sede central” del psicoanálisis, localizada a pocas manzanas de distancia de su sala.

Otros autores actuaban en el desarrollo de procedimientos relativos a los mecanismos reflejos, de modo que empezaron a brotar aquí y allá trabajos mostrando la utilidad de propuestas terapéuticas derivadas de esa matriz. Surgieron, en los EUA, los textos de Skinner, proponiendo técnicas específicas para el tratamiento de niños deficientes y también para otras condiciones. Autores de formación médica, especialmente Wolpe y Lazarus, desarrollaron los primeros tipos de terapias conductistas para su aplicación en casos de fobias. Otros autores también se dedicaron a esta tarea, especialmente en Londres a partir de los años 60.

Francia pasó a interesarse por el psicoanálisis cuando se hicieron conocidos los trabajos de Lacan, una especie de reescritura de los textos originales de Freud, en una visión tal vez al mismo tiempo revolucionaria y adaptada al modo de pensar de los franceses. De todos modos, para el psicoanálisis de linaje inglesa, que venía experimentando al mismo tiempo gran reconocimiento internacional y severo proceso de cristalización – entendido como empobrecimiento de sus posibilidades de renovación y pérdida total de creatividad –, la entrada en escena de Lacan y de las sociedades que se constituyeron en su nombre significó una grave escisión interna y polarización de posiciones en el seno del “movimiento”. Además de una vertiente “Junguiana”, siempre presente, pero poco influyente, estaban ahora los “Lacanianos”, que se oponían a los tradicionales psicoanalistas de la escuela freudiana inglesa.

Entre los conductistas, también había divisiones: los discípulos de Skinner eran los más radicales y negaban cualquier utilidad a algo que no fuese los trabajos de condicionamiento operante. Los de mente un poco más abierta aceptaban los empeños de tratar a personas mediante procedimientos de desensibilización sistemática e incluso técnicas más radicales tipo “implosión” – exposición de un fóbico, por ejemplo, a la más adversa condición para buscar un resultado más rápido – que habían sido utilizadas con algún éxito por el grupo del Maudsley Hospital de Londres bajo la jefatura de I. M. Marks.
Surgió, también en los EUA, el término “terapia cognitiva”, acuñado por A. Beck y también desarrollado por A. Ellis, que aplicaba tratamientos que envolvían contactos verbales de carácter no dinámico, o sea, conversaciones que pretendían entender las equivocaciones cometidas durante el proceso de comprensión de una determinada situación generadora de síntomas, y buscar fórmulas terapéuticas, muchas veces semejantes a las desarrolladas por los conductistas. De la reunión de ellas, surgieron las terapias cognitivo-conductistas, hoy tan bien aceptadas.De entre los psicoanalistas que, antes de la segunda guerra mundial, migraron a los EUA, cabe registro especial para Franz Alexander. Trabajando en casos de medicina psicosomática, intentó adecuar los conocimientos psico-dinámicos establecidos por el psicoanálisis a formas de tratamiento más adaptadas a la cultura norteamericana. El sentido práctico y las cuestiones incluso de carácter material propios de ese pueblo, para el cual los resultados cuentan más que las doctrinas – también porque no solían ser grandes productores de teorías – crearon las condiciones óptimas para el surgimiento de las primeras reflexiones efectivas acerca de la necesidad de revisión de la técnica psicoanalítica, en el sentido de tornarla más adecuada a la práctica médica. Surgieron, a lo largo de los años 50, los trabajos iniciales de psicoterapia analítica breve sistematizados en el libro, escrito por Alexander juntamente con T. French, titulado Terapéutica Psicoanalítica, marco básico para el advenimiento de las técnicas psicoterapéuticas hoy más usadas en todo el mundo. Otto Rank, que también había emigrado y se preparaba para vivir una nueva etapa, tal vez la más productiva de su vida, incluso con interferencia en cuestiones técnicas, murió prematuramente luego después de la guerra.

No se puede dejar de registrar que en la Inglaterra de posguerra también aparecieron importantes contribuciones que influenciaron la manera de pensar de muchos psicoterapeutas en todo el mundo.
Tal vez el más influyente, juntamente con Winnicott, haya sido Bowby, que trató particularmente de los vínculos, de los lazos que unen los niños a sus madres y de cómo pueden influir en el modo de vivenciar las relaciones en fases posteriores de la vida.
Lo trágico es que los profesionales más ortodoxos y radicales, defensores de cada una de esas doctrinas, están tan seguros de que se encuentran en posesión de la verdad absoluta, que ni siquiera se dan al trabajo de leer lo que piensan sus colegas pertenecientes a otros grupos. Es más, la simple existencia de tales grupos ya es dramática, pues no es así como se hace ciencia. La ciencia depende de la observación de hechos, de resultados. La ciencia depende de debates, de confrontación entre puntos de vista y resultados, y no de la formación de “escuelas” que se aíslan y no quieren contacto con los oponentes. No existe teoría física que se sostenga si los hechos no la comprueban. ¡Pero en la psicología eso sucede!

Aún hoy existen, y son mayoría, los defensores de este o de aquel grupo teórico. No obstante, en la práctica, todos han tenido la necesidad de trabajar de forma más homogénea. Hoy vivimos divergencias teóricas enormes, y prácticas terapéuticas más afinadas. La gran mayoría de los terapeutas no han tenido resultados brillantes y la consecuencia de eso ha sido el fuerte declive de la búsqueda de psicoterapias y la disminución del respeto por los profesionales que las practican. Han surgido medicamentos nuevos, razonablemente eficientes, y son muchos los que prefieren someterse a tratamientos farmacológicos en vez de a psicoterapias. Otros prefieren técnicas de relajación, Yoga o prácticas de meditación. Otros aún, se adhieren a algunos de los innumerables tipos de charlatanerías que siempre se renuevan. Muchos prefieren leer libros que parecen darles la fórmula de la salvación.

Los profesionales que trabajan con mejores resultados son aquellos que tienen una visión más global, más amplia de las cuestiones humanas, además de sentirse menos comprometidos con cualquier tipo específico de teoría psicológica o técnica psicoterapéutica. Claro que todos tenemos nuestras preferencias, pero lo que se sigue, y constituye la base de lo que hoy se denomina psicoterapia breve sin escuela, tiene por finalidad el bienestar del paciente. Se trata de un trabajo personalizado, en el cual se busca esencialmente una forma de encaminar y, si posible, solucionar los dilemas y dramas de una determinada persona. No se trata de defender esta o aquella teoría o técnica terapéutica. Se trata de ayudar al individuo que ha acudido a nosotros, a salir del malestar en que está hundido.
Continuará...


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flavio
Flávio Gikovate é um eterno amigo e colaborador do STUM.
Foi médico psicoterapeuta, pioneiro da terapia sexual no Brasil.
Conheça o Instituto de Psicoterapia de São Paulo.
Faleceu em 13 de outubro de 2016, aos 73 anos em SP.
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